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Pedro Aguirre Zamora: Carácter duro y humano para dirigir al Cereso

  Por Paulina Y. Jiménez

Publicado el jueves, 10 de julio del 2008 a las 04:52


Ser el director de un Centro de Readaptación Social no es una tarea fácil

Saltillo, Coah.- Ser el director de un Centro de Readaptación Social no es una tarea fácil, ya que cualquier anomalía que pase con los internos, que están ahí por denuncias de robos hasta homicidios, son responsabilidad de una persona.

Pedro Aguirre Zamora es el director del Cereso varonil de Saltillo, uno de los ocho existentes en el estado. A pesar de contar con un gesto duro, quita el estigma de sangre fría y humaniza la percepción de la gente que vive en los Ceresos.

A sus 33 años, ya tiene trayectoria dentro del sistema penitenciario, pero para llegar a ello tuvo una larga travesía, saliendo adelante con el deseo de superación y de terminar una preparación profesional.

Dentro de una familia conformada por cinco miembros, su padre, que era obrero, logró sacar adelante a él y a sus otros dos hermanos, aunque al llegar a su educación profesional tuvo que solventar sus gastos, trabajando como vendedor de tacos, trabajador de una tortillería, elaborando escobas, entre otras actividades.

Hoy es el custodio de más de mil reos que están en el Cereso varonil, y aunque los negocios turbios y las amenazas ronden su oficina, asegura que es preferible el trabajo limpio, manteniendo saludable el centro.

¿Cuándo era estudiante pensó en llegar a este sistema?
“No, no. Cuando yo estaba estudiando, tenía que trabajar.

Al tercer año empecé a trabajar en Seguridad Pública, específicamente en el área jurídica de la Policía Estatal.

De ahí, en el 99 surgió la oportunidad de venirme para acá, en el sistema penitenciario y me fui a Parras como director del Cereso. Desde esa fecha estamos en el sistema penitenciario.

“En 2006, me cambiaron como subdirector del Cereso en Saltillo. Posteriormente en abril, después de la fuga de los cuatro internos en 2007, el director renuncia y me quedo yo a cargo de la dirección.

Platica de trabajo dentro de su formación académica, ¿ubo dificultades económicas en esa época?

“La época de estudiante, difícil durante el lapso universitario Mi papá no tenía dinero, mi papá era obrero, con su esfuerzo nos sacó adelante a tres hermanos. Pero, yo desde que estaba estudiando y para lograr solventar mis gastos y los de la escuela yo trabajé en muchas cosas. Fui taquero, trabajé en una tortillería, elaborando escobas y luego en la Policía Estatal. Hice muchos esfuerzos para seguir adelante, batallé mucho”.

¿Fue un trabajo escalar dentro de la Secretaría de Seguridad Pública?
“Fui auxiliar jurídico de la Estatal desde 97, también en el Cereso de Sabinas como director interino y luego fui encargado de beneficios de preliberación durante cuatro años, luego subdirector del Cereso de Saltillo y luego director”.

¿Cómo es un día en el Cereso para el director?

“Por lo regular llego a las 9:00 de la mañana todos los días. Una parte la paso en la dirección en cuestiones administrativa, y por lo regular normalmente bajo a hacer recorridos en las distintas secciones, en las fábricas, en los eventos. Es importante que estemos abajo, que los internos nos identifiquen y que vean que se pueden acercar a nosotros. Supervisar cada detalle: comida, que los guardias no abusen, y que tengan la oportunidad de acercarse a nosotros o cualquiera del personal administrativo para resolver sus problemas.

Entonces, ¿el centro tiene un director preocupado por los reclusos, humano?
“La instrucción es estar con la gente, viendo las necesidades de la gente, no podemos ir en contra de la política del Gobernador. Está constantemente supervisando lo que se necesita, lo que se requiere en los ocho penales del estado”.

¿En este trabajo se necesita tener la sangre fría?
“Lo que pasa es que estamos estigmatizados. Cuando uno entra al penal es como si entráramos a una colonia.

Si llegamos a tener internos de alta peligrosidad, estamos estigmatizados.

Llegamos a tener estudio, trabajo, actividades.

La sociedad sigue pensando: ‘Ah no, son delincuentes y son peligrosos’ y no es así. Bajar a un penal es convivir con ellos, lo digo yo que convivo con ellos todos los días, pero ha venido gente y se da cuenta de que no es tan temible o intimidatorio como la gente piensa”.

¿Estar tan cerca de este ambiente, lo ha llevado a temer por el bienestar de su familia?

“Sí, definitivamente. El hecho de estar aquí nos da preocupación. Sabemos cuáles son las consecuencias como cualquier trabajo, pero éste en especial. Creo que haciendo el trabajo bien, honesto, de buena manera, sin compromisos con gente dedicada a la delincuencia organizada, vamos a hacer las cosas bien. Dicen nuestros jefes que la muerte entra por el bolsillo. Cuando uno empieza a hacer negocios con otra gente estás generando compromisos. Mientras tengamos el Cereso tranquilo, libre de infiltraciones, vamos a seguir con esa tranquilidad. Todo el tiempo estamos haciendo revisiones, todo lo que tenga que ver con seguridad”.

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