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Coahuila

Unidos por la paz

Por Cholyn Garza

Hace 4 años

La mañanera del presidente López Obrador desde su inicio se ha caracterizado por ser un espacio donde se habla mucho y no se dice nada.  Al menos nada realmente interesante y productivo para la Nación.

Amo a mi país, a mi México querido al que cada día que pasa lo veo más vulnerable, en poder de una delincuencia que crece y se multiplica de manera alarmante.

Y sin querer queriendo, como diría el personaje de una serie de entretenimiento, vienen a mi mente gratos momentos de vacaciones inolvidables, donde se podía transitar por las carreteras del país, recorrer sus pueblos, sus ciudades y disfrutar con tranquilidad las bellezas naturales, la exquisitez de la variedad de alimentos y ese colorido en el vestuario que portan las mujeres en ciudades donde la cultura se anuncia y se preserva en todo su esplendor.

Ir “puebleando” o “ranchando” era un verdadero deleite. Y en cada lugar, la visita a una iglesia.

Hoy, los tiempos han cambiado.  Realizar un recorrido por ciertos lugares es correr un riesgo que no se desea, por lo tanto, no hay que exponerse.

En lo personal me causa tristeza lo que está ocurriendo en nuestro México. No se vale que la situación de violencia se haya minimizado en el gobierno al grado de ir cediendo el control de territorio a la delincuencia muy bien organizada.

La violencia está a todo lo que da y no me refiero solo a la que se produce a través de las armas, sino también, la violencia verbal.  Esa es la que ha estado haciendo mucho daño entre los ciudadanos.

El daño se hizo, hay que decirlo, desde la campaña para la presidencia de la república.  No hubo propuestas por el candidato ganador, hubo mentiras, engaños, frases injuriosas que animaban a la destrucción.  Hubo quien le creyó, muy su gusto o su derecho.  

El voto es personal, libre y secreto y se respetó la decisión del electorado por un INE al que hoy se pretende destruir.  Cuatro años han transcurrido y el país va en retroceso con un gobierno que dijo acabar con la corrupción y ha dejado mucho que desear. 

Las mañaneras solo han servido para distraer la atención de lo importante. Han exhibido a políticos de la oposición, sin ofrecer pruebas que lleven a encerrarlos.  Todos los señalamientos que han hecho corresponden a una operación mediática y nada más.  Ofensiva política desde Palacio en contra de la oposición, que no es lo mismo pertenecer a diferente grupo político, que ser señalados como enemigos y menos aún, como traidores a la Patria.  

Es verdaderamente lamentable lo que ocurre en nuestro México.  La inseguridad se ha convertido en una verdadera amenaza, pero lo que más duele es que los niños estén viviendo atemorizados, escuchando balaceras, recibiendo indicaciones de qué hacer en caso de que en su escuela o cerca de su lugar de estudios haya enfrentamientos.

En estos cuatro años de gobierno nefasto solo hemos observado a un individuo que llegó al poder con grandes resentimientos, provocador, sembrador de odio entre un pueblo noble y sediento de justicia. Ese pueblo que hoy se siente ofendido y dolido ante la agresión a dos sacerdotes del grupo de los Jesuitas que realizaban su labor pastoral en la Sierra Tarahumara.

Dos nobles sacerdotes que murieron junto con un guía de turistas a quien trataron de proteger. Nuestra iglesia ha sido ofendida, por lo tanto, se ha ofendido a Dios al derramar la sangre inocente.    

¡Por Dios! Eso no podemos aceptarlo.  Inaceptable que quien gobierna se haya atrevido a calificar de “hipócritas” a nuestros sacerdotes en vez de solidarizarse con el dolor que hoy embarga a la comunidad católica.  Nadie puede callar ni dejar de repudiar lo ocurrido en la Tarahumara y en cualquier parte del país.

Por ello, ante toda la ola de violencia extrema donde todos estamos en grave riesgo, la Conferencia del Episcopado convoca a una Jornada de Oración por la Paz.  Orar con mucha fe por la justicia para poder recuperar la paz que nuestro país tanto necesita.

Es tiempo de unidad de los mexicanos, no de hacer politiquería.  Es tiempo de empezar a recuperar la paz en los hogares, en la sociedad, en nuestro interior.  México nos necesita unidos y así deberemos permanecer.  ¡Ya basta de divisiones!

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