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Coahuila

México no es de un solo hombre; Es de todos los mexicanos

Por Cholyn Garza

Hace 3 años

Con todo lo que está sucediendo en nuestro querido México, me he preguntado una y otra vez ¿cuánto amamos a nuestro país? ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para salvarlo de la destrucción total?

El haber salido a las calles para defender al INE fue solo el inicio de una lucha para defender nuestras instituciones; mismas que hemos construido entre todos, por lo tanto, nos pertenecen.

Desde el inicio del gobierno de la llamada 4T y con la invención de unas “mañaneras” -que muy lejos están de ser conferencias de prensa- solo se han escuchado descalificaciones, insultos, mentiras, calumnias y mucho más en contra de quienes el presidente se le da la gana.

Resulta absurdo que quien ganó la presidencia de la República, que obtuvo un triunfo que fue reconocido esté en contra de un organismo que ha funcionado bien y da certeza y confianza.

Es absurdo también que utilice un espacio que debería ser utilizado para informar no para el insulto y la degradación.

Cuatro años han transcurrido de un gobierno que está dejando mucho a deber a nuestro México.  Un país que requería de un líder que lo llevara hacia la prosperidad no hacia la destrucción como ha estado
ocurriendo.

Llegó un individuo al que le quedó muy grande el cargo por el que tanto peleó y que ya en el poder no ha demostrado ser el gobernante que México requiere.

La silla presidencial le quedó muy grande al inquilino de Palacio Nacional.  Nuestro hermoso edificio hoy ocupado por disposición de un hombre con complejo de rey o reyecito y de una familia que distan mucho de amar a nuestro país.

Un individuo cuyos complejos son enormes y cree que todos los ciudadanos somos sus lacayos que le debemos obediencia.

Nunca como hoy habíamos tenido un presidente como el que tenemos.  ¡Pobre de ti, querido México!

Un gobernante enfermo de poder y de odio.  El señor López es lo que ha transmitido desde su arribo a la presidencia.  No se ha comportado como un líder sino como lo que realmente es, un agitador de masas.

Quien le apuesta a la polarización, a denigrar a quienes piensan o actúan diferente no merece gobernar un país como el nuestro.

Debe quedar claro que no se gobierna para un partido, movimiento o grupo. Al ganar las elecciones por el voto ciudadano, cuando se rinde protesta y se jura cumplir la Constitución se adquiere un compromiso.

Un compromiso que debe ser sagrado porque es velar por el bien de la Nación y de todos los ciudadanos.

Los bienes de la Nación deben cuidarse para ser utilizados en beneficio de todos.  De ninguna manera son “regalitos” para repartirse entre familiares y cuates a través de contratos mañosos de quien ostente el poder.

Las instituciones se deben respetar porque nos ha costado a todos los mexicanos construirlas. No deben destruirse solo porque al gobernante en turno no le agraden.  Si la persona que gobierna da la orden de destruir lo que no conviene a sus intereses, debe ser frenado en sus propósitos.

Un buen gobernante debe construir, jamás buscar destruir instituciones que son necesarias para la vida política, económica y social de México.

Tanto diputados como senadores deben razonar las propuestas, no tomar decisiones “al vapor” para halagar a quien consideran su “patrón”. Hacerlo, pueden poner en riesgo los beneficios que representa tener organismos autónomos como el Instituto Nacional Electoral; Instituto Nacional de Transparencia y otros más.

Deberíamos sentirnos orgullosos de contar con ellos y cuidarlos para las generaciones futuras.

Tener un cargo de representación en los Congresos no significa rendir pleitesía y obedecer ciegamente al gobernante en turno. Su sueldo o dieta no lo paga el que habita un palacio, sino los impuestos de los mexicanos.  No se les olvide.

Tengan presente también que todo tiene un límite, hasta la obediencia que se convierte en servilismo y denigra. Destruir instituciones puede llegar a convertirse en traición.

Error garrafal creer que el país es de un solo hombre; México es de todos los mexicanos.  No se equivoquen.

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