No acabo de entender por qué hay personas a las que les gusta darle tanta vuelta a ciertos asuntos que son de suma importancia. Demasiadas explicaciones que no conducen a nada; solo a perder el tiempo.
Y el tiempo es algo tan valioso que se debería aprovechar cada instante, aunque no siempre lo hacemos.
El caso de la aún Ministra de la Suprema Corte de la Nación, Yazmín Esquivel, no tiene vuelta de hoja. Desde que fue expuesta ante la opinión pública por haber plagiado la tesis que presentó para obtener el título de abogada, por el solo señalamiento debió solicitar permiso -lo mejor era renunciar- al cargo.
Sin embargo no lo hizo; debió hacerlo por respeto a sí misma para que se aclarara el vergonzoso asunto de la tesis y demostrar si realmente ella es la dueña legítima del documento. La ministra, con su actitud ha dejado ver su soberbia -quizás se siente protegida por el inquilino de palacio- y poco le importa el descrédito que la acompaña.
“¿Quién no ha copiado alguna vez?” Hay quien trata de justificarla. No se trata de copiar en una clase, en un examen o de llevar escondido un “acordeón” para sacarlo si es necesario, burlando la vigilancia del maestro.
De lo que se trata es de un robo, de haberse apropiado del trabajo que otro alumno realizó para cumplir un requisito y poder titularse. Un título que lo acreditará como profesionista y formará parte de su ficha curricular y con el que podrá desarrollarse profesionalmente poniendo en práctica los conocimientos adquiridos como estudiante universitario.
Quienes decidimos y tuvimos la oportunidad de realizar una carrera universitaria, sabemos lo que significa obtener un título. En la vida no todo es regalado, lo que consideramos importante, cuesta. Significa esfuerzo, inversión, sacrificar tiempo; pero al final, cuando se llega a la meta después de perseverar en el estudio por convicción y deseos de superación representa una gran satisfacción.
Satisfacción personal y orgullo familiar.
Por tal motivo me parece verdaderamente irrelevante la expresión de Ignacio Mier, coordinador de los diputados de morena al decir que “yo no me titulé porque eso era un fraude, soy autodidacta por congruencia”.
Si para el señor Mier significa fraude obtener un título, es muy su opinión. Aunque en lo personal no la comparto.
En mi opinión, los fraudes los cometen personas deshonestas no los documentos por sí solos. Un fraude significa, por ejemplo, haber plagiado una tesis; robar un trabajo y presentarlo como propio. O inscribirse en la universidad y permanecer en ella haciendo “grilla” en lugar de estudiar y muchos años después obtener el título.
¡Qué oso! Dirían los jóvenes, hoy. ¿Quién desea ir a la escuela a perder el tiempo?
El fraude es un delito; y puede darse también cuando se afecta al trabajador en su salario al descontarle un porcentaje que va a dar a campañas políticas de un partido manipulado por gente deshonesta. Descuento que se hace sin autorización del empleado a quien se daña en su economía.
Mega fraude es el que se cometió al desaparecer los fideicomisos; el dejar a los niños enfermos con cáncer sin sus tratamientos. ¿A dónde fue a dar todo ese dinero? No solo se considera fraude sino también robo y traición.
Traición a México, a su Constitución, a sus instituciones.
Como si fuera poco, al no contar los ciudadanos con dignos representantes en la Cámara de Diputados, ya que la mayoría representa a sus propios intereses, a los de su partido y se someten a la voluntad del presidente, no les importa traicionar nuestra Carta Magna pisoteando las leyes a su antojo y conveniencia.
De ahí que solo veamos ocurrencias más que propuestas dignas de ser analizadas. “Vamos a “proponer” que las mujeres no vayan a trabajar un día al mes por menstruación dolorosa”. “Vamos a proponer que después de cinco años de titularse ya no se pueda retirar el documento” (el propósito es proteger a la aún ministra) ¡Por favor! Compórtense con seriedad y desquiten la “dieta” y los beneficios que reciben, pagados con los impuestos de los ciudadanos.
Al no resolver el caso de plagio que pesa sobre Yazmín Esquivel, lo único que están logrando es que se pierda credibilidad en la honorabilidad y certeza de la señora a la hora de emitir su voto como Ministra en la SCJN en asuntos que son de suma importancia para la vida nacional. No olvidemos que hay temas pendientes por resolver para definir el futuro de nuestro México, del que pretenden adueñarse con
artimañas.
Además, si las autoridades universitarias la justifican, sentarán un pésimo precedente. Hay que tener presente que la UNAM goza de gran prestigio por su calidad académica.
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