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Coahuila

Transformar la realidad… sí, se puede

Por Irene Spigno

Hace 4 años

El viernes pasado concluyó el curso de inducción de la Licenciatura en Derecho con Perspectiva en Derechos Humanos de la Academia Interamericana de Derechos Humanos. Las alumnas y los alumnos de esta primera generación participaron en conferencias y actividades impartidas por personas expertas en distintas áreas de los derechos humanos, todas fundamentales para los juristas del siglo 19.

Yo tuve el privilegio de platicar con ellos sobre la necesidad de que la justicia se administre con perspectiva de género, a raíz del análisis de la película: “La voz de la igualdad”. Esta película cuenta la vida de una gran mujer que uso su pasión por el derecho para crear las bases de una impartición de justicia incluyente: Ruth Bader Ginsburg.

Desde la antigüedad, la justicia ha tenido una profunda relación con el “ser” mujer. En las civilizaciones antiguas la justicia estaba representada por importantes diosas: Maat, Themis, Diké… por mencionar algunas También la iconografía posterior siguió favoreciendo a las figuras femeninas, entre ellas la famosa mujer con los ojos vendados, armada con una balanza y una espada, que aun hoy en día nos acompaña.

Sin embargo, si la imagen femenina connota justicia a nivel simbólico, el orden patriarcal que se ha instaurado desde la antigüedad en las sociedades humanas ha asignado la tarea de “administrar justicia” al sexo masculino, tal como ha sucedido con otras funciones públicas. Marginadas de las posiciones de poder, durante siglos, las mujeres han sido relegadas a roles marginales en la familia y en la sociedad, como si fueran ciudadanas de segunda clase.

Ya desde finales del siglo XVIII, mujeres como Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft evidenciaron las profundas discriminaciones y desigualdades de género que el derecho mismo impulsaba. Sin embargo, el verdadero cambio de paradigma comenzó solo a partir de la segunda mitad del siglo pasado, gracias a las luchas de los movimientos feministas que colocaron el tema de los derechos de las mujeres en la agenda pública nacional e internacional.

Ruth Bader Ginsburg fue una de las artífices de esta revolución. Probablemente también a causa de la experiencia personal de discriminación por razón de género que vivió desde sus primeros años de carrera universitaria como estudiante de Harvard (siendo una de las nueve mujeres en una clase de 552 estudiantes que asistieron a la Facultad de Derecho de Harvard en 1956, en un momento en que una mujer que estudiaba en una facultad de derecho era vista como un intruso que ocupaba indebidamente un espacio que podría haber pertenecido a un hombre) RBG decidió desmantelar la jaula en la que la historia y el derecho habían relegado durante tanto tiempo a las mujeres.

Ella era muy consciente de que para lograr este objetivo era necesario generar un cambio en la conciencia colectiva de la sociedad en general, en la política legislativa y en la interpretación judicial.

Sus posiciones, fortalecidas también por una convencida defensa del derecho comparado como instrumento de interpretación constitucional, han revolucionado la concepción abstracta de la justicia, partiendo de la conciencia de que detrás de cada recurso judicial o problema jurídico hay personas que sufren: por la violación de un derecho, por discriminación, por una lesión, etc.

Su lucha a través del derecho logró la constitucionalización de los derechos de las mujeres en los Estados Unidos. Así mismo, sus sólidos argumentos jurídicos siguen desempeñando una función inspiradora mucho más allá de las fronteras estadunidenses, allanando el camino también para una jurisprudencia valiente, incluyente y creativa en otros países.

RBG ha inspirado una parte importante de mi carrera profesional y de mi vida personal. Espero que las alumnas y los alumnos de la primera generación de la licenciatura AIDH puedan aprovechar de la misma inspiración para seguir transformando realidades.

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