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Juraba que respetaría el resultado de las elecciones, pero…

Por Rodolfo Villarreal Ríos

Hace 3 años

En estos tiempos no pasa día sin que en una forma u otra se mencione lo que habrá de suceder en 2024 a la hora de las elecciones presidenciales. Ante preocupación tan intensa, por todo lo que se comenta pudiera suceder entonces, al fin historiadores, no pudimos sustraernos a lo que, en varias ocasiones, hemos revisado y tenemos presente siempre cuando la verborrea trata de ocultar la realidad. Nos referimos a lo que sucedió en 1913, época oscura como pocas en el devenir nacional. Con su venia, lector amable, vayamos a dar un repaso a los acontecimientos de aquellos días bajo la premisa de que si eso le parece similar a otro tiempo y a un lugar en específico pues es pura coincidencia. Recordemos, la historia no la hacemos nosotros, nos concretamos a revisarla, analizarla y emitir una  opinión fundada al respecto.

Apenas iniciaba el mes de septiembre, era el primer dia, del año referido en el párrafo anterior cuando el abuelo del poeta Octavio, de nombre Ireneo Paz Flores, en  su diario La Patria publicaba un editorial en el cual expresaba la preocupación que lo embargaba porque hasta ese momento nadie se había pronunciado por querer participar en la próxima contienda electoral por la presidencia de la república. Ante ello, indicaba que ya en ocasiones múltiples  había expresado acerca “de una posible y conveniente candidatura del general Huerta.” A la vez, untándose  el mertiolate antes de sufrir la herida, aclaraba que “no eran de parte de nosotros  sentimientos personalistas los que nos movían a ponernos del lado de esa eventualidad.” Ya colocado el preventivo, indicaba que dadas “las duras circunstancias que vamos atravesando… creíamos y seguimos creyendo que el Magistrado en cuyas manos están actualmente las riendas del destino patrio es el que resume mejor todos los requisitos necesarios para ocupar definitivamente la presidencia de la nación.” Ya en plena carrera lisonjera, el tal Ireneo tomaba vuelo y soltaba: “El general Huerta, desconocido, o casi, hasta los últimos acontecimientos  que lo elevaron al puesto en que está ahora, ha sabido mediante actitudes atinadas atraerse la atención, primero, y después, la simpatía y el entusiasmo de los ciudadanos mexicanos.”  ¿Acaso Paz Flores se puso a departir con Huerta y compartieron algo mas que un café para empezar a sentir  elevaciones y percibir rosas donde era un yermo? Vaya usted a saber, aun cuando no debemos de olvidar que hay metales que pueden generar percepciones agradables capaces de ser plasmadas en el papel.  Y, al parecer, por esos rumbos andaba el ancestro del poeta cuando escribió: “Todos sus actos [de Huerta], todas sus intenciones, al menos, han llevado la orientación sana de las aspiraciones colectivas; se le ha visto, desde que escaló el poder, llevar todo su empeño, toda su buena voluntad para la reconquista del bienestar y de la paz de la república.” Después de mencionar que Huerta lo mismo era necesario para restaurar  el orden y la disciplina que para mantener la paz. Por ello, indicaba, “se hace necesario para presidente de México durante algún tiempo más, un hombre de AUTÉNTICO [las mayúsculas son del original] prestigio militar, experimentado y que haya dado pruebas palpitantes de su valor y patriotismo….el general Huerta sería el mas adecuado para seguir ocupando la presidencia…Para evitar nuevas calamidades de estadistas inexpertos, parece conveniente que nos quedemos con el que nos ha demostrado más de una vez su aptitud y su energía y su buena intención…El pueblo tiene toda su aprobación para el general Huerta y no sería difícil que esa misma Soberanía se incline a recompensar debidamente al Magistrado que tanto bien ha sabido hacerle.” No hay duda, a Paz le pusieron algo en la bebida, le compartieron el cigarrillo o el resplandor del metal lo cegaba. Pero un momento, para cerrar hacia una aclaración al apuntar: “ declaramos una vez aun que no somos huertistas incondicionales, que las opiniones que acabamos de exponer no nos han sido inspiradas sino por las circunstancias actuales, únicamente.” Al terminar de leer estos últimos dos renglones no pudimos sustraernos a considerar que esta era una versión ilustrada de aquella frase que allá en el pueblo, en 1946, pronunciara un político local  cuando, al cerrar su perorata ante el candidato presidencial, dejaba claro que: “Esto que acabo de disirles, naiden me lo escribeo, salió de mi pecho cerebral.” Parecía que las lisonjas de Paz no penetraban en las entenderás de Huerta.

El 21 de septiembre, declaró a la prensa que “su mayor deseo era que la nación entera, con arreglo a la ley, demuestre su voluntad para designar los mandatarios que rijan sus destinos.” Acto seguido, aseguró que no tenía candidato para ocupar el cargo pues eso sería “una anomalía… puesto que el papel que [el gobierno] debe de desempeñar siempre… es el de la mas absoluta imparcialidad.”  En igual forma, aseguraba que los partidos políticos tendrían plena libertad y el gobierno no interferiría en forma alguna para que seleccionaran sus candidatos.  ¿Habrá existido algún ingenuo que se creyera la conversión del felón en un demócrata?

Al parecer si los hubo ya que se registraron cuatro parejas de candidatos. Por el Partido Felixista, Félix Díaz Prieto y José Luis Requena Abreu. El Partico Católico Nacional escogió a Federico Gamboa Iglesias y el general Eugenio Rascón Arce.  El Partido Liberal Republicano seleccionó a David De la Fuente. Inicialmente su compañero de fórmula era el médico y antiguo partidario del vicepresidente Ramón Corral, Gregorio Mendizábal, pero posteriormente se nombró al escritor Andrés Molina Enríquez. El Centro Liberal Independiente lanzó la candidatura de Manuel Calero y Sierra junto con Jesús Flores Magón. No obstante la presencia de estos aspirantes, en el ambiente flotaba la pregunta de si habría o no elecciones. Ante esto, nuevamente, Paz Flores salió, el 3 de octubre, a emitir su opinión.

Indicaba que “es fuerza que haya elecciones porque lo tiene ofrecido solemnemente le general Huerta, proponiéndose a la vez que el sufragio público sea libre entre nosotros como nunca lo ha sido.” No había  duda, o Paz era corto de memoria pues apenas un año atrás se habían dado las elecciones mas transparentes y respetadas de toda la historia, o bien lo tenían bien aceitado. Al parecer no era el único que estaba deslumbrado, en las paginas de La Patria, el 4 de octubre, aparecía un articulo firmado por un tal R. Villalba quien llamaba a Huerta “hombre, hábil, caudillo, salvador…modelo de hombres de hogar …salvador de la república.” Pronto, ese dechado de virtudes que pintaban Paz y Villalba volvería a mostrar lo que era, un felón camino a desnudarse y mostrarse tal cual era, un dictador.

El 10 de octubre, por medio de su  ministro de gobernación, Manuel Garza Aldape, Huerta envió un comunicado-ultimátum a los miembros del legislativo. En él, les enfatizaba como desde que tomó el poder trató de mantener una buena relación con los miembros de ese órgano. Debía de aceptar, sin embargo, haber fracasado ya que “la Cámara de Diputados ha demostrado una sistemática e implacable hostilidad para todos y cada uno de los actos de mi gobierno.” Entre ellos, citaba la negativa de licencia al diputado Eduard Tamariz, miembro del Partido Católico Nacional, para que fuera a ocupar un cargo en el gobierno, así como la negativa de la Cámara para despachar iniciativas enviadas por el Ejecutivo para la organización y reorganización de los servicios públicos y la negativa de otorgarle nuevos subsidios para cumplir con compromisos tanto en el exterior como en el interior. En igual forma, acusaba de que varios diputados militaban en las filas de los rebeldes, al tiempo que otros, amparados en el fuero, conspiraban en contra del gobierno. En forma similar los acusaba de tendencias demagógicas, así como de usurpar funciones del Ejecutivo. Cuando eso sucedió, ya habían  trascurrido dos días que no se sabia el paradero del senador por Chiapas, Belisario Domínguez Palencia, quien seguramente en ese momento ya había pasado por el quirófano de Aureliano Urrutia quien le cercenó la lengua, acto que, este fulano médico brillante ni quien lo niegue, habría de negar durante el resto de su vida longeva  desde la clínica que operabas en San Antonio, Texas.

Por todo lo anterior, Huerta establecía que el único medio de preservar el orden constitucional, salvar a la patria y la dignidad nacional era disolver las Cámaras de Diputados y Senadores de la XXVI Legislatura del Congreso de la Unión. Ante ello, convocaba a elecciones legislativas para el 26 de octubre.   Pero aún estaba dispuesto a darles una oportunidad si atendían su ultimátum. En voz de Garza Aldape, escucharon la queja sobre el trato recibido, al tiempo que les reiteraba la protesta por los acuerdos tomados el dia anterior. Se refería , al acuerdo que tomaron los legisladores respecto a que  que hasta en tanto no se tuvieran noticias respecto a donde se encontraba de Domínguez, la Cámara estaría en sesión permanente, se creaban tres comisiones para investigar el paradero y hacían saber al Ejecutivo que ponía la vida de sus miembros bajo su salvaguarda y en caso de que eso no bastara irían a celebrar sesiones a otra parte.  Por ello, esbirro en calidad de mensajero estaba que trinaba de coraje.

Les advertía “que si esta Asamblea cediendo a estímulos de patriotismo y de justicia, no reconsidera y revoca su acuerdo, suya será la responsabilidad de los acontecimientos a que su actitud de lugar.” Acto seguido, les indicó que esperaría en el recinto la resolución que decidieran tomar. Como respuesta, inmediatamente, el presidente de la Cámara, José María De La Garza, declaró levantada la sesión. Acto seguido, Garza Aldape ordenó que entrara el inspector general del policía, Francisco Chávez, quien leyó la lista de los ochenta y cuatro diputados quienes quedaban detenidos y, posteriormente, trasladados a la Penitenciara del Distrito Federal.   A la par, 32 diputados no fueron detenidos. Dos de ellos por encontrarse ausentes y los restantes 20 por ser miembros del Partido Católico Nacional y los 10 restantes por no haber manifestado posturas contrarias a las de Huerta.

Al día siguiente, Huerta publicaba un desplegado explicando las razones de su acto, al tiempo que convocaba a elecciones para integrar un cuerpo legislativo nuevo. El comunicado lo cerraba indicando: “Solo un compromiso he contraído con vosotros: HACER LA PAZ DE LA REPÚBLICA.” La única paz que podía lograr conseguir ese felón era la de los sepulcros única existente en su vocabulario verdadero. Después seguía diciendo: “Para lograrlo estoy dispuesto a hacer el sacrificio de mi vida y emprender las más abnegadas empresas. Para variar, el abuelo del poeta Octavio, encontró una justificación. El trece de octubre, en un articulo titulado “Golpe de Estado,” dio toda clase de justificaciones a la acción de Huerta. Entre otras cosas señalaba que: “Creemos…que los hombres del poder han procedido en este caso con toda justificación y nos los hacen creer así tanto sus luces porque todos  ellos son ilustrados como por la jerarquía que ocupan y conforme a la cual pertenecen a la historia que tiene que glorificar o condenar sus procedimientos.”

Huerta, sin embargo, estaba dispuesto a continuar con sus planes y hacer creer que practicaba la democracia. Tres días antes de los comicios recibió al cuerpo diplomático acreditado en México a cuyos miembros explicó las razones por las cuales disolvió el Congreso, les indicó que el gobierno no tenía candidato e igualmente que él no lo sería, ni continuaría en el cargo.  Al dia siguiente, con un propósito similar, convocó a los candidatos presidenciales, excepto Díaz, a quienes comprometió a reconocer a quien fuera el triunfador. Para asegurar que ninguno de ellos habría de rebelársele, Huerta los hizo que emitieran un manifiesto en el cual además de mencionar lo anterior, explícitamente, se comprometían a no cuestionar  los resultados cualquiera que fueran, inclusive “si en esta ocasión no fuere posible obtener la manifestación de la voluntad del pueblo, sancionada con las formalidades de la ley, ofrecemos leal y patrióticamente consagrar nuestros esfuerzos a colaborar con el gobierno a la pacificación del país  para consultar de nuevo esa voluntad.”

No obstante que con lo anterior quedaba nulificada cualquier posibilidad de rebelión por parte de quienes participaban en el entorno de Huerta, este había enviado comunicados a los gobernadores afines a él indicándoles cómo proceder para asegurar que las cosas marcharan acorde con sus planes.

Las elecciones se realizaron, el 26 de octubre, con poca asistencia de los votantes y en medio de la rebelión en una gran parte del país. A pesar de ello, dos fueron las tendencias que empezaron a destacar en la prensa de la ciudad de México. Algunos daban como ganadores a la formula no registrada de Victoriano Huerta-Aureliano Blanquet (sus malquerientes decían que los unía el final de sus nombres), mientras que otros aseguraban que el triunfo se lo había llevado el PCN representado por Gamboa y Rascón. Durante días, la incertidumbre prevaleció, aun cuando, parcialmente, se informaba quienes habían resultado electos para los cargos en el Legislativo. Finalmente, el 6 de noviembre, se dieron a conocer quienes integrarían el Senado y la Cámara de Diputados, mientras que el hermetismo continuaba respecto a la elección presidencial.  Respecto a esta, tras de una reunión de Huerta con sus colaboradores, se empezó a filtrar la posibilidad de que las elecciones presidenciales fueran anuladas, aun cuando se dejaba claro que Huerta permanecería en su sitio hasta en tanto no se realizaran estas.  Para poder declarar nulo cualquier proceso electoral, y dar una apariencia de legalidad era requerido que se calificaran las elecciones para ambas Cámaras.  En ese proceso, en el Senado fue electo como vicepresidente, en funciones de presidente interino, el general Francisco de Paula Troncoso Pancardo, mientras que los diputados votaban su dirigente al miembro del Partido Católico, Eduardo Tamariz. Bajo eso liderazgos, se realizó la apertura de sesiones el 20 de noviembre contándose con la presencia de Huerta.  Solamente quedaba que la Cámara de Diputados se erigiera en Colegio Electoral para calificar la elección presidencial.

El 9 de noviembre, la Gran Comisión de la Cámara mencionada dictaminó nulas las elecciones presidenciales aduciendo que “la mayoría de las casillas electorales no habían funcionado legalmente.” Dado lo anterior, se convocaba a elecciones mismas que se efectuarían el primer domingo de julio de 1914. Ante eso, Huerta continuaría, hasta que el Congreso calificara los resultados de dichos comicios, en su calidad de interino.   Huerta estaba instalado en el poder gracias a una serie de argucias que buscaba lucieran como legales cuyo objetivo único era pacificar al país. La realidad era otra, aspiraba a eternizar en el poder, por ello le interesaba controlar el Congreso erigido en Colegio Electoral, el cual al declarar nulas las elecciones le abría la puerta a la dictadura.

Ante esa decisión, la prensa partidaria o no del gobierno o la de filiación católica o protestante no fueron más allá de reportar la noticia, se abstuvieron de emitir comentarios. La jornada pudo haber durado un  mileno, sin embargo, tan solo tomó  24 horas. Además, Huerta ya contaba con Tamariz como  el heraldo que anunciaría su condición de excélsior, aun cuando se desconocía si se refería a su significado como excelso o viruta de madera que se utiliza para empaque. Para ese momento, el proceso electoral ya no valía nada, no era útil para los propósitos del dictador a quien a esas alturas ya no le importaba el reconocimiento universal, la  reforma que implantó era simplemente un accesorio que no requería de que otros le dieran la razón, ya había logrado su objetivo y eso debería de ser lo que permaneciera indeleble en la crónica. [email protected]

Añadido (23.13.65) El miércoles 29, se cumplieron nueve años desde que emprendiste el viaje  para acudir a tu cita con el Gran Arquitecto.  Como olvidar aquellos días que antecedieron a tu partida. El día 31 fue la última ocasión en  que te vi, ya inerte, a partir de ahí nada volvería a ser igual. Te recordamos siempre, don Rafael.

Añadido (23.13.66) Insisten en jugar al “tío Lolo.” Cuando van a aceptar que el problema ya no es el ozono sino las nanopartículas repletas de metales. Asimismo, en qué momento reconocerán que no son los vehículos de combustión de gasolina sino los de Diesel los que provocan el problema. Mientras todo eso no suceda podrán seguir implantando cuanta medida cosmética gusten y nada lograran, excepto que la población continúe respirando porquerías mientras que los problemas neurodegenerativos, que se inician a los once meses, continúan agudizándose. Sí, ya sabemos que los miembros de  la clase política dirigente estiman  que los efectos de la contaminación no los alcanza pues los cubre  el manto protector de su cargo, bueno eso creen ellos. Sin embargo, hay por ahí  otros datos, plasmados en estudios serios, que demuestran que la realidad es muy distinta y…

Añadido (23.13.67) En cuanto acontece un evento como el  del 27 de marzo pasado, inmediatamente nos muestran la ruindad que existe en ellos.  De ese tamaño es su bajeza y aún hay quien los apoya y  justifica.

Añadido (23.23.68) ¿Será cierto que la razón por la cual el gobernador de Nuevo León no explora convertirse en candidato presidencial es porque ya le prometieron que lo convertirán en  el Regente del Nuevo Reino de Tesla?

Añadido (23.13.69) Ni Eduardo Matos Moctezuma (Premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales 2022), ni  Agustín Guillermo Carstens Carstens (Premio de Economía Rey de España 2022) fueron merecedores de recibir siquiera una  felicitación. Eso sí, cuando una dama se anota un triunfo a punta de mandarriazos, en esa salvajada  que se etiqueta como UFC, inmediatamente se le llama a Palacio para declararla orgullo nacional. NI modo, cada uno se identifica acorde con sus valores intelectuales.

Añadido (23.13.69) Después de lo del INE, los resultados de la elección para la presidencia de la república, seguramente, se resolverán en un volado merenguero o en un tiro a la rayuela acompañado de un tlachichol curado de remolacha, por el color, mientras hacen la prueba del alacrán.

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