Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Demandan justicia para víctimas indirectas tras la muerte del ‘Monstruo de Atizapán’ El vuelo de Flávio Bolsonaro a Florida habría sido pagado por un intermediario en EU ‘Pida licencia’, recomienda regidor a Alcalde de Tuxtla Sobrevive mexicano a choque de trenes por perder el viaje CFE registra pérdidas en el tercer trimestre, tras un año de ganancias

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Nacional

La abuela del mundo

Por Guadalupe Loaeza

Hace 4 años

Me pregunto si alguna vez, a través de los años, la reina de Inglaterra, Isabel ll, se imaginó que se transformaría en la abuela del mundo occidental. ¿Por qué lo digo? Porque al morir el pasado 8 de septiembre a los 96 años, después de 70 años de reinado, en las primeras planas, noticiarios, programas de radio y redes sociales, su deceso se convirtió en la nota principal del día. Lo más llamativo de todo era la forma tan positiva y halagadora en que la describían, a pesar del enojo de algunas ex colonias del Imperio Británico, algunos incluso exigieron disculpas por los abusos del pasado. “Lo único en lo que me fijé en la muerte de la Reina es en que murió y nunca se disculpó por la esclavitud. Debió haberse disculpado”, dijo la activista jamaicana Nadeen Spence.

A pesar de ser la monarca más retratada y conocida del planeta, era una persona misteriosa. Nadie sabía lo que en realidad pensaba, enmascaraba sus emociones. Esto seguramente exasperaba a los 15 primeros ministros desde Wiston Churchill hasta Liz Truss, recién nombrada primera Ministra del país. La reina de Inglaterra, Jefa de Estado soberana de las islas británicas y de 14 países miembros de la Mancomunidad británica, jefa de la Iglesia Anglicana, jamás pronunció una opinión personal, no obstante, logró hacer de la monarquía el cimiento de la nación y el instrumento de un reinado sin igual en beneficio del Reino Unido. “He aquí un país lleno de dudas desde la disolución del Imperio, las consecuencias del Brexit, la independencia de Escocia, e Irlanda del Norte, una situación económica y social peor que la de varios países europeos y, además, una primera ministra que aún no convence” (Christine Ockrent, Affaires Entrangeres).

Ahora que ya fue nombrado un rey de Inglaterra, Carlos III, ¿cuál será el futuro de esta monarquía tan longeva? ¿Cómo enfrentará, el nuevo rey, hijo de la reina Isabel II, tantos desafíos planetarios, entre ellos la guerra entre Ucrania y Rusia, el calentamiento global, la inmigración y la popularidad de una madre que se convirtió en ícono mundial? Si algo le falta a Carlos III es carisma. ¿Y qué decir de su segunda esposa de 75 años, Camila Parker Bowles, condesa de Chester y duquesa de Rothesay? No hay duda que buena parte del pueblo inglés sigue añorando a Lady Diana, como la princesa del pueblo; “la extraordinaria cautivadora con un inmenso encanto”, como dijera de ella, en sus memorias, el exprimer ministro Tony Blair, quien también decía que Isabel II consiguió ser: “una abuela y una reina al mismo tiempo”.

Ahora sus nietos extrañan no nada más a la abuela, cariñosa y comprensiva, sino a la reina: disciplinada, inteligente, trabajadora, pero sobre todo, con un sentido del humor muy “british”. Su nieto consentido, el príncipe Harry, le escribió a su abuela una carta abierta: “Gracias por tu sonrisa contagiosa”, misma que hacía juego con sus maravillosos collares de perlas. También se refiere en su comunicado a su queridísima “Granny”: “…Ya te echamos mucho de menos, no solo nosotros sino el mundo (…) Gracias por tu compromiso con el servicio. Gracias por tu consejo sólido. Gracias por tu sonrisa contagiosa”.

Entre los códigos misteriosos de la reina Isabel, había uno muy importante: su bolsa de mano, la misma marca desde finales de 1950, el mismo tamaño y, prácticamente, en el mismo color negro. Su eterna bolsa (más de 250 bolsas durante su reinado) la cual no dejaba incluso mientras se encontraba en alguno de sus palacios, en entrevistas oficiales o en reuniones familiares. “Cada movimiento de la Reina era observado con detenimiento por su personal. Si cambia el bolso de una mano a otra. Esa es la señal que la reina utiliza para indicar a su personal que está lista para finalizar su conversación”, Hugo Vickers, historiador real. “Cuando apoyaba el bolso sobre la mesa, quería indicar su deseo de que la reunión terminara en los siguientes cinco minutos”. Qué llevaba en su interior: un labial, un estuche de anteojos, una pluma, pañuelos y pastillas de menta, un billete de 5 o 10 libras, para donar cada vez que asistía a un evento religioso (Sally Bedel Smith, una de sus biógrafas). Digan lo que digan, sea verdad o sea mentira, vamos a extrañar muchísimo a Lilibet, la reina Isabel II.

Más sobre esta sección Más en Nacional

Hace 17 horas

Circo en Reforma

Hace 17 horas

El negocio detrás de los altares

Hace 17 horas

La ‘santa’ solución de la Presidenta