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La crisis de lácteos  

Por Federico Muller

Hace 4 años

La frontera entre la demografía y la economía es difusa y flexible, las dos disciplinas frecuentemente están asociadas. Ambas estudian el comportamiento social, pero desde perspectivas diferentes. No obstante, se complementan, o mejor dicho, se fusionan, a tal grado que es difícil identificar cuál influye causalmente en la otra; la población en la economía o viceversa. De ahí la relevancia de considerarlas en la formulación de políticas públicas y en estudios de mercado de las empresas y comercios.

En cualquier sociedad con una pirámide poblacional de base amplia, el grupo de entre 0 y 4 años de edad es mayor que el resto de los conjuntos etarios, quiere decir que predomina la población infantil sobre la adulta y se considera un país de gente joven con expectativas y demandas sentidas en servicios médicos, educación, empleo, vivienda, etcétera, que deben ser atendidas por el Gobierno. En cambio, un país con una pirámide demográfica invertida refleja el caso opuesto, en donde la gente adulta y adulta mayor es superior a la de jóvenes y niños. El envejecimiento paulatino requiere otro tipo de programas gubernamentales y, obviamente, genera desafíos en los sistemas de salud y pensiones, entre otros.

Ante este par de ejemplos, que podrían estar representados por una nación africana y otra de Europa central, conviene preguntarse qué papel juega la economía en el comportamiento poblacional, ¿qué hace que las parejas o matrimonios desistan de tener hijos, o por otra parte, el acelerado crecimiento de las actividades productivas e incrementos en los ingresos personales propicia familias numerosas? ¿O, por el contrario, son otros factores ajenos al aspecto económico los que prevalecen y determinan esas conductas demográficas?

El caso que se comenta en este artículo es sobre la economía estadunidense, la cual, en una de sus ramas, la de lácteos, recientemente experimentó desabasto de leche para bebé: los inventarios de los supermercados quedaron agotados, sin sustitutos de la leche materna a merced de la buena voluntad de los proveedores, noticia que durante algunos días se divulgó en los canales televisivos y también apareció en los titulares de los periódicos especializados en economía y finanzas del mundo desarrollado. Para ello, primero se abordará en forma sucinta las características demográficas de ese país, luego las del mercado de lácteos y finalmente el papel del Gobierno estadounidense ante la crisis de provisión.

Estados Unidos es la tercera economía más poblada de la tierra, solo por debajo de China e India. En 2020, sus habitantes tenían una esperanza de vida al nacer de 77.35 años; por género: mujeres 80.2 años y hombres, 74.5 años, que sobrepasan la que se tuvo en promedio en 1960, de 69.85 años. En 60 años, el crecimiento económico ha influido, al menos, en prolongar la expectativa de vida de los estadunidenses en 7.5 años. Por otro lado, en consonancia con el indicador anterior, la tasa de mortalidad ha disminuido, pasando de 9.5 muertes en 1960, a 8.7 muertes en 2019, ambas tasas por cada mil habitantes.

Sin embargo, la prolongación de los años de vida y la caída de los fallecimientos, sinónimo de mayor bienestar, paradójicamente no han despertado el interés de aumentar el índice de fecundidad (IF), ni la tasa de nacimientos (TN). El numero promedio de hijos por mujer (IF), fue de 3.65 en 1960, y para ese mismo año la TN alcanzó 23.7 nacimientos; en 2020, el IF bajó a 1.64 hijos por mujer y la TN descendió a 10.9 nacimientos por cada mil habitantes. El decremento paulatino en el IF y TN estadunidenses ha sido el factor que puede explicar por qué el mercado de lácteos para bebé no ha incorporado nuevos competidores: tres empresas han configurado un oligopolio que ha prevalecido por varias décadas; una de ellas incluso controla más de 40% de la producción, lo que eleva todavía más la concentración.

El interés de los empresarios por expandir ese mercado se ve coartado al reducirse el número de niños. El oligopolio conlleva varios riesgos para los consumidores finales, entre los que se pueden citar: fijación del precio del producto (leche) por arriba del de libre competencia de mercado; reducción de la producción para presionar aumentos de precios; y colusión (acuerdos) entre los oligopolistas en la definición de políticas que favorezcan sus intereses utilitarios. Por eso no fue sorpresa que al cerrar temporalmente una de las líneas de producción de la empresa que produce más lácteos, se presentara una debacle entre las amas de casa y mujeres con hijos en edad lactante por escasez de productos. El Gobierno, a través de la agencia encargada de la regulación de alimentos y medicamentos (FDA), es en parte responsable de la situación que priva en ese mercado, pues las barreras sanitarias que impone son difíciles de franquear por potenciales competidores.

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