Manuel Gil Vara, “Manolo”, fue un hombre bueno y honrado que a su paso por la vida y el servicio público y privado dejó un ejemplo de honestidad y trabajo fecundo.
No esperé hasta que muriera para afirmar lo que escribo. Muchas veces se lo reconocí en decenas de notas periodísticas, de radio y de televisión y en amenas pláticas que sostuvimos, ya como funcionario público, ya como empresario, ya como cronista. Era desde mi punto de vista una fuente inagotable de información valiosa y crítica.
Manolo fue seguramente el Alcalde más joven que ha tenido su tierra natal Ramos Arizpe, Coahuila, donde no obstante el raquítico presupuesto de antaño cumplió a cabalidad con sus ciudadanos, donde era ampliamente estimado.
Fue oficial mayor del Registro Civil en la era del gobernador Raúl Madero González, secretario del Ayuntamiento, Alcalde y cronista de su ciudad, además miembro de la Iniciativa Privada en el rubro del transporte público, pues era socio de la empresa Transportes Saltillo-Ramos Arizpe, un gran acicate de comunicación entre las dos ciudades.
Nació el 29 de septiembre de 1937, hijo de Patricio Gil y de Amalia Vara, estudió en Saltillo, donde concluyó la carrera de contador público.
Manolo Gil, el autodidacta, se instruyó a sí mismo para adquirir una sólida formación que le llevó a escribir artículos y libros sobre la historia de su comunidad, que es amplia y fascinante, partiendo de la base que de ahí es Miguel Ramos Arizpe, el padre del federalismo, quien representó a México en las cortes de Cádiz, en defensa de nuestra autonomía e independencia.
Algunas de sus obras son Por las calles de mi tierra, Tributo a Ramos Arizpe, Ramos Arizpe, su gente en la historia y algunos ensayos como Ramos Arizpe en el tiempo y un homenaje a Benito Juárez.
La última vez que lo vi, platicamos sobre la banqueta frente al puente que atraviesa Ramos Arizpe y que conecta a Saltillo con Monterrey. Con emoción me dijo: ¡Quiero que vayas a mi casa para regalarte mi reciente libro!
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