Coahuila
Hace 4 años
Este lunes 18 de julio, vaya día y fecha, se conmemora el aniversario número 150 del fallecimiento del estadista Benito Pablo Juárez García. Estamos conscientes de que, en estos tiempos, salvo para quienes nos dedicamos a la historia, la fecha ha perdido relevancia. Para varios resulta complicado entender lo que representó, y simboliza, la figura del estadista oaxaqueño en la salvaguarda y construcción de la patria y el estado mexicano. Pero en esta ocasión no vamos a discutir los merito innegables que tienen las acciones realizadas por Juárez, nos ocuparemos de dar un recorrido para revisar como se presentó en los diarios de la época su fallecimiento. Es interesante conocer la actitud adoptada tanto por aquellos que simpatizaban con él, así como la de sus adversarios. Partamos a ese recorrido.
En la primera columna de la primera plana de “El Siglo XIX,” un diario que durante los últimos tiempos no había tenido opiniones muy favorables hacia el estadista Juárez, se leía en el titular: “El Licenciado Benito Juárez, Presidente de la República.” Acto seguido, en la nota, se apuntaba que “Anoche a las once y media falleció el primer magistrado de la república, a consecuencia de un tercer ataque de la enfermedad que venia padeciendo desde hace algunos años.” Aquí cabe recordar que, al morir, Juárez contaba con sesenta y seis años una edad que, para entonces, era avanzada, todo lo contrario de ahora en que se estima es simplemente una etapa madura, la flor de la vida. La causa que ocasionó su muerte fue “la angina de pecho” que no es otra cosa que la obstrucción de las arterias coronarias, algo que en nuestros días se soluciona, con un diagnóstico temprano, colocando uno, o varios, “stents,” cambiando tanto hábitos alimenticios como estilo de vida, y tomando sus medicamentos. Conocemos a varios que andan por ahí circulando bajo estas circunstancias, pero este es el siglo XXI, entonces era el XIX. Dejemos disgregaciones médicas y volvamos a la nota de aquel diario.
Se mencionaba que “el ciudadano cuyo nombre hace apenas veinticuatro horas apenas, significaba nada menos que un partido político, rudamente combatido por adversarios poderosos, hoy no es mas que un yerto cadáver, ante el cual surgen los mas graves pensamientos sobre lo fugitivo de la vida humana, sobre la inestabilidad de sus grandezas, y sobre el misterioso destino de algunos hombres…. La personalidad política del C. Juárez pertenece de hoy más a la historia, cuyo buril inflexible y severo le asignará el lugar que de derecho le corresponde, siendo incuestionable que su recuerdo vivirá siempre en México por hallarse ligado con dos de las épocas mas importantes de nuestra vida pública.” Totalmente acertado el pronostico que, debemos reconocerlo, era doblemente meritorio.
Los redactores de la nota, José María Vigil, Julio Zarate, Emilio Velasco, Jesús Castaneda, Agustín R. González y Pedro Landázuri, escribían: “Nosotros, que combatimos lealmente el último periodo de su administración por los errores que, en nuestro concepto, se cometieron, jamás desconocimos los grandes servicios que el C. Juárez prestó a la causa de la democracia y la independencia, viendo siempre en él uno de esos caracteres privilegiados, de un temple enérgico para luchar y sobreponerse a las situaciones mas difíciles.” Hasta los adversarios le mostraban su reconocimiento, algo que no escatimaban sus partidarios.
En la página principal del “Periódico Oficial del Estado de Hidalgo,” publicado el 20 de julio, en el encabezado del editorial, firmado por M. Guerrero, se leía: “Lic. Benito Juárez.” Posteriormente, tras de dar a conocer el fallecimiento, se leía: “Los hombres que trabajan y sufren, los verdaderos patriotas y liberales de corazón han perdido a su padre. El país ha perdido al genio que ha organizado entre los mexicanos la libertad civil y religiosa, la instrucción pública, el ejército, en fin, la administración nacional, basándola en la ley, en la moralidad y la justicia. México ha perdido al ilustre patriota que, sin desmayar en los momentos de mayor angustia para sus conciudadanos, ha sabido sostener con dignidad la independencia mexicana, obligando a las testas coronadas coligadas contra nuestra nacionalidad a que respeten a México como nación soberana e independiente.” Vayamos a las paginas de un diario opositor a Juárez.
En su edición del dia 20 de julio, “El Monitor Republicano” en un escrito, titulado “Reflexiones del Momento,” emanado de la pluma del editor del diario, Vicente García Torres bajo el seudónimo de Tancredo, reconoció que “la muerte del magistrado supremo ha llenado de pena a la mayor parte de los habitantes del país, que saben agradecer los servicios que ha prestado. Otros, que ambicionaban el puesto y procuraban llegar a él por el trastorno y la fuerza de las armas, deben estar contentos, pero no porque tan lamentable suceso crea que colman sus deseos, sino porque con él tiene n la facilidad de deponer la actitud hostil, pero impotente en que se han colocado, puesto que sus esfuerzos serían en lo sucesivo inútiles, en razón de que ya la reelección, que antes combatían, ha dejado enteramente de existir.” Acto seguido, Tancredo pasaba a plantear la postura del periódico mencionando que “en cuanto a nosotros que la servimos para evitar una revolución, pero que después la atacamos porque se volvió dictatorial y por consiguiente arbitraria, conculcándose la Constitución; con la suspensión de las garantías, que se obtuvo partidariamente; nada tenemos que decir, sino es que amantes del orden constitucional, del régimen liberal, republicano y democrático, nos felicitamos y felicitamos a la patria porque hemos observado ayer, que desde los primeros pasos se ha entrado en la vía legal trayendo al poder al que la ley designa…” No obstante, la postura opositora a Juárez, El Monitor daba cabida en esa plana primera a una pieza de otro talante.
Eran las líneas de la autoría del político y escritor, Juan Antonio Mateos Lozada quien reconocía como Juárez “llevó por tantos años en su robusta mano el estandarte de la Republica. Hubo un momento en que las miradas del mundo se fijaron en esa figura, cuya talla se percibía por encima de las notabilidades de la época. México, en el juicio de las naciones concurría bajo la majestad solemne de Juárez…En un punto miserable del globo, allá donde los aduares [villorrios] han terminado y comienza el desierto, allá en donde las líneas matemáticas marcan la separación de dos naciones, allí, en una choza humilde estaba un hombre. ¡Ese hombre era Juárez!… ¿Qué significaba aquella personalidad aislada y envuelta en las nieblas, y con la mirada fija en el horizonte? ¡Preguntadlo a esa nación [Francia] que yace entre los escombros acribillada por los cañones de la Prusia!!Preguntadle a Europa entera! ¡Preguntadle al mundo! … ! ¡Aquella figura se alzaría gigante sobre el campo de la catástrofe!… Juárez ha sido el ídolo del pueblo en los días tempestuosos de la Reforma y la Independencia… Firme en sus principios, severo en sus costumbres, respetó el decoró nacional, y su nombre no descendió a las escenas de escandalo de una Regencia y un Bajo Imperio. Declinó en sus ministros tanto los grandes hechos; como las grandes responsabilidades. Tuvo a su lado a las personalidades más reconocidas de la nación, a la vez que se ampararon a su gobierno hombres funestos que por instinto odiaba y aun odia la Republica.” Para concluir, Mateos señalaba: “El presidente Juárez ha pagado a su vez un tributo al error humano; muchas de sus acciones no correspondieron en los últimos días a sus antecedentes; pero sus faltas no pueden ser juzgados por sus contemporáneos… La historia vendrá después a decir sobre la vida del hombre que ha muerto bajo el solio de la Republica.” Cuan verdaderas serían aquellas palabras, el juicio sereno de la historia colocaría cada uno en su lugar. Pero entonces, en 1872, sus adversarios acérrimos, la curia y sus voceros, también tenían algo que decir sobre la muerte del estadista
Tres fueron los diarios de inclinación católica que abordaron el tema del fallecimiento del estadista Juárez. Iniciemos por “El Defensor Católico” en cuya edición del 20 de julio se narraba de manera general como se suscitaron los hechos y calificaba de inesperado el acontecimiento aun cuan bien sabemos que ello no fue así. Sin embargo, es de resaltar el comportamiento civilizado que se aprecia en la nota cuando se indica: “¡Cuantas consideraciones, cuantas ideas no se agolpan a la cabeza ante tan inesperado acontecimiento! En presencia de él, es preciso que toda lucha política cese y que nada se prevea extemporáneamente, algunos prevén serios trastornos, pero esta idea verdaderamente ligera, no debería de haberse anunciado, cuando aun está caliente el cadáver del pasado presidente; y el que le sustituye, [Sebastián Lerdo De Tejada y Corral] hombre de capacidad y de ilustración, no podrá en estos tres o cuatro días, indicar la política que pensara seguir…” Eso sí, expresaban su esperanza de que “quiera Dios que bajen al sepulcro con el pasado presidente, los odios políticos, el espíritu revolucionario, las exigencias de partido y que reunidos todos los hijos del país bajo la misma bandera, la bandera nacional, no pongan obstáculos al nuevo magistrado de la nación para que logre, auxiliado por todos los hombre honrados, conquistar la paz por tantos años perdida, el renombre de México, la moralidad publica, el orden y el bienestar que ardientemente desean todos los habitantes de la Republica Mexicana.” Ni dudarlo, detrás de la mano suave aparecían los hilos que movían la crítica oculta para hacer responsable a Juárez de que las cosas no marcharan. La curia, siempre la curia vendiendo bondades aparentes para soltar a trasmano el mandarriazo. Vayamos al segundo diario abiertamente pro-católico.
“La Voz de México” comentaba como ante las manifestaciones anteriores de la enfermedad que aquejaba al presidente sus allegados y adeptos “podrían haber visto todos, siquiera los que en la providencia creen, un aviso misericordioso del cielo de que se aproximaba el termino de una carrera llena de ruidosos e importantísimos acontecimientos.” Como siempre una mano enguantada de seda para dejar ir el golpe. Tras de eso, hacían invocaciones al Altísimo como el que determinaba los acontecimientos, pero nada de mencionar que el problema del estadista eran las arterias coronarias tapadas y la nula atención médica al respecto, ante algo así no hay rezo que salve. Se mencionaba que Juárez estaba muy preocupado por salvar a la Republica, pero “sin preocuparse un solo instante por el de su salvación propia… A la muerte de un hombre que ha brillado en el mundo con una luz siniestra o benéfica para el porvenir de un pueblo, la historia se apodera de su nombre y se afana por recoger sus hechos a fin de presentarlos en aquel mismo orden en el que el tiempo se ha encargado de desenvolverlos.” Después de resaltar las virtudes de personales de Juárez en el contexto de su entorno doméstico, resaltaba que “la sociedad entera creemos que, como nosotros, lamentará su perdida y unirá a las de su familia las demostraciones sinceras de su sentimiento. Esperamos que Dios en el piélago inmenso de sus misericordias la haya tenido para con él, y que no le habrá juzgado como acaso le hayan de juzgar los hombres.” En esto ultimo se advierte el juicio que prevalecía entre la curia, aun cuando buscara edulcorarlo con palabras suaves. Si alguna duda cabe leamos esto: “¡Ojala y este golpe con que Dios ha venido abrir los ojos de muchos , a despertar la esperanza de no pocos y a sacudir el sueño egoísta de todos fuera a parte a detener a la Republica en la rápida carrera que lleva por ese descenso que solo puede conducirle al abismo!” Como siempre, utilizando al Gran Arquitecto como el látigo vengador en contra de los herejes, en este caso Juárez, a quien le quitó la vida, según el redactor piadoso de La Voz de México, para mandar un mensaje a todos. Por más que buscaban ocultarlo, al final se les notaba el rabo. Pero había un tercero que ni siquiera trataba de esconderlo.
El 21 de julio, “La Idea Católica” se mostraba plena cuando publicaba: “el fallecimiento inesperado del Sr. Juárez [nótese que no se refería a él como el presidente] que se verificó a las once y media de la noche del dia 18 a consecuencia de la angina que tenía en el corazón, viene a proporcionar a la republica un medio de salir del lastimoso estado de postración en que se halla, a causa de la guerra civil que la despedaza y aniquila. De cualquier modo que se considere el Sr. Juárez ha sido la causa o pretexto de esa misma guerra. Su permanencia de tantos años en el poder, los manejos de sus partidarios en las elecciones y sobre todo la tenacidad con que llevó adelante las funestas ideas que lo dominaban, habían puesto al país en estado de tal anarquía y de disolución, que no había quien abrigara ni la más pequeña esperanza de remedió.” Acto seguido, celebraba que la muerte hubiera quitado a Juárez de y colocado a Lerdo De tejada en su lugar, ya que con esto se presentaba “…el tiempo de que los partidos se reconcilien; [de que] …prescindiendo de aspiraciones puramente personales, todos coadyuven al bienestar de la patria por medio de la moral y el respeto a la autoridad; [el] tiempo en que se borre de la memoria de los hombres la funesta reforma y sus espantosos efectos; [el] tiempo en que el gobierno enfrente la audacia periodística y que se constituye en verdadero padre del pueblo. ¿Se dejará pasar esta oportunidad sin aprovecharla?” Nada queda por decir ante esta muestra de lo que es la ‘piedad católica,’ todo aquel que se manifieste contrario a su perspectiva debe de desaparecer, no hay disyuntiva. Pero dejemos a estos ejemplos de bondad y ternura para ir con lo que publicaban los hijos del averno.
“El Socialista,” órgano oficial del Círculo de Obreros de México, en su edición del 21 de julio llamaba al estadista el “caudillo de nuestra segunda independencia” Le reconocía que fue él quien “con paternal impulso supo levantar a nuestra querida patria del polvo en que la hundiera la cuchilla del oscurantismo y del retroceso, librándola así del aventurero y haciéndola digna de figurar entre las naciones dignas del Globo, ha volado a la mansión en donde se premia a los buenos. Él que supo conservar el fuego sagrado de la libertad en el tenebroso centro de la anarquía, afrontando con heroísmo situaciones difíciles que hubieran hecho vacilar el animo de cualquier hombre de la época menos esforzado que él…” Pero aun un diario que lo había combatido reconocía la trascendencia de Juárez.
En “El Ferrocarril, se publicaba el 21 de julio un párrafo que indicaba: “El nombre de Juárez sean cuales fueren los defectos en los que incurrió en los últimos tiempos administrativos es, hasta hoy, el hombre mas colosal de nuestra pequeña historia, y las virtudes que poseía y sus primeros años en la administración, le harán figurar dignamente al lado de los hombres mas notables de la democracia y de la libertad.” Vaya que fue acertada esta predicción.
En este repaso breve, por la prensa de hace 150 años, hemos encontrado la percepción diversa que sobre el estadista Juárez se tuviera al momento de su muerte. Algunos trataron de encubrir el resentimiento que le guardaban por haber encabezado aquella la más grande generación que haya dado la patria, la de LOS HOMBRES DE LA REFORMA. Quienes nos declaramos Juaristas, jamás hemos invocado la admiración a partir de un hombre perfecto, lo entendemos como un ser humano con virtudes y defectos, sin cuya capacidad de liderazgo se habría perdido la Nación. En varias ocasiones lo hemos apuntado, no era la mente más brillante de aquel grupo, pero si era el más sagaz y con la perspectiva política más amplia sobre el tipo de Nación que buscaba crear. Si bien se le critican algunos de los actos que realizó durante su ultima administración, el tiempo le vino a dar la razón de no entregar el poder a quien ansiosamente lo ambicionaba. Lo conocía muy bien y sabía en lo que habría de terminar. Un siglo y medio ha trascurrido desde que el estadista Benito Pablo Juárez García partió a su cita con el Gran Arquitecto, durante todo ese tiempo muchos han sido quienes atacándolo han pretendido echar abajo su legado sin conseguirlo. Otros han intentado investirse con la levita negra y querer aparecer como él, sin embargo, la pieza es de varias tallas más grande y termina por exhibirlos como seres huecos sin estatura física o moral para poder portarla. En medio de todos esos, quedamos quienes a pesar del tiempo trascurrido no tememos declararnos Juaristas-Liberales firmes creyentes en la democracia y en la laicidad, y, como hace un par de días mencionara la doctora Patricia Galeana Herrera, la segunda es condición indispensable para que la primera exista. [email protected]
Añadido (22.35.102) Seis años habrán de cumplirse desde aquel 18 de julio que, también, era lunes. Presente siempre, doña Estela Ríos Schroeder.
Añadido (22.35.103) Ante el fallecimiento, el 9 de julio pasado, del presidente Luis Echeverria Álvarez, nos han cuestionado del porque no escribimos acerca de él. Nuestra respuesta ha sido recordarles que la opinión respecto a lo que fue su gobierno la emitimos, hace poco más de cinco meses, en un artículo titulado “Una perspectiva lejanísima sobre el destape, elección y gobierno del presidente Echeverria- Álvarez.” En caso de que alguien desee revisarla se encuentra en la liga electrónica: https://www.zocalo.com.mx/una-perspectiva-lejanisima-sobre-el-destape-eleccion-y-gobierno-del-presidente-echeverria-alvarez-2/
Añadido (22.35.104) Ahora, el ciudadano Begoglio Sivori demanda que “en ciertas zonas del mundo, sería conveniente consumir menos carne, esto también puede ayudar a salvar el medio ambiente.” ¿Algo que ver con ese grupo “ambientalista” que promueve la desaparición del ganado bovino culpando a este de que con sus excrecencias y flatulencias dañan al ambiente?
Añadido (22.35.105) Lo recibió un ayudante, no lo invitaron al Picnic en el patio de atrás, lo único que faltó fue que le dijeran: “con permiso, hay te dejo tengo otro compromiso, te quedas en tu casa…” O ¿Será que lo catalogaron “…as unique as the breakfast tacos…”?
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