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Coahuila

¿La normalización de una discriminación?  

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 4 años

A la doctora, pianista, poetiza, esposa y madre Rosalba Urbina de la Rosa. Amable en su trato con pacientes y no pacientes, de fina presencia y modales de gran señora.

La vida del médico mujer está lleno de renunciaciones a la vez que de grandes satisfacciones, ya que desde que se decide a estudiar la carrera de Medicina se enfrenta una serie de problemas tales como los largos años que se deben cursar en la Facultad, el examen de selección, las guardias tan largas, las horas de sueño que se sacrifican, las fiestas a las que no se va, las ironías de algunos maestros varones, la actitud fría que se debe tener ante la muerte y ante el dolor que paso a paso en el transcurso del tiempo se va adquiriendo.

Actualmente, están entrando y se están graduando más mujeres en las facultades de Medicina, pero una brecha de género se evidencia al evaluar su presencia en altos cargos.

Estamos hablando de un periodo en el que muchas muy buenas doctoras tuvieron dificultades para estudiar esta profesión, destinada a los hombres y que aún en la época actual no se les da el lugar y el prestigio que tienen.

Algunos varones médicos reaccionan con hostilidad, y otros con sentido del compañerismo excepcional y en cualquier momento llega el amor y se debe determinar, si se es esposa y madre o seguir la profesión.

Que difícil ha de ser cuando en el camino se ha dejado muchas ilusiones, muchos sacrificios, por el amor a un hombre y luego a los hijos, seguro que será compensada toda renunciación.

La mujer médico se prepara para ser esposa, madre, amiga y profesionista, muchas veces incomprendida en nuestro México querido por el machismo y la competencia de ser profesionista del mismo gremio.

Pretendo con este breve artículo rendir un grande reconcocimiento a la mujer médico, que conlleva al mismo tiempo una serie de renunciaciones, el sacrificio de morir, como está sucediendo ahora en nuestro país y la satisfacción de sanar y salvar una vida. A esas damas que, como Rosalba Urbina de la Rosa, que con alto espíritu de dignidad realizan tan noble y difícil tarea.

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