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Coahuila

Del amor incondicional, del desapego y de otras tragedias patriarcales…

Por Irene Spigno

Hace 3 años

Una de las herencias más arraigadas de la cultura machista y patriarcal en la que todavía vivimos es la concepción del amor incondicional y trágico. Quizás, uno de los principales ejemplos de este amor es el de los enamorados más famosos de todos los tiempos: Romeo y Julieta, cuya historia de amor es el producto de la pluma del dramaturgo inglés William Shakespeare.

Estoy segura de que todas las personas que leen esta columna conocen muy bien la historia. Romeo y Julieta pertenecen a dos familias rivales y enemigas (los Montesco y los Capuleto), y se enamoran. Sus familias obstaculizan su amor, pero ellos no se dan por vencidos debido a que creen firmemente que el amor todo lo puede. Es así como deciden optar por un matrimonio secreto.

Tras una serie de acontecimientos violentos entre los hombres de las dos familias (lo que hoy llamaríamos el clásico “lio de faldas” entre machos que se pelean por el control sobre una hembra), la familia de la pobre Julieta la obliga a casarse con un hombre que ellos mismos escogieron y, debido a esta decisión, Julieta toma un narcótico para fingir su muerte.

Romeo recibe la noticia de la muerte de Julieta sin saber que se trataba de un plan para que ella evitara el matrimonio al que su familia la estaba obligando, y él mismo se suicida porque no puede vivir sin ella.

Obviamente la historia es un poco más compleja y llena de intrigas. Este resumen tan sintético solo nos sirve para entender el cómo crecimos con la idea de que el amor, mientras más enfermizo más bonito, y como las relaciones de pareja deberían ser de dos y, en cambio, muchas veces parece que se convierten en un proyecto comunitario.

Empecemos desde el principio: el concepto de amor incondicional. Como en todas las cosas, también en el amor hay que aprender a poner límites. Límites internos a la pareja (ya sabemos que las relaciones de pareja no son siempre perfectas): para esto hay que negociar y saber hasta qué punto una persona se siente cómoda y a gusto con las rarezas o defectos de la otra persona.

La palabra clave que nunca puede faltar es el respeto. El amor puede ser incondicional, sí, siempre y cuando exista respeto. Sin respeto, no hay amor y menos aún incondicionalidad. Y tampoco puede haber amor incondicional si no existe responsabilidad afectiva. Esto significa preocuparnos de los efectos o consecuencias que nuestros actos pueden tener en las emociones y sentimientos de la otra persona. Está bien ser libres y hacer lo que nos hace felices, pero si amamos a alguien tenemos que preocuparnos de cómo hacemos sentir a esa persona. Esta es una de las grandes responsabilidades del amor.

El segundo punto importante que nos enseñan Romeo y Julieta es la comunicación. Romeo no recibe la información del plan que tenía en mente Julieta (claro, eran otros tiempos, las comunicaciones eran mucho más difíciles). Convencido de su muerte, se suicida. Y aquí entra en juego otro gran estereotipo patriarcal con el que crecimos y que, estoy segura, podemos identificar claramente con el concepto de apego.

Nos educaron para que, cuando estamos en pareja, nos perdamos completamente en la otra persona. Las mujeres más que los hombres. A las mujeres, la sociedad les exige que se anulen a sí mismas para servir a la pareja y a la familia; de no ser así, recae el estigma social que la señala como una “mala madre, esposa y mujer”. Nos enseñan que cuando termina una relación es una tragedia. Claro, existen las tragedias. Perder a una persona importante en un accidente o por una enfermedad o por otro evento inesperado es una tragedia muy difícil de superar.

Pero cuando termina una relación porque no hay reciprocidad, no hay equilibrio, no hay interés mutuo, no hay amor… no es ninguna tragedia. Al contrario, es un enorme regalo que la vida nos está dando. Como dijo Mario Benedetti: “¿Por qué debería estar triste? He perdido a gente que no me amaba, pero ellos perdieron a alguien que los amaba”. Deberíamos aprender a amarnos más y evitar cualquier forma de apego emocional tóxico.

 

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