El mismo día que las autoridades de Monclova conmemoraban con una marcha el Día Mundial de la Prevención del Suicidio, un joven intentaba suicidarse cortándose las venas y al día siguiente una mujer trataba de saltar de un puente para acabar con su vida.
En lo que va de este año en Monclova los suicidios han aumentado en 25 por ciento rompiendo el récord al llegar a 35 suicidios y -de acuerdo con la Cruz Roja local- diariamente se atienden hasta tres intentos de suicidio. Sin duda es un grave problema que avanza sin control principalmente entre jóvenes.
Durante 2020 se suicidaron en México 7,896 personas, duplicando la cifra en tan solo 10 años, es decir, más de 21 suicidios diarios. El suicidio en nuestro país ya es la cuarta causa de muerte entre los jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, después de los asesinatos, accidentes automotrices y el Covid.
Por su parte la Organización Mundial de la Salud está por declarar como epidemia a los suicidios, la depresión y la ansiedad que cada vez son más frecuentes entre los jóvenes quienes optan por la puerta falsa ante el fracaso académico, la violencia intrafamiliar, el aislamiento social, el bajo nivel académico y cultural de los padres, el embarazo, la pobreza, la falta de oportunidades académicas y laborales, el uso de drogas, el bullying y por la influencia de las redes sociales.
Esta epidemia avanza desenfrenada por la poca atención y que se ha ido gestando desde hace años ante la apatía de las autoridades y la indiferencia de la sociedad donde prevalece la desintegración familiar o la sobreprotección de los hijos, convirtiéndolos en seres frágiles que ante cualquier situación adversa se quiebran como si fueran de cristal.
Llama la atención que ante este serio problema que afecta a Monclova las autoridades se limitan a dar bastonazos de ciego, por lo que cabe preguntarse ¿Qué está haciendo el llamado Instituto Municipal de la Juventud?
¿Qué programas tienen y qué avances llevan? ¿Dónde están las autopsias psicológicas de los suicidas? ¿Dónde están los especialistas capacitados para atender a los jóvenes? ¿Dónde están los estudios que permitan a familiares y maestros identificar los factores de riesgo que describan el perfil de la conducta suicida para lograr su prevención? ¿Qué programas se están implementando en las escuelas para prevenir el suicidio? ¿Seguirán las asociaciones de padres de familia oponiéndose a la educación sexual en vez de que sus hijos se formen sexualmente a través de las páginas pornográficas accesibles para cualquiera? ¿Dónde están las alternativas de entretenimiento, deportivas, recreativas y culturales? ¿Qué están haciendo al respecto las iglesias además de sermonear? ¿Qué programas de prevención se están realizando para apoyar a los padres y qué programas existen para ayudar a los padres de las víctimas del suicidio? ¿Por qué el suicida fallido es conducido a Seguridad Pública en vez de llevarlo ante el especialista médico?
Por lo pronto los jóvenes siguen cautivos de la influencia y ejemplo de los youtubers, tik-tokeros e influencers que pregonan y presumen los valores de dinero, fama y poder como sinónimo de felicidad, que su meta en la vida es ser admirados, tener miles de seguidores y millones de likes, cautivos de la apología del delito tales como las series y canciones de narcos, y la música con perverso contenido sexual. Y peor aún, atrapados por el narcomenudeo.
Tampoco se trata de prohibir todo lo que pueda influenciar a jóvenes y adolescentes, sino orientarles para que aprendan a discernir. Recordemos que ningún gobierno -del color que sea- invierte en educación ya que los resultados se verán en décadas, invierten en lo que se pueda apreciar en lo inmediato.
Mientras tanto las autoridades municipales prefieren realizar conferencias de prensa para buscar al culpable que atropelló un perro en lugar de hacer frente a esta situación que muestra la descomposición social que a todos nos afecta.
Lo que sí es seguro es que no es con marchas ni repartiendo diplomas como se previenen los suicidios. ¿Hasta cuándo pasaremos del rollo a la acción?
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