“El grado de emancipación femenina determina naturalmente la emancipación general…” Marx
El ascenso de las políticas neoliberales en la primera década del 2000 fue especialmente duro para las mujeres trabajadoras, sometidas a una sobreexplotación que las ha llevado incluso a renunciar a la maternidad a fin de permanecer en el mercado de trabajo en una escalada de violencia ilegítima aunque legal.
¿Cómo pudimos enfrentar esta interpretación radical del capitalismo, una vez que la identificamos en su fase decadente que nos priva de derechos y polariza la lucha de clases?
En todo el mundo la respuesta fue el surgimiento de movimientos de izquierda democrática aunque también en menor medida algunos movimientos electoreros de la derecha, lo cierto es que se dio una crisis de los partidos tradicionales que se vieron rebasados.
En México esta polarización hizo que las indignadas y los indignados iniciaríamos un movimiento contestatario para organizarnos desde abajo.
Así surgió Morena, el Movimiento de Regeneración Nacional, como un instrumento para darle al pueblo la participación que los partidos políticos tradicionales le condicionaban.
En medio de esa polarización se debate el papel que juega el movimiento de las mujeres en contra del modelo patriarcal que nos ha mantenido por siglos oprimidas, y cobran vigencia las palabras que pronunciara Rosa Luxemburgo en las segundas jornadas de mujeres socialdemócratas en Stuttgart el 12 de mayo de 1912: “hoy les toca a las mujeres proletarias evidenciar su madurez al Estado capitalista, y ello mediante un constante y poderoso movimiento de masas que deben utilizar todos los medios de la lucha proletaria. Donde la lucha en favor de los derechos de la mujer son solo una expresión y una parte de la lucha del proletariado por su liberación”.
La contradicción entre mujeres de la burguesía frente a las mujeres trabajadoras que buscan la liberación como algo posible solo cuando se transforme la sociedad, hacen que la visión de género y de clase sea profundamente distinta y por lo tanto que influya e impacte en la sororidad.
Podemos hablar entonces de dos feminismos: uno sistémico limitado a las conquistas formales o burguesas, y otro revolucionario que ve mas allá de las causas biológicas y de las características en la que se organiza la sociedad en base a ellas.
El patriarcado no ha sido el único modelo del origen de la sociedad, es producto de un desarrollo paralelo al de las clases sociales cuando la naturaleza de las relaciones perdió su carácter social y se transformó en algo privado que excluyó a la mujer de la producción social y la encerró en el trabajo doméstico.
Para Engels, la primera forma de familia no se basó en condiciones naturales sino económicas, el triunfo de la propiedad privada que trajo aparejada la preponderancia del hombre en la familia como único objetivo de la monogamia.
Es imposible entonces tratar la sororidad ignorando esta perspectiva y sobre todo reconocer el papel de la lucha obrera y de la lucha de clases en la historia de la lucha por los derechos de las mujeres.
Tenemos que combatir las generalizaciones: cuando alguna mujer rompe el techo de cristal no necesariamente es en beneficio de todas, porque la mera narrativa del triunfo individual no supera lo anecdótico y no impacta en las relaciones de producción, origen del sistema que nos mantiene oprimidas.
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