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La corrupción manda

Por Juan Latapí

Hace 3 años

Cuando Peña Nieto dijo que la corrupción forma parte de la cultura mexicana todo mundo se le echó encima tanto adversarios como simpatizantes se apresuraron a descalificar y desmentir esa afirmación. Sin embargo, tenía razón.

La corrupción está presente prácticamente en todas las actividades de tal manera que ya es vista como algo normal y cada vez menos sorprende. Y aunque se condene solo se hace de dientes para fuera ya que su práctica es común, a veces como modo de supervivencia y otras para conservar el poder del tipo que sea. Obviamente donde la corrupción aflora de manera más evidente es en el ámbito del gobierno donde todos los actores la condenan, dicen combatirla y prometen abatirla, pero en realidad la excepción de la regla es el honesto.

Tan normal es vista la corrupción que difícilmente se puede desasociar de las diferentes corporaciones policiacas municipales o estatales, basta llegarle al precio al representante de la ley para evadir cualquier sanción al cometer alguna falta; obviamente que el monto del soborno es directamente proporcional a la magnitud de dicha falta. De la misma manera, en el aparato judicial la “justicia” está disponible al mejor postor, desde jueces y magistrados hasta simples agentes del Ministerio Público que deliberadamente integran mal el expediente para beneficiar a alguna de las partes mediante algún moche.

Todas las semanas se publican noticias en las que se da cuenta del “aseguramiento” de tráilers repletos de migrantes en condiciones inhumanas, muy cerca de la frontera norte. La única manera de explicarse cómo estos transportes pasan impunemente varios retenes sin ser molestados es mediante el arreglo monetario ante las autoridades involucradas.

Hace unas semanas en Monclova un grupo de prestadores del servicio de transporte de plataforma denunciaron el acoso de un inspector quien mediante una suma de dinero les permite operar legal o ilegalmente, a la par que los taxis prestan su servicio de transporte infligiendo el reglamento correspondiente sin ser molestados, obviamente mediante un arreglo al margen de la ley. De igual manera operan los inspectores de alcoholes.

Otro secreto a voces es la obtención de plazas laborales en diferentes instancias -IMSS, secciones mineras, magisterio, etc.- mediante un soborno ante la persona encargada de realizar los trámites. Lo mismo sucede para conseguir una pensión en el IMSS a través de un pago para obtenerla sin merecerla.

Pero lo más frustrante de todo esto es cuando se quiere presentar una denuncia por algún acto de corrupción porque difícilmente procederá y si logra proceder, la diosa impunidad inclinará su balanza en favor del corrupto. Solo cuando algún pez gordo es juzgado en Estados Unidos por corrupción algo puede pasar.

Hace unas semanas Transparencia Internacional y Transparencia Mexicana presentaron la edición 2022 del Índice de Percepción de la Corrupción (IPC), donde por tercer año consecutivo México obtuvo la calificación de 31 puntos sobre 100 para ubicarse en la posición 126 de los 180 países evaluados por Transparencia Internacional. Así mismo, entre los 38 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, México ocupó la última posición. En el llamado G20, el grupo que incluye a las principales economías del planeta, México y Rusia ocuparon los últimos lugares.

La ausencia de sentencias firmes para los involucrados en los grandes casos de corrupción, como Odebrecht o la Estafa Maestra, o los vinculados con el caso de Agronitrogenados y AHMSA ,ponen en duda la capacidad de la Fiscalía General de la República para ir más allá de la denuncia y llevar a los responsables a juicio.

El mensaje es claro, la corrupción manda y la impunidad se impone por encima de la justicia. A los gobiernos -a todos- no les interesa realmente combatir la corrupción porque es una tarea en la que los resultados se verán en 15 ó 20 años porque a final de cuentas se trata de cambiar la mentalidad respecto a esta práctica nefasta. La única vía es inculcar la honestidad y el combate a la cultura del moche desde temprana edad, pero a los gobiernos -a todos- no les interesa trabajar en la educación de las nuevas generaciones porque quieren ver resultados inmediatos, no les interesa la ética sino conservar el poder. Realmente es una pena.

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