La vida siempre brota, y la joven bombera percibió que un corazón latía asustado bajo el remolque donde se incineraban cientos de kilos de plástico reciclable.
Ante el hecho y sabiendo que su misión es siempre salvar vidas, Perla no se asustó, dejó la manguera en manos de un compañero y se agachó a ver quién pedía auxilio con su suave llorar.
Entre la oscuridad, el brillo del negro pelaje del cachorro se destacó en la oscuridad. Una lengua de fuego lo iluminó y Perla pudo verlo, asustado, con una mirada que lanzaba el mensaje inconfundible de auxilio.
Con el cachorro en brazos, salió a terreno seguro, donde otros compañeros ya tenían en sus manos agua para bañarlo y refrescarlo. Le dieron mucho amor, oxígeno y lo envolvieron en una manta térmica.
Posteriormente fue trasladado a un albergue donde se reporta como estable, mientras los bomberos seguían apagando el fuego, como si salvar vidas fuera cosa de todos los días.
Información por Milenio






















