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Publicado el lunes, 3 de octubre del 2022 a las 04:06
Piedras Negras, Coah.- Es posible hacer de los sueños una realidad, Fátima Salinas, está convencida de ello; cuando tenía ocho años y sumergida en las emociones que le provocó ver junto a su familia la película “Tiburón”, dirigida por Steven Spielberg, despertó en ella la ilusión de un día explorar la vida marina.
A sus 22 años, la joven nacida en Piedras Negras, Coahuila, se graduará pronto como bióloga, en la Texas A&M University de Corpus Christi, experiencia que asegura ha sido determinante para dedicarse al estudio y preservación de especies subacuáticas.

Entrevistada vía remota desde el lugar que habita en el campus de su universidad por medio Microsoft Team, que como otras aplicaciones enseñaron sobre todo en la pandemia, que además de acortar distancias en la comunicación dan la sensación de cercanía, Fátima no oculta la emoción que le provoca compartir su historia.
“ Lo que comenzó como un sueño de niña, se ha convertido ahora en lo que más me apasiona, siento que podría ser mi plataforma para inspirar a otras personas que quieran estudiar esta profesión o que tengan miedo de seguir sus sueños”.
Sabe que nada es obra de la casualidad, para ella lograrlo ha dependido del esfuerzo, estudio, dedicación y de buscar las oportunidades hasta encontrarlas.
“ Personalmente, nunca tuve a alguien que me dijera tú relájate vas a poder, ahora que puedo recomendarlo, aunque sea por un día, es un privilegio total”.
“ Desde que tengo memoria me han gustado las películas de terror, cuando vi “Tiburón”, fue una introducción que me llevó a preguntarme qué es la vida marina, estaba en la sala de la casa de mis padres y todo mundo estaba lleno de miedo y fui la única que pensaba que me gustaría estar ahí con el tiburón, nadar con él, saber cómo es, cómo es su ambiente” recuerda.
“ Al terminar de ver aquellas escenas, le dije a mi mamá que estaba a un lado mío: Un día voy a nadar e investigar la vida marina, así comencé a leer artículos, a ver películas y documentales; cuando tenía 10 años nos mudamos con mi familia a Estados Unidos, ahí acabé mi primaria, secundaria y preparatoria, en Eagle Pass, Texas, fue un shock porque mi lengua natal es el español”.
Romper la barrera del lenguaje, fue quizá para Fátima uno de los obstáculos más difíciles, sin embargo, agradece a su profesor de cuarto grado, Mister Sergio Calderón, que la inspiró a esforzarse hasta aprender el inglés.
“ Todos los días pienso en él porque honestamente me ayudó bastante, me decía no te desanimes porque veía que mis compañeros que tenían 10 u 11 años leían Harry Potter y yo no entendía lo que decían, él me recomendó que comenzara a leer libros de primer grado y poco a poco podría entender, el primer libro que agarré en inglés fue Tiburón” dice entre risas.
Extasiada, comparte como aprendió acerca de las características del escualo, un tema que para otros niños era desconocido, exploró otros libros, sobre el delfín, la ballena o el coral, e incluso tuvo la iniciativa de crear en la secundaria un club llamado Ocean Group, a través del que compartía datos interesantes sobre la vida en el mar a otros estudiantes.
MÁS ALLÁ DE TODAS LAS COSAS, ESTÁ EL MAR
Hasta hace poco, Fátima conoció sobre la vida de Ramón Bravo, considerado el buzo y explorador marino más prolífico de México a nivel internacional, con el que además de coincidir en la fecha de cumpleaños, su pasión por el mundo submarino, comparten el lugar de origen, los dos nacieron en Piedras Negras.
“ Antes no conocí de cerca, a un hispano que estudiara biología en Piedras Negras o en Eagle Pass, hablaba con mis padres y les preguntaba si conocían a alguien que lo fuera y que hablara español e inglés y que me pudiera ayudar”.
Ramón Bravo originario de Piedras Negras, nació en 1925 y murió en Isla Mujeres, en el caribe mexicano el 21 de febrero de 1998.
En vida alcanzó renombre internacional por mostrar la riqueza de los ecosistemas marinos y la importancia de cuidarlos, además fue amigo cercano y de aventuras del biólogo y oceanógrafo francés de mayor reconocimiento mundial, Jacques-Yves Cousteau, “El gran defensor de los mares y océanos” como lo define en una publicación sobre su obra, la revista National Geographic.
Fátima, se siente afortunada de conocer en este momento de su vida, algunos antecedentes sobre Ramón Bravo, que consideraba que “Más allá de todas las cosas, está el mar” frase que rescata un artículo publicado por el periodista Alberto Friscione Carrascosa, en el portal Amura Yachts & Lifestyle.
Saber que los dos nacieron un 21 de octubre, le produce escalofríos dice entre risas, en su mente juguetea con la idea de que hay buenas razones para seguir su ejemplo, a menos de un año de concluir su formación académica, lo siguiente será estudiar una especialidad en conservación marina.

Dentro de los aportes de Bravo, a quien se le atribuye el hallazgo de captar y divulgar información sobre los tiburones dormidos en una época en la que la comunidad científica lo descartaba, venció mitos sobre la peligrosidad de especies como las orcas u otros animales marinos considerados letales además de alertar sobre las amenazas que la actividad humana suponía para los océanos.
Documentó cómo el hombre podía armonizar con las especies marinas y así lo sostiene Fátima, que se siente invadida por una paz difícil de describir cuando entra en contacto con ese mundo para muchas personas, desconocido.
“ Cuando tomé la decisión de estudiar biología, mi mamá me dio la idea fantástica de escribir cartas y como loca escribí súper rápido un chorro de correos electrónicos para mandarlos, la primera respuesta que recibí fue de la Universidad de California y pensaba no manches, me respondieron”.
Con apoyo de su consejera de High School que también recuerda con mucho amor –dice- conoció la opción para ingresar en la Texas A&M University de Corpus Christi; antes tomó clases de biología y matemáticas, finalmente logró ingresar y en mayo próximo después de cuatro años, espera graduarse.
“ En mi primer año de colegio, fui voluntaria en el Texas State Aquarium de Corpus, recuerdo que limpiaba los vidrios en la exhibición de peces y durante horas contemplaba a los tiburones, sentía que ese lugar me pertenecía, nadie me podía mover y quería estar ahí todo el tiempo, me sentía fascinada al verlos nadar”.
Tras acabar su periodo de voluntaria de 30 horas en el acuario, comenzaba la pandemia del coronavirus y tuvo que tomar una pausa y regresar con sus padres, hecho que al principio la desanimó, después decidió aprovechar el confinamiento para investigar más, hasta que pudo regresar a la universidad de forma presencial.
Se presentó la oportunidad de colaborar en el acuario en una posición que considera “súper cool” porque recorre diferentes departamentos que le han permitido aprender lo que hacen otras personas, algo que define como un “privilegio hermoso” es trabajar con las entrenadoras de delfines, a quienes admira y respeta mucho por la labor que hacen.
“ Cuando me di cuenta de que tenemos un departamento de rescate de animales, en el verano de 2021 fui con mi jefa y le pedí que si había una posición abierta como voluntaria me llamara y fue como anillo al dedo, me dijo que buscaban a alguien, porque habían rescatado a un delfín bebé que necesitaba cuidados”.
Estaba en Goose Island, en el norte de Rockport en el Golfo de México, “Era un ser de la naturaleza y yo quería estar con él, aunque sólo lo viera de lejos para mí sería un honor, me llamaron y me dijeron lo que tendría que hacer, duré ahí un mes y luego me regresé, entonces supe que no me cabía la duda y que esto es realmente para mí, es mi vocación totalmente”.
POR LA CONSERVACIÓN DE LAS ESPECIES
Actualmente Fátima, forma parte del equipo de conservación de animales en el acuario estatal de Corpus Christi, en donde colabora junto a dos compañeras más en el rescate de animales marinos como delfines, tortugas, aves del mar como pelícanos y rapaces como búhos o halcones, entre otros.
Asegura que es un compromiso social del acuario casi desde su fundación en 1990, trabajar por la protección de la naturaleza y los ecosistemas marinos.
“ Nos gusta decirles a las personas que gracias a su apoyo podemos hacer un cambio positivo a favor del medio ambiente, podemos rescatar animales y regresarlos a su hábitat natural, queremos informarles sobre los animales y cómo sus ecosistemas se ven amenazados por acciones humanas y por la contaminación en el océano, es algo que tenemos que hablar porque es importante”.
Pese a su juventud, para Fátima hay un largo recorrido por delante, sueña con expandir sus conocimientos; después de terminar su carrera, buscará especializarse en conservación y en un futuro se visualiza como una científica preocupada en contribuir a mejorar las condiciones de vida de las especies marinas.
La explosión de la plataforma Deepwater Horizon de la multinacional British Petroleum, ocurrida en el Golfo de México en abril de 2010 y considerada una de las peores catástrofes de la industria petrolera de la historia reciente, al provocar el derrame de 800 millones de crudo expuesto durante casi tres meses, representa para Fátima una razón de peso para adentrarse en esta lucha.

Le gustaría investigar y encontrar la manera de revertir el daño ecológico provocado por el aceite que afectó mucho la vida marina, he buscado la manera de ser voluntaria en los laboratorios de mis profesores de la universidad, para entender su función y cómo es trabajar ahí”.
El respaldo de su familia integrada por sus padres Olga y el médico Raúl Calixto Salinas y sus cuatro hermanos, ha sido fundamental para la estudiante de biología marina.
“ Ahora que estamos grandes y vivimos en diferentes lugares, cuando ven un artículo relacionado con el océano me lo mandan y eso me encanta y me preguntan qué opino, tengo mucho el apoyo de mi familia y estoy muy agradecidos con ellos”.
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