Las personas que viven una cotidianidad en el Centro Histórico, notaron la instalación de ciertos módulos nuevos en las banquetas. De manera quizá simultánea, pero definitivamente no coordinada, en redes sociales, el Gobierno municipal comunicó sin claridad la implementación de una operación privada de parquímetros. Algunas casas y comercios de la zona recibieron un panfleto, que a su vez comunicaba, también sin claridad, los efectos que tendrá esta operación en los autos de personas residentes, trabajadoras o consumidoras.
Sabemos que toda implementación de recurso público, o modificación del espacio público sin previa consulta, es una imposición. Aunque de origen no es mala ni buena, es solo poco deseable como todas las imposiciones. La consulta, en cambio, es un instrumento necesario porque así lo es también el respaldo popular en cualquier decisión pública, en cualquier intención de modificar o implementar, y este instrumento tiene distintas formas que podemos ejemplificar a través del tema.
¿La operación de parquímetros fue una propuesta de campaña? No. La actual Administración no lo propuso y la pasada Administración que lo aprobó tampoco lo mencionó en propuestas. Bueno, se puede excusar pensando que hay problemáticas que se identifican ejerciendo el poder y que no se contemplaban en campaña. Entonces ¿realizó el Alcalde alguna conferencia de prensa para anunciar esta implementación? No, tampoco. Y tampoco generó un comunicado en el que se expusiera de su propia voz el supuesto proyecto vanguardista de cobrar por estacionarse en el Centro.
Toda política pública que busque generar un efecto positivo sobre cierto problema, debe contemplar un análisis de viabilidad social. Así le llaman en la rimbombante academia al hecho de preguntar la opinión de las personas que residen sobre el territorio donde se prevé aplicar dicha política pública ¿Conoce usted alguna unidad familiar a la que le hayan preguntado su opinión al respecto, en los últimos tres años? Le platico que ni en mi departamento ni en las otras 11 unidades familiares con las que tengo contacto en el Centro Histórico nos hicieron llegar ninguna clase de pregunta al respecto.
No sé qué opine usted; si a mí me hubieran preguntado, habría respondido cuestionando de quién es la organización privada que se quedará con el 50% de lo recaudado, o cómo se apellidan sus directivos, cuáles serán sus sueldos y bajo qué egocentrismo consideran que son los elegidos para administrar una imposición recaudatoria disfrazada de progresismo.
También respondería: ¿Por qué no comenzaron paulatinamente aprovechando las clausuras parciales por la pandemia? ¿Por qué no gastar ese recurso en carriles exclusivos para el transporte público en el resto de la ciudad? ¿De qué sirve el elefante blanco llamado Implan? ¿Por qué les vamos a creer el repentino interés en la movilidad urbana?
Todas las imposiciones, aunque ni buenas ni malas de origen, son criticables y deben ser cuestionadas.
Politólogo con experiencia laboral en atención a grupos vulnerables, crisis migratorias y programas sociales. Actualmente es servidor público del Gobierno de México.
Más sobre esta sección Más en Coahuila