A pesar del riesgo de quedar como un aficionado al chisme y a la intriga, en esta columna reseñaré y me referiré a los nuevos problemas, conflictos y encontronazos que los candidatos, dirigentes y funcionarios de Morena en Coahuila, sacan a la luz pública cada día. Lo anterior con el único propósito de aprovechar esta tan malsana y evidente afición para tratar de informar al electorado.
Como muchos saben, a partir de que la dirigencia nacional de Morena, a través de su líder nacional, anunciara las encuestas, como método de selección de sus candidatos a la Gubernatura de Coahuila para el proceso eleccionario de este año en nuestro estado, cuatro figuras que aseguraban pertenecer a la ideología del Presidente de México, de manera inmediata emprendieron sendas campañas electorales con la inequívoca intención de posicionar su imagen y tomar delantera en la contienda constitucional y de paso tratar de ganar la encuesta que el mismo partido proponía como método de medición de la popularidad de estos cuatro.
Previo al arranque de estas campañas, los cuatro aspirantes dijeron aceptar y pasar por este mencionado método de selección, jurando aceptar y respetar los resultados del mismo. Así pues y con las reglas definidas, estos suspirantes a la candidatura morenista, sin reservas o prudencia, se dieron vuelo promoviendo su imagen en redes sociales, espectaculares, reuniones, ruedas de prensa, cabalgatas, cruceros y hasta reuniones informativas de seguridad nacional.
Por desgracia para ellos, el día de revelar los resultados de tan peligrosas encuestas llegó, arrojando como ganador al más popular de ellos. A partir de entonces, la vida política al interior de Morena se convirtió en verdadero infierno. Por un lado, el competidor elegido se volcó en festejos y vanaglorias, mientras que el tercer lugar se dedicó a reclamar, denostar e insultar tanto al ganador como a los dirigentes nacionales, estatales y locales, asegurando que el proceso de selección de candidatos había sido una escandalosa cochinada.
Pues bien, este rebelde competidor de nombre Ricardo Mejía Berdeja, no paró ahí, y después de renunciar al puesto de subsecretario de Seguridad Pública federal, que le había confiado el presidente Andrés Manuel López Obrador, arremetió contra sus compañeros y buscó la candidatura por cualquier otro partido que se la propusiera, consiguiéndola del Partido del Trabajo en Coahuila, misma que hasta el día de hoy detenta.
Así pues, el ya precandidato del PT a la Gubernatura de Coahuila, en días pasados, siguió acusando a Mario Delgado, dirigente nacional de Morena, de corrupción atribuyéndole negocios relacionados con consultorías en campañas electorales; de su adversario por Morena, Armando Guadiana Tijerina, entre otras muchas acusaciones. En respuesta, el líder nacional de ese partido le acusó de malagradecido y hasta de vendido.
Esta confrontación llegó hasta el Presidente y este, lejos de calmar los ánimos de estos personajes, avivó el fuego al mencionar que Ricardo Mejía se había largado sin siquiera dar las gracias o por lo menos despedirse, pidiéndole que evitara, en lo sucesivo y posible, utilizar su nombre para hacerse fama. Como en zafarrancho, el ahora candidato del PT reaccionó a los dichos del Presidente, diciendo que, así como se hacen consultas sobre el aeropuerto, el Tren Maya o la Revocación de Mandato, se podían hacer consultas a las bases o elecciones internas de los partidos. Dejando entrever que todas ellas adolecían de veracidad.
Ante tales hechos, desde hoy podemos adelantar que, al final de la contienda electoral de este año, en nuestro estado, pocas novedades o sorpresas tendremos. Y es que, aunque no lo queramos aceptar, los candidatos del partido que juraba lograría la alternancia en nuestro estado, han pasado de ser una opción, para convertirse en un ejemplo de lo peor de la política.
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