El senador Gustavo Madero se jacta de que el PAN “le ha salvado al PRI la vida cuatro veces”, sin embargo, el intercambio de favores ha sido beneficioso para uno y otro. La fusión de los partidos más antiguos del país inició cuando Acción Nacional reconoció el triunfo ilegítimo de Carlos Salinas de Gortari en las elecciones de 1988. Desde entonces ambas fuerzas conjuraron para cerrarle el paso a las izquierdas representadas por Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador.
El PRI salvó al PAN en 2006, pues toleró las irregularidades para imponer en la presidencia a Felipe Calderón. El Instituto Federal Electoral suspendió el cómputo de votos cuando AMLO aventajaba, y al final le dio la victoria al panista por un margen de medio punto porcentual.
Seis años después, el PAN postuló a una candidata débil, Josefina Vázquez Mota, para allanarle a Enrique Peña Nieto el camino a la Presidencia. Las televisoras y los grupos de presión también estuvieron de su parte. López Obrador volvió a quedar en segundo lugar. La competencia fue inequitativa, pues el candidato del PRI excedió el tope de gastos de campaña en más de 4 mil millones de pesos. Cuando una comisión plural de la Cámara de Diputados presentó el informe respectivo, Peña ya había tomado posesión. Previamente, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación desechó las denuncias e impugnaciones del PRD, PT y Movimiento Ciudadano.
El tercer salvamento del PRI, de acuerdo con Madero, fue la firma del Pacto por México el cual legitimó la presidencia de Peña Nieto. El acuerdo incorporó al PRD para aislar a López Obrador, pero el tiro les salió por la culata, pues propició la formación del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) cuyo registro aprobó el INE en 2014. El pacto, celebrado a bombo y platillo por la prensa internacional, colocó a Peña en la portada de Time bajo el título de “salvador de México”. Las cúpulas políticas y económicas del país negociaron las reformas con cabilderos extranjeros.
Al Congreso, controlado por el PRI y por el PAN, solo se recurrió para cambiar la Constitución. Reformas como la energética se lograron a cambio de sobornos, según ha denunciado el exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, uno de los funcionarios peñistas en prisión.
A los partidos del Pacto por México -suscrito por Madero (PAN), Jesús Zambrano (PRD) y Cristina Díaz (PRI)- se les premió con mayor financiamiento público, sinecuras, impunidad y otros privilegios. La ciudadanía castigó en las urnas la complicidad de las principales fuerzas políticas con el Gobierno, su falta de compromiso y la corrupción generalizada en el sexenio de Peña Nieto. Sin identidad, desaparecidos como oposición y arrollados por Morena en las elecciones de 2018, el PRI, PAN y PRD no tuvieron más remedio que abrazar una nueva alianza, esta vez denominada Va por México, auspiciada por sectores de la derecha adversos al presidente López Obrador.
La cuarta vez que el PAN le salvó la vida al PRI, según Madero, fue con la coalición Va por México. Sin embargo, no parece, pues fuera de haber recuperado posiciones en la actual legislatura federal, el PRI perdió 10 gubernaturas con Morena entre 2021 y 2022. Madero incluye entre los salvamentos el acuerdo de Vicente Fox con los gobernadores del PRI después de ganar la presidencia, a cambio de votos en el Congreso. El arreglo devino en error. Los ejecutivos locales obtuvieron recursos de la Federación como nunca antes, pero al cabo se convirtieron en caciques y terminaron por imponerle condiciones al Presidente. El control sobre los estados se perdió, y en el sexenio de Felipe Calderón se desbordaron la violencia y la corrupción. El PRI y el PAN se salvaron, a un alto costo para el país, pero finalmente perdieron el poder.
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