Saltillo|Monclova|Piedras Negras|Acuña|Carbonífera|TorreónEdición Impresa
Destaca Harfuch fortalecimiento de inteligencia en seguridad CFE registra pérdidas por 23 mil 310 millones de pesos en el tercer trimestre Se queda el IEC un año más sin presidencia ¡Imparable! Cristiano Ronaldo marca hat-trick y queda a 15 goles de los mil El diagnóstico tardío de la enfermedad renal le cuesta a México casi 70 mil vidas al año

Zócalo

|

     

Opinión

|

Información

< Opinión

 

Coahuila

Sucesión enrevesada

Por Gerardo Hernández

Hace 3 años

La fuerza de Ricardo Mejía derivaba de su cercanía con el presidente Andrés Manuel López Obrador. Ahora ya no la tiene. Separarse del Gabinete —«sin decir adiós»— para buscar la Gubernatura de Coahuila por el Partido del Trabajo es un acto valeroso, pero lo aísla y coloca en una situación precaria e incluso comprometida. No es igual competir por el partido dominante que por uno marginal como es el del Trabajo, cuyo registro ha estado en riesgo varias veces por falta de apoyo en las urnas. Mejía aceptó las reglas de Morena para designar a su candidato, pero desconoció el resultado al favorecer a otro. Los argumentos esgrimidos pueden ser plausibles e incluso el procedimiento mismo es cuestionado, pero si dudaba de su objetividad, debió impugnarlo antes o abstenerse de participar.

Mejía salió de Coahuila hace 18 años, después de ser diputado, líder del sector popular del PRI y funcionario, para hacer política en otros estados, pues aquí los Moreira les cerraron las puertas a cuadros valiosos. Si deseaba ser Gobernador y no parecer extraño, el momento para regresar era hace cuatro años. Su incorporación al equipo del presidente López Obrador le permitía hacerlo desde una posición de poder, sin correr riesgos ni entrar en conflicto con un Gobernador bien calificado. El espacio natural para el retorno de Mejía era La Laguna, de donde es oriundo.

El exsubsecretario de Seguridad Pública volvió a Coahuila apenas en abril pasado, cuando vino a promover la revocatoria de mandato. A partir de entonces dedicó los fines de semana a desplegar actividades en las distintas regiones del estado para preparar su camino hacia la Gubernatura. Desatender su responsabilidad como funcionario federal mientras el país registraba graves escaladas de violencia, envió un mal mensaje. Sus adversarios aprovecharon para descalificarlo y presentarlo como un riesgo para la paz. Su eventual candidatura —propalaron— significaba regresar a un pasado de violencia cuyo costo en vidas fue muy alto.

Mejía no actuó a escondidas, sino a ciencia y paciencia del Presidente de la República, quien, no en pocas ocasiones lo elogió. Los secretarios de la Defensa, Luis Crescencio Sandoval; de Gobernación, Adán Augusto López; de Seguridad Pública, Rosa Icela Rodríguez; y de Economía, Tatiana Clouthier, lo acompañaron en reuniones y ceremonias en Torreón y Monclova. La señal parecía inequívoca: Mejía era el favorito de AMLO para la Gubernatura, y así lo asumió la mayoría. De otra forma no se explican las renuncias de cuadros del PRI, el PAN y otras fuerzas para sumarse a su proyecto.

Consciente de sus debilidades, entre ellas el desarraigo, Mejía se saltó la ley electoral —aplicada siempre a conveniencia— y cubrió el estado de espectaculares con su fotografía. La estrategia no se reflejó en las encuestas de conocimiento. Sin embargo, en el terreno político logró avances significativos. La decisión de postularse por el Partido del Trabajo, con el aparente enojo de López Obrador, se basa, justamente, en el entusiasmo generado no solo en las bases y en el consejo político de Morena, sino también diversos sectores; unos agraviados por el «moreirato» y otros deseosos de un cambio en la conducción política del estado.

El PRI gobierna Coahuila desde hace 93 años de manera ininterrumpida. Su candidato, Manolo Jiménez, aventaja en las encuestas, pero serán los ciudadanos quienes decidan, con su voto, el futuro del estado. La posición del presidente López Obrador debilita a Ricardo Mejía —y acaso sin querer lo victimiza— pero no fortalece a Armando Guadiana. Sin el apoyo del PT, el Partido Verde y de una parte de Morena, el empresario queda más expuesto a la derrota. Es cierto, algo huele a podrido en Dinamarca.

 

Notas Relacionadas

Se queda el IEC un año más sin presidencia

Hace 30 minutos

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 5 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 5 horas

Más sobre esta sección Más en Coahuila

Hace 5 horas

China, los BRICS y la hegemonía del dólar

Hace 5 horas

Rumbo al 3 de noviembre – Entre predicciones y kamikazes

Hace 12 horas

Confirmado y amarrado