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Coahuila

Mercados de productos, arte y memorabilia

Por Federico Muller

Hace 3 años

La juventud pensante de antaño, pero ya vestida de piel otoñal en el ocaso de su existencia, y que fue llamada la generación baby boomers, (aquellos nacidos entre 1946 y 1964), todavía recuerda porque fue fiel testigo de que en aquel lejano y olvidado pasado, los mercados operaban bienes y servicios, en donde el valor de los mismos (costo de producirlos) no era muy asimétrico con respecto a su precio final o de mercado. Las tasas de ganancia del productor e intermediarios no eran extraordinarias, pues en promedio no superaban los dos dígitos en los mercados competitivos y consolidados. Desde luego que había grandes excepciones, en donde el precio superaba por mucho al costo de los materiales utilizados en su producción. Por ejemplo, en las pinturas que forman parte del acervo cultural catalogado como bellas artes.

En el mercado de arte especializado en transacciones comerciales de esculturas, cuadros o piezas musicales originales creadas por artistas renombrados que vivieron en la Edad Media, Renacimiento o publicaron sus obras en la etapa barroca, el diferencial entre costo y precio se justifica por la belleza de sus trazos y simetrías, la conjunción de luces y sombras, así como el juego de colores logrados, y las perspectivas en primero y segundo plano.

Sin dejar de lado las exquisitas composiciones musicales, complicadas en su interpretación hasta para los más conspicuos músicos de nuestra época, otros factores que influyen en las asimetrías monetarias de compra y venta, han sido los aspectos no necesariamente técnicos o artísticos de las obras validados por los críticos de arte, como preferencias, gustos y valores sentimentales, orientaciones subjetivas que confeccionan y dan lugar a un elitista grupo de coleccionistas y casas de subasta generalmente afincadas en los países desarrollados, con obras cotizadas a precios exorbitantes y tasados en dólares, al menos para la masa de asalariados funcionales ajenos a las voluptuosidades del lejano y extraño, para ellos, mercado de arte.

Por otro lado, si la referencia ilustrativa es el mercado de productos de la posguerra y el caso excepcional del artístico, anteriormente citados, los cuales sirven de coartada para compararlos con el mercado de la memorabilia, que no es otra cosa que las transacciones de objetos o prendas que usaron artistas en la filmación de cintas cinematográficas de gran rating, o que pertenecieron a deportistas afamados ya desaparecidos del mundo del espectáculo o deportivo, para variar surgió en los Estados Unidos, en los años 70, en los set californianos de rodajes de películas, que a raíz del escaso conocimiento y promoción de figuras destacadas en los ámbitos educativo, científico y del arte, particularmente entre la mayoría de la población joven, ha venido ganando terreno.

Definitivamente un mercado que, por su estructura, se ha montado en un andamiaje de mercadotecnia y manipulación de medios de comunicación, que no deja espacio para la reflexión y la toma de decisiones centrada en la lógica y racionalidad económica, y mucho menos en el arte. Inclusive algunos académicos lo utilizan para mostrar a sus alumnos la carrera de precios de los suvenires cotizados en el mercado de memorabilia, en un periodo determinado, y por otro lado el comportamiento, en ese mismo lapso, de los índices bursátiles de Nueva York y Londres. El resultado casi siempre ha sido que, estos últimos, ofrecen rendimientos por debajo del de los objetos que pertenecieron a los famosos, abriendo la posibilidad para que los inversionistas lo consideren como un mercado de inversión rentable.

En 1986 se organizó la Copa Mundial de Futbol en México, y la camisola que usó Diego Armando Maradona (1960-2020), jugador que ayudó a su país a levantarse con la copa de campeón, se vendió en 9.3 millones de dólares, imponiendo un récord, hasta que en 2022 una fotografía o cromo del beisbolista Mickey Mantle (1931-95), se adquirió en 12.6 millones de dólares en una subasta estadunidense. Lo desconcertante es que los tres tipos de mercados ejemplificados, independientemente de su lógica, desarrollo y utilidad a la sociedad, tienen en común los mismos principios económicos que señala la teoría económica convencional. Uno de ellos es el de la escasez, que sustenta la ley de la oferta y la demanda. Lo totalmente subjetivo logra monetizarse en las subastas que organiza memorabilia.

 

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