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¡Clonada!

Por Guadalupe Loaeza

Hace 3 años

Hace unos días me llamaron de mi banco para avisarme de varios cargos que jamás hice: “Clonaron su tarjeta de débito. El 19 de noviembre hicieron un cargo de 8 mil pesos en una tienda departamental y así hay varios cargos de origen sospechoso. Hay alguien cercano que está utilizando su información”. Al escuchar lo anterior casi me desmayo. En ese momento me expliqué por qué mi tarjeta estaba bloqueada y no la podía utilizar. ¿Quién carajos la estuvo utilizando? ¿Alguien cercano a mí? ¿Qué tan cercano? ¿Quién era el ladrón y el traidor? Desde que recibí esa información no duermo, no como y no gasto. ¿Alguien cercano a mí? Oh, my God, ¿estaré durmiendo con el enemigo? ¿Será él, mi compañero supuestamente sentimental? O, ¿quién más? ¿Alguno de mis nietos? ¿Una de mis amigas? ¿Quién, Dios mío, quién es tan cercano dispuesto a robarme? ¿Habrá sido un chofer que tuve hace tiempo y en quien confiaba ciegamente? ¿Quién, quién, quién?

Odio esta época del año en la que el consumo se desborda a un grado explosivo y que por añadidura también hay un real “auge” de fraudes con tarjetas. No hay nada más fácil en el mundo que clonar un plástico y nada más difícil que protegerse: “La clonación de tarjetas toma segundos con los skimmer. Por su tamaño, es fácil que un defraudador pueda esconderlo con facilidad en la palma de su mano o introducirlo sin dificultad en la ranura de cajeros automáticos. Al deslizar tu tarjeta, copian los datos del plástico y hacen operaciones fraudulentas a tu nombre”. Esa persona “cercana a mí” como me dijo el funcionario del banco, ¿tendrá su propio skimmer? “Un skimmer de bolsillo es un pequeño dispositivo que se esconde en las ranuras de terminales de cobro para robar información de tarjetas de crédito y débito, y clonarlas al momento de ser deslizadas. Según Proteja su Dinero, publicación de la Condusef, por su discreto tamaño, el skimmer es fácil de esconder en la ranura de la terminal, donde se desliza la banda magnética de las tarjetas, para hacer cobros de bienes o servicios.

Qué abrumadora temporada en la que todo el mundo como poseso trata de aprovechar las supuestas ofertas que se dejan ver y escuchar por todos los medios: Buen fin, Black Friday, Compre ahora y pague en marzo, Aproveche nuestras ofertas de Navidad, Viajes de Fin de Año para recibir Año Nuevo, Hasta 80% de promociones Navidad y Año Nuevo, Las mejores ofertas de Noche Vieja, etcétera, etcétera. Aún faltan días para Navidad y tal parece que faltaran escasas horas para celebrarlo. Hace casi un mes empezó a aparecer la perniciosa publicidad, los arbolitos y adornos de Navidad, los santa closes, lucecitas, y las llamadas telefónicas diciendo: “¡Ya sé qué quiero de Navidad!”.

Por lo pronto, este año me rehúso a poner árbol de Navidad e incluso, nacimiento. Me rehúso a gastar en regalos, me rehúso a caer en tentaciones y a quedar bien a toda costa. Que nadie me regale nada, que nadie me invite a nada y que nadie me desee Feliz Año. Sí, me he ido amargando de más en más, me estoy volviendo una cascarrabias y una señora desconfiada y egoísta. Que nadie me moleste, que nadie me regale y que nadie intente darme gusto. Sí, sí estoy muy enojada porque me clonaron la pinche tarjeta. ¿Por qué a mí, a una pobre señora de la tercera edad? ¿También clonan las tarjetas de Bienestar? Ya sería el colmo.

Y me sigo preguntando: ¿quién será esa “persona cercana a mí” que osa apoderarse de mi miserable patrimonio? ¿Le clonarán también la tarjeta a Elon Musk? Investigando en las redes, me di cuenta que hay muchos métodos para clonar una tarjeta: “Mediante el pishing también pueden clonar tu tarjeta, ya que basados en el temor y la preocupación que puede causarte algún contratiempo en tu tarjeta, los estafadores se hacen pasar por ‘tu banco’ mediante un correo electrónico o en redes sociales, y te advierten que hay un cargo indebido y necesitan verificar tus datos”. Mientras avanza una tecnología que promete mejorar las condiciones de vida del ser humano, al mismo tiempo se desarrolla una tecnología oscura para el robo de la identidad, la estafa y destrucción.

Vuelvo a lo mismo: ¿quién será la persona cercana a mí que me clonó mi tarjeta sin pedirme permiso? Yo que soy tan generosa se la hubiera dado, sin necesidad de clonarla. Afortunadamente ya tengo una nueva tarjeta cuyo Pin, está puesto en número romanos. ¿Cuál era?

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