Todos los presidentes han modificado la estructura de los órganos electorales, máxime a partir de José López Portillo, pero fue en el Gobierno de Ernesto Zedillo cuando lograron su autonomía e independencia bajo la tutela a un consejo ciudadano. Así como el Instituto Federal Electoral sustituyó a la Comisión Federal Electoral tras los comicios conflictos de 1988, el Instituto Nacional Electoral reemplazó al IFE después de la crisis poselectoral de 2012. La reforma de Andrés Manuel López Obrador propone crear el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas con menos consejeros, siete en vez de 11. También planea reducir el número de diputados, senadores y regidores y eliminar el financiamiento público a los partidos cuando no haya elecciones.
La iniciativa, última de gran calado del sexenio, ha generado oposición como todas las anteriores. El debate lo atiza la confrontación entre AMLO, el presidente del INE, Lorenzo Córdova, y el consejero Ciro Murayama, cuyos periodos terminarán el año próximo. Líderes de opinión, colectivos y partidos de oposición rechazan la reforma por considerar que atenta contra la democracia, sistema que tampoco goza de cabal salud. Así se reconoció en la Cumbre Global de la Democracia Electoral, celebrada en México del 20 al 22 de septiembre. Córdova calificó la reunión como «punto de partida para la construcción de una agenda crítica para hacer frente (…) al hostigamiento que padecen las autoridades electorales en gran parte del mundo».
De acuerdo con el Instituto por la Democracia Electoral y la Asistencia (IDEA, por sus siglas en inglés), uno de los 17 organizadores junto con el INE, «La democracia es cuestionada en cuanto a su capacidad para gobernar a la sociedad contemporánea. La debilidad del estado de derecho trae consigo graves consecuencias: desigualdad económica, mala distribución de la riqueza, violencia, salud, débil protección del medio ambiente, inclusión, impartición de justicia, entre otros. Las críticas a la democracia están afectando la credibilidad en los procesos electorales. Las elecciones pierden interés porque los ciudadanos constatan que sus problemas y necesidades lejos de resolverse se incrementan».
Elizabeth Spehar, secretaria adjunta para la consolidación de La Paz de Naciones Unidas, observa que la confianza ciudadana la determinan no solo las calidades técnicas de los procesos. También «el contexto económico y político más amplio y, por tanto, los líderes políticos del Gobierno y de los partidos de oposición tienen la responsabilidad general de una elecciones exitosas. Son ellos los que establecen el tono para aquellos que los apoyan, ellos son los que funcionan como modelos del discurso público y promotores o no promotores de un contexto político pacífico.
»(…) la democracia es más que elecciones sólidas, la gente tiene que ver resultados en su vida diaria, de otra manera perderá la fe en el Gobierno y en las instituciones, perderá la esperanza por el futuro. Las personas mismas necesitan tener y usar el espacio público para participar activamente en sus democracias y más allá del día de las elecciones». AMLO entiende la situación y la encauza en un movimiento cuyo eslogan es «La esperanza de México». Esperanza que muchos empiezan a perder, pero todavía no la mayoría de su base social. Los principales enemigos de la democracia son los políticos, los Gobiernos venales y los ciudadanos, por desentenderse de ella en su vida cotidiana.
Más sobre esta sección Más en Coahuila