Ricardo Mejía despertó del letargo a un estado donde aparentemente nunca pasa nada y lo puso en movimiento. Entretanto las oposiciones —incluido Morena— pactaban con el PRI para mantener el statu quo y obtener posiciones que no pueden conseguir con votos. Las señales sobre su candidatura eran inequívocas: el presidente Andrés Manuel López Obrador lo envió a Coahuila para sacar adelante la revocatoria de mandato boicoteada desde el poder; recibió apoyo de empresarios, cuadros políticos y grupos sociales; atrajo a liderazgos de otros partidos; alentó la disidencia y puso en jaque el cacicazgo del clan en el SNTE, cuyo control de las secciones 35 y 38 le fue arrebatado en las primeras elecciones democráticas.
«¿Cuándo ha convocado el senador Guadiana a una marcha (…), a un evento?», cuestiona Mejía en el video donde descalifica, «por sesgada», la encuesta de la comisión de elecciones de Morena en favor del empresario. Guadiana «no genera ánimo social», sino animadversión: descalifica al Presidente, critica su obra y guarda una «relación de compadrazgo y afinidad» con los contrarios. «¿Cómo va a defender la 4T alguien que cohabita con sus enemigos y adversarios?». Mejía anunció movilizaciones en el estado. López Obrador cerró el caso horas después y exhortó a su colaborador a acatar el resultado. Mejía guardó silencio tres días y reapareció el 15 de diciembre en la rueda de prensa de los jueves donde tiene a sus cargo la sección Cero Impunidad.
La conferencia ya había terminado cuando el nombre de Guadiana flotó en el ambiente. Los reporteros querían saber sobre el futuro de Mejía. ¿Dejaría el cargo después del berrinche? López Obrador lo tomó del brazo y juntos regresaron al estrado. «Eso sí es importante que yo se los diga. Va a continuar Ricardo como subsecretario de Seguridad Pública, nos ayuda mucho, le tenemos toda la confianza, pero además me va a representar en Coahuila porque tenemos proyectos que son muy importantes para el pueblo».
Con respecto al proceso de Morena para prefigurar su candidato a la Gubernatura, el Presidente dijo que Mejía —«con mucha responsabilidad y madurez» (?)— ya había aceptado la decisión tomada a partir de las encuestas. «Es un ejemplo, Ricardo. Ya más no les voy a seguir diciendo». No agregó nada porque ya lo había dicho todo: Mejía seguirá en el gabinete, pero además representará a AMLO en Coahuila. En principio le asignó tareas que por su sensibilidad e impacto social se han politizado: mantener la paz, «darle salida al problema complejo de Altos Hornos de México» y atender el Programa Agua Saludable para La Laguna. Mejía no coordinará los Comités de Defensa, pero tiene una trinchera desde la cual podrá combatir a los adversarios de la 4T y ganar presencia en el estado.
López Obrador se refirió tangencialmente a las versiones según las cuales Morena y Mejía representaban un peligro para Coahuila, pues, de ganar, las balaceras regresarían a Coahuila. «Se manejó mucho, por politiquería, que iba a desaparecer el Mando Especial de La Laguna. (…) no es cierto. Esto me lo plantearon en una reunión que tuve hace como una semana con empresarios aquí en la Ciudad de México. De repente se paró un empresario y me dijo: ‘Oiga, ¿y por qué van a quitar el Mando Especial de La Laguna?’; le digo: Pues es la primera vez que lo estoy escuchando. Pero es parte de la politiquería para echarle la culpa al Gobierno federal. Entonces (Ricardo), ayudándonos en esto».
En su doble carácter de subsecretario de Seguridad y representante del presidente López Obrador, Mejía realizó una gira por varias regiones del estado para agradecer el apoyo a su candidatura, en la cual insisten sus simpatizantes. También anunció la creación del Movimiento Coahuilense por la Cuarta Transformación, con la frase del catcher de los Yankees, Yogi Berra: «Esto no se acaba hasta que se acaba».
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