Un año más que termina. ¿Cuántas aventuras nuevas nos sorprendieron durante estos meses? ¿Cuántas experiencias nuevas nos aguardó este año? ¿Cuántos viajes? ¿Cuántos amores? ¿Cuántos encuentros con lo extraordinario? ¿Cuántas vivencias buenas, malas, cotidianas, memorables? El recuento de cada una de las cosas que vivimos este año cada quien lo sabrá enumerar. Porque cada cabeza es un mundo, cada individuo un universo.
Sin embargo, tú que me lees, algo nos acompañó durante este año que se va que es muy preciado para ti y para mí: La Música.
Todas las cosas que pasaron durante los últimos 12 meses las podemos recordar con música, con alguna pieza en particular; con el movimiento de alguna sinfonía o un concierto; con la ejecución de algún intérprete que tocó nuestro corazón; con el concierto al que asistimos y nos arrebató el aliento; con el descubrimiento que nos hizo amar más la música.
La música es inagotable y aunque la sensiblería nos haga ponerle memorias y suspiros a determinadas obras, es lo que hace grande al arte: podemos experimentarlo desde nuestra propia experiencia y hacerlo nuestro.
Por supuesto que una apreciación más objetiva es necesaria, pero no neguemos que parte de nuestro amor a la música y las artes es que podemos descubrir algo de nosotros mismos dentro de cada obra. Nos definimos en gran medida por lo que escuchamos, es innegable; nos forjamos con cada lectura que llega a nuestras manos; pincelada a pincelada nos vamos formando con cada pintor que apreciamos, con cada nota que escuchamos y letras que leemos.
¿Cuáles fueron las obras musicales y artísticas que acompañaron y cautivaron sus días este año? Recordemos, que lo que recordamos es lo que forma nuestra identidad. La segunda sinfonía de Gustav Mahler, Resurrección, en el auditorio de Barcelona me mostraron el universo contenido en una ora. Las Horas, dirigida por Nezet-Seguin, de Kevin Puts, una ópera que me quitó el aliento y me estrujó el corazón. Los musicales que preparo o que compongo y me mantienen creativo.
Pero también el puntillismo perfecto y abrumador de Seurat, la lectura de los lieder de Schumann… y tantas obras que resta por conocer. Pero este año no es un año que haya sido estéril para años venideros, el 2023 será un año que traerá más arte por vivir, por hacer y compartir. Es mi deseo que en el recuento de tu año todas las cosas, incluso las malas, ayuden a forjar tu persona y que en medio de estas memorias pasadas y por venir la música y el arte siga acompañando tus días.
Feliz año nuevo.
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