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Coahuila

Himno Nacional –I parte–

Por Otto Schober

Hace 4 años

El primer Himno Nacional que tuvimos se estrenó el 28 de julio de 1821, cuyo autor fue José Torrescano, que nunca fue aceptado por la sociedad civil mexicana; otros intentos fallidos fueron el del estadounidense Andrew Davis Bradburn y de Félix María Escalante, el del cubano Juan Miguel Lozada, del compositor europeo Carlos Boscha, del italiano Antonio Barilli, del húngaro Max Maretzek y el del italiano Ignacio Pellegrini. Finalmente el Himno Nacional surgió de un concurso convocado por el entonces presidente de la República, el general Antonio López de Santa Anna, donde se ofrecieron interesantes premios para quienes resultaran vencedores. 

La convocatoria se lanzó el 14 de noviembre de 1853, el jurado para escoger la letra estaba conformado por los escritores José Joaquín Pesado, José Bernardo Couto y Manuel Carpio, quienes seleccionaron de entre 26 composiciones el trabajo del potosino Francisco González Bocanegra, titulado “Volemos al combate, a la venganza y el que niegue su pecho a la esperanza, hunda en el polvo la cobarde frente”, como lo publicó el Diario Oficial de la Federación el 10 de agosto de 1854. En los versos ganadores que formaron sus estrofas, fueron escogidas por los miembros del jurado, no sólo porque algunas de ellas eran laudatorias al héroe de Zempoala, como se le conocía al general Santa Anna, sino por su innegable belleza y patriotismo. 

La música ganadora de Juan Bottesini no fue aceptada por el pueblo y se tuvo que lanzar una nueva convocatoria para elegir nueva música, comisionando como jurado a José Antonio Gómez, Agustín Balderas y Tomás León. El 12 de agosto de ese año, fue declarada ganadora de entre 15 partituras, la que llevaba el nombre de Dios y Libertad y las iniciales J.N., que correspondían al español de origen catalán, Jaime Nunó. El Himno Nacional Mexicano fue estrenado en el Gran Teatro Santa Anna, el que luego fue rebautizado como Teatro Nacional, la noche del 15 de septiembre de 1854, a las 19 horas. La melodía original de Jaime Nunó era para dos voces y quienes lo entonaron en el gran estreno, fueron la soprano Claudia Florenti y el tenor Lorenzo Salvi, apoyado por la compañía de ópera italiana dirigida por Juan Bottesini, el ganador inicial del concurso por la partitura y después el gran perdedor, luego, la partitura tuvo que ser adaptada para que la entonase una sola voz. 

Y aunque usted no lo crea, el general Santa Anna no quedó conforme, porque consideró que el himno no incluía halagos a su persona, quedando pronto relegado por la disputa entre liberales y conservadores. Cuando el general Zaragoza venció a los franceses el 5 de mayo de 1862, el Himno volvió a cantarse. Una vez derrotados los conservadores, el presidente Juárez empleó como himno La Marcha Zaragoza, cuyo autor es Aniceto Ortega, pero el emperador Maximiliano ordenó reimplantar la composición de Jaime Nunó y Francisco González Bocanegra, que posteriormente se popularizó como Himno Nacional durante el Porfiriato.

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