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Coahuila

La última cara

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

¡El mal ya estaba hecho!

Agosto 12 de 1965

Señorita Concepción Rodríguez Narro

“Estimada señorita:

Recibí su atenta carta del 5 del presente y me permito indicarle que el edificio a que se refiere fue demolido, porque en opinión de los ingenieros que lo revisaron cuidadosamente, no ofrecía garantías de seguridad para las personas que lo frecuentaran y, como usted sabe, últimamente se han tenido en toda la República y en la capital especialmente, lamentables experiencias por derrumbes de edificios en malas condiciones.

Tenga usted la seguridad que haremos todo lo posible por construir un edificio que esté de acuerdo con el buen gusto del pueblo de Saltillo, al que estima y respeta nuestro sistema”.

Atentamente

Manuel Espinoza Iglesias

 

El mal ya estaba hecho. Sucumbieron más de 60 años de historia de un edificio que era emblemático de la capital del estado, el Hotel y Banco de Coahuila, ahí donde el mártir de la democracia, Francisco I. Madero, arengara a los saltillenses para romper las cadenas de la dictadura de Porfirio Díaz que se empotró en el poder.

Es la última carta o el intercambio epistolar que tuvo Conchita Rodríguez Narro, con Manuel Espinoza Iglesias, el famoso  y celebérrimo propietario de la cadena del Banco de Comercio (Bancomer), quien no solo compró el edificio emblemático de Saltillo, sino las conciencias de las autoridades y de los propios socios del Banco de Coahuila.

Fueron también fallidos los intentos de la señorita Rodríguez Narro ante el alcalde Roberto Orozco Melo y el gobernador Braulio Fernández Aguirre, para evitar la demolición del edificio que en ese entonces era el más alto de la ciudad, construido con cantera traída especialmente de San Luis Potosí, cantera que fue localizada en una barda de una residencia del sur de la ciudad, incluyendo cornisas, repisas y columnas.

Desde entonces ha existido malestar por la demolición o desmontaje del edificio del Banco y Hotel Coahuila, que estuvo ubicado entre las calles Allende, Juárez, Morelos y Victoria.

No se trataba de cualquier hotel, sino del más moderno, reconocido e imponente en cuanto a construcción en la capital coahuilense a inicios del siglo 20.

El inmueble era majestuoso, a comparación con el resto de los pequeños comercios céntricos de apenas un piso.

Cuatro plantas o pisos tenía, gruesas columna estilo neoclásico y orden jónico, recubierto de cantera rosa proveniente de San Luis Potosí. Las ventanas arqueadas y rectangulares, construcción que lo hacía verse imponente, grandioso ante propios y extraños.

 

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