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Coahuila

Manuel Pérez Treviño –II parte-

Por Otto Schober

Hace 3 años

Para la gente de hoy, poco o nada significa el nombre del general Manuel Pérez Treviño. Si acaso, una reflexión leída de refilón, el nombre de una calle de la ciudad de Saltillo, el nombre de uno de los principales libramientos de Piedras Negras, o el nombre del personaje que tiene una estatua, que en un inicio, estuvo ubicada casi frente al Hospital General No. 11 del Instituto Mexicano del Seguro Social, luego fue reubicada en el cruce del libramiento que lleva su nombre con la calle de Martínez y el paseo que continua esta vialidad con el nombre de Fidel Villarreal y finalmente, reubicado a un lado del puente rojo, en el cruce del bulevar Pérez Treviño con Román Cepeda, monumento donde aparece de cuerpo entero y con las manos dentro de los bolsillos del pantalón, una escultura imponente que dominaba el sitio de día y de noche, aunque en los últimos años, de noche solo se apreciaba un oscuro bulto sobre un pedestal por la falta de iluminación, hecho que se repite en lo que hoy es su nueva reubicación, donde solo recibe la luz artificial del libramiento que lleva su nombre, en un modesto pedestal de baja altura. 

El olvido de los hombres que en su tiempo aportaron su esfuerzo para mejorar las condiciones nacionales, es un síntoma clarísimo de esa enfermedad llamada tecnocracia, enfermedad que no tiene más ídolo que una computadora ni otro nexo moral, que el que se produce con fugaz duración, entre un superior y un subordinado. El 20 de noviembre de 1980, se inauguró este monumento en Piedras Negras, construido a iniciativa del gobernador Óscar Flores Tapia, quien inauguró la rotonda y el presidente municipal Humberto Acosta Orozco develó el monumento, que aún se mantiene en la ciudad, aunque en otro lugar. El sábado 11 de abril de 1986, fue otra fecha importante dentro del extenso currículum vitae del general, porque volvieron a tierras coahuilenses sus cenizas, ya que Manuel Pérez Treviño, había fallecido el 29 de abril de 1945, en Nueva Rosita, Coahuila, cuando cruzaba de viaje por este lugar, en circunstancias nada claras. Fue sepultado en primera instancia en el panteón español de la ciudad de México. 

Durante la reubicación de sus restos, el traslado de sus cenizas no estuvo investida de los honores castrenses que su alto cargo militar ameritaba, ni de los que debió hacerle la autoridad civil, ni mucho menos los militantes del partido del que fue su cofundador. Solamente sus familiares concurrieron a las sencillas honras fúnebres en el panteón Santo Cristo de Saltillo. Hoy, sus restos descansan en una modesta tumba de la ciudad capital de nuestro estado, estado que en alguna ocasión gobernó, junto a los suyos. Dado el olvido en el que hoy le tenemos, es probable que solo sus familiares lo recuerden. Sin duda, un personaje mas que hace efectiva la ineludible e infalible ley del tiempo, como lo es el olvido.

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