Una mala película deja entrever desde el principio cuál será su desenlace. De igual manera sucede con las elecciones en Coahuila, cada tres y seis años se sabe de antemano que será más de lo mismo
Por eso no hace falta ser adivino para vaticinar cómo se irán dando los sucesos en estas campañas con su desfile de candidatos rodeados por allegados y aduladores, del partido que sea. En sus campañas todos harán promesas incumplibles, adosadas con sonrisas falsas, tomándose la foto con quien sea, buscando cualquier charco para mojarse, fingiendo ser el amigo de todos, incluso pedirán se les llame por su nombre de pila, estrecharán la mayor cantidad posible de manos chamagosas, soportarán olores y humores de toda clase, sudarán, repartirán besos por doquier y presumirán que son gente del pueblo aunque en su vida hayan viajado en camión.
Sus retratos y eslóganes aparecerán hasta en la sopa y el despilfarro estará a la orden del día haciendo caravanas con sombrero ajeno, repartiendo despensas, aparatos ortopédicos y todo lo que les ocurra. Presumirán su capacidad y arraigo pero sobre todo su honradez sin importar la larga cola que arrastran, unos más y otros menos. Harán alarde de su preparación e inteligencia aunque esté demostrado y comprobado que los hay grises, torpes e ignorantes y su única cualidad es ser amigo e incondicional de algún poderoso que movió hilos para postularlo. Sus aduladores hablarán maravillas, tratándolos como próceres, casi santos, alabándolos con un dechado de enormes virtudes que harán pensar por qué nadie antes se había dado cuenta de estos personajes casi perfectos.
El bombardeo mediante frases y discursos será intenso, constante y por todos los medios manejando encuestas de dudosa veracidad. Primero aparecerán sus promesas y buenos deseos, luego subirán de tono incluyendo indirectas contra sus contrincantes, después iniciarán con las descalificaciones señalando inmisericordemente la paja en el ojo ajeno sin reconocer la viga en el propio. De los ataques recibidos se defenderán con verdades a medias y verdaderas mentiras mediante el trabajo sucio, principalmente en las redes sociales, a través de terceros a menudo anónimos. Pero eso sí, opinarán de todo aunque lo desconozcan.
Los candidatos a la gubernaturas acapararán mayores reflectores, unos más otros menos según su presupuesto, con sus promesas de convertir a Coahuila en potencia mundial, reciclando promesas pero sin propuestas novedosas ni creativas. Cada candidato defenderá y presumirá lo que su partido y gobernantes afines han hecho para el beneficio de la población, aunque la gente desconozca tales beneficios.
Sus fabulosas promesas girarán básicamente en torno a la seguridad, economía y mejoras sociales. Y si tales propuestas llegan a cumplirse serán en Saltillo y Torreón porque los gobernadores siempre lo han sido únicamente de Saltillo y recientemente también de Torreón, ya que las demás regiones no les importan, ni les importarán, a pesar de los rollos que se avienten.
Bajo el mismo patrón pero con menor intensidad las campañas de los candidatos a diputados locales tratarán de convencer que ahora las cosas serán diferentes aunque la gente ignore para qué sirven los diputados. Sin duda alguna los diputados que se reelegirán en ningún momento mencionarán su gris actuación, sin iniciativas ni propuestas presentadas durante casi tres años. Dirán que ahora las cosas definitivamente cambiarán aunque ya se sabe que de ganar serán incondicionales del nuevo titular del ejecutivo, obedientes y levanta-dedos.
Parte de la estrategia de los candidatos es apostarle a la desmemoria que evita recordar los malos manejos del pasado. T si no saben legislar no importa porque su mayor preocupación será su futuro político para chapulinear a la primera oportunidad. Por eso rara vez regresan con la gente que los eligió salvo que busquen algún otro hueso por elección.
El clímax de la película es la cereza del pastel electoral con los cierres de campaña en los que medirán músculo, unos contra otros, mediante despilfarros y acarreos masivos haciendo gala del derroche, con los grupos musicales del momento, alternando con ellos como si fueran otra estrella más del espectáculo y exclamando a los cuatro vientos que ganarán arrasando.
El día de las elecciones aparecerán las irregularidades, acarreos, sobornos, y descalificaciones de todos contra todos y una vez con los resultados en la mano, quienes no hayan resultado triunfadores iniciarán con las impugnaciones, quejas, protestas y descalificaciones hasta que un día, como por arte de magia, todos aceptarán los resultados, olvidando los agravios y obviamente mediante acuerdos en lo obscurito, como sucedió hace seis años.
La película termina cuando los candidatos electos empezarán un nuevo nivel de vida jurando y perjurando que pronto darán magníficos resultados, que Coahuila será el ombligo del mundo, aunque a partir de ese momento ya nadie pueda acercárseles para dialogar ni llamarlos por su nombre de pila. Pronto, en pocos meses, la terca realidad los desmentirá, con más de lo mismo, olvidando lo prometido mientras que los electores seguirán de mal en peor y desilusionados una vez más, pero eso sí, los agraciados protagonizando un gran final feliz. Así es la película de nuestra democracia.
Más sobre esta sección Más en Uncategorized