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Coahuila

Valiente decisión

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

El médico saltillense Luis Morales Benavides defendió su ética y causó baja fulminante de la empresa, tras negarse a firmar los apócrifos certificados que avalaban el estado de ebriedad de los tripulantes del tren peregrino, procedente de Real de Catorce, ocurrido el 4 octubre de 1972, en el paraje conocido como Puente Moreno, al sur de la ciudad de Saltillo.

El director general de Ferrocarriles Nacionales de México, Víctor Manuel Villaseñor, pretendía que el doctor Morales Benavides, extendiera certificados falsos, pues no había evidencias de que los encargados del convoy accidentado estuvieran alcoholizado.

El accidente causó más de 300 muertes y casi un millar de heridos.

El director del Hospital Ferrocarrilero de Saltillo, Luis Morales Benavides, no solo se negó a firmar certificados médicos apócrifos, sino a declarar ante el Ministerio Público para inculpar a los rieleros.

Los médicos que atendieron a los tripulantes heridos no encontraron evidencia, ni olor a alcohol, y para mayor abundamiento los exámenes en sangre no revelan etílico alguno.

Enterado de tal situación, el entonces senador de la República, Óscar Flores Tapia, intercedió a favor de Morales Benavides ante el presidente Luis Echeverría, quien los escuchó con atención y creyó en la palabra del buen médico.

Era domingo y les dijo que fueran al domicilio de Villaseñor, que ya estaba enterado del asunto. Los recibió en  pijama y sostuvo su dicho: ¡Estaban ebrios los miembros de la tribulación!

Flores Tapia terció:

-Estás equivocado, no lo pudiste probar.

-Pero…

-Ningún pero, ¿vas a desobedecer al presidente Echeverría?

Y fue repuesto al doctor Benavides en el cargo, al cual renunció inmediatamente, pues no perdonó el trato tan indigno que se le dio, pues se puso en duda su calidad moral y su ética profesional.

Según un miembro de la tripulación, el único culpable fue Víctor Manuel Villaseñor, gerente general de Ferrocarriles Nacionales de México, pues el convoy de la muerte estaba destinado desde hacía tiempo a los hornos de AHMSA de Monclova como chatarra.

“Fue una noche trágica, nadie desearía terminar con tantas vidas humanas, no hubo alcohol ni mujeres; quien ordenó pegar más carros al tren de peregrinos fue la misma gerencia de la Ciudad de México que no ignoraba las consecuencias que pudiera tener tremenda decisión,  además el tren ya estaba  inventariado como chatarra y su destino la fundidora de Altos Hornos de México en Monclova”, declaró el garrotero Juan Juárez Alvarado.

 

La tripulación:

Melchor Sánchez Echevarría maquinista, Jesús Rocha Serna conductor,  Ignacio Carrizales García fogonero, y los garroteros eran Pedro Rodríguez Barbosa y Juan Juárez Alvarado. Siete años duraron en prisión y fueron absueltos e inculpados.

 

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