Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Cristiano Ronaldo alcanza los 985 goles con un triplete ante el Al Kholood Patrick Stewart e Ian McKellen: El ‘bromance’ que conquistó Hollywood España busca respuestas sobre segunda grave tragedia ferroviaria de este 2026 Exfiscal Guillermo Zuany, coacusado por operativo con la CIA en Chihuahua, frena orden de captura Muere vocalista de El Bronco y su Banda tras incendio en fábrica de solventes

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

Inspiración y ejemplo

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 4 años

La columna pasada esbocé ligeramente en este espacio como fue que gracias a Dios y las correspondientes “Diosidencias” y “causalidades” (que tienen una causa o razón de ser) pude atravesar a caballo nuestro país desde Estados Unidos a Guatemala.

Como asenté la semana pasada, tenía desde niño el sueño de recorrer grandes distancias de miles de kilómetros a caballo, pero deseaba hacerlo rápido, galopando, con los caballos corriendo raudos y veloces como lo hicieran los intrépidos jinetes del Pony Express.

La primera oportunidad que tuve de hacer algo parecido, fue en 2001, cuando el entonces Gobernador de Coahuila, Enrique Martínez y Martínez, tuvo la idea de hacer la trascendente y ejemplar cabalgata de los tres estados junto con sus homólogos de Nuevo León y Tamaulipas.

Algunos aspectos de aquella travesía, que en mi caso fue inspiracional para el desarrollo personal, y para muchos cabalgantes, sirvió de ejemplo para crear sus propias cabalgatas en sus municipios de origen.

La cabalgata llamada Tres Estados Hermanos Unidos en Nuestras Tradiciones, inició en Hidalgo, Coahuila, el sábado 21 de abril del referido año, y después de atravesar Nuevo León y pernoctar en el ejido La Cruz de Tamaulipas, alrededor de 6 mil cabalgantes llegamos el domingo al destino en Nuevo Laredo, después de recorrer los 54 kilómetros de cabalgata. ¿Qué sucedió en el camino? Simple y sencillamente magia pura.

Para ese momento de mi vida, afortunadamente yo ya había vivido muchas experiencias y aventuras, viajes alrededor del mundo, deportes extremos, había convivido con mis compañeros del futbol americano, de la charrería, del rodeo, de la fiesta brava, en fin muchas y diversas actividades interesantes e intensas, pero lo que viví esos dos días montando a caballo marcaron mi vida para siempre. Cuando viajábamos, junto con mis compañeros de rodeo, éramos unos seis o siete jinetes; en la charrería podríamos llegar a ser unos 13 o 14, en el toreo unos siete u ocho; lo más extenso en número de integrantes lo fue el equipo de americano de la Narro, que podríamos llegar a ser alrededor de 45 y llenar completo un autobús de pasajeros.

En esa cabalgata de los tres estados no éramos decenas de compañeros ni centenas, éramos miles de personas viajando juntas, la gran mayoría totalmente desconocidas entre sí, pero que inmediatamente nos identificábamos y nos hermanábamos, como no me canso de repetirlo, por amor al caballo.

La fila de cabalgantes era interminable, yo iba casi en la punta y al mirar para atrás no se alcanzaba a divisar el final de la columna; fue una proeza de logística el traslado de miles de humanos y equinos en perfecto orden y sincronía.

Durante el día, en el trayecto de la cabalgata no había oportunidad de conocer a muchas personas, pues no se permitía romper filas dentro de la columna, y solo conversabas con los cinco o seis cabalgantes a tu alrededor, pero la noche fue mágica.

Imagínese lector, a miles de personas acampando en el mismo sitio, con su propia música, preparando su comida, carne asada, puerco a las brasas, cabrito y borrego al pastor e ingiriendo cerveza y tequila al por mayor, pura gente bragada, rancheros y ganaderos rudos, gente de campo curtida y brava, pero todos con una actitud más que de compañerismo, de hermandad, mucho alcohol y ninguna pelea o discusión.

Todos contentos, todos dispuestos a conocer nuevos amigos, por donde pasabas te invitaban un taco o una cerveza, te preguntaban tu origen y te daban un apretón de manos y un abrazo, una amistad fraternal sincera y automática, y así sucedió toda la noche y lo mismo al día siguiente.

¿Cuál era la diferencia con las reuniones masivas de las actividades citadas líneas arriba? Que en este caso todos los ahí reunidos no íbamos a competir, estábamos reunidos para convivir.

La magia de la convocatoria de Martínez y Martínez, fue que logró reunir a miles de personas con diferentes circunstancias de vida, pero sin marcar distingo de diferencias sociales o económicas, afines entre sí, con ideales e idiosincrasias parecidas, pero todas con un sueño común: participar en esa aventura de reunirse con miles de caballos y jinetes, y juntos atravesar los tres estados del noreste de México, llevando a cabo un acto social, cultural, político, deportivo y tradicional.

Yo disfruté intensamente cada segundo del trayecto, como la mayoría de los ahí reunidos, nunca había cabalgado durante tanto tiempo ni junto a tanta gente y caballada; me imaginaba las travesías de Alejandro Magno, de las legiones romanas, de Napoleón Bonaparte, y aparte del romanticismo imbuido por sus gestas –aunque no concuerdo con la guerra– me preguntaba cómo después de trasladarse larguísimas distancias, todavía tuvieran los soldados ánimo y energía para combatir. Supongo que también era un sueño común acicateado por la ambición y la gloria del imperio.

Esa cabalgata de los tres estados me hizo desear aún más lograr mi sueño de mi cabalgata a galope, y el ver a tantos jinetes reunidos me permitió creer que yo podría ser capaz algún día de motivar al número suficiente de cabalgantes para que compartieran mi sueño y juntos poder lograrlo.

La semana que entra les platicaré como todo esto se fue concretando gracias a Dios y a mis hermanos cabalgantes.

Notas Relacionadas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 4 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 4 horas

Contratará IMSS a 150 médicos especialistas para Coahuila

Hace 10 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 4 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 4 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 11 horas

Confirmado y amarrado