@luiscarlosplata
Luego de 22 días de campaña transcurridos, equivalentes al 37% del total oficial (o 42% si tomamos en cuenta que los últimos tres posteriores al domingo de cierre ya no hay actividades públicas, sino preparación de la jornada electoral), el único candidato a la Gubernatura de Coahuila que no ha presentado reportes de sus gastos al Instituto Nacional Electoral para ser fiscalizado, es el representante del PT: Ricardo Sóstenes Mejía Berdeja.
A diferencia de Manolo, Guadiana y Lenin, los tres que sí llevan las cuentas actualizadas en tiempo real, en el caso de Mejía no hay avisos de contratación, ni listado de proveedores con operaciones superiores a las 500 unidades de medida y actualización, ni aportaciones de militantes y simpatizantes. Sólo identificó una cuenta bancaria desde donde se harían hipotéticamente los movimientos, como está obligado, y nada más.
¿Está incurriendo en una ilegalidad?
No todavía, pues tiene hasta 30 días para presentar informes, antes del primer corte para revisión que realiza la Dirección de Auditoría del INE. Es decir, le queda una semana. No obstante llama la atención que sólo haya indicado la cifra de un millón 831 mil 503 pesos devengados, la cual significa 3.23% del tope de gastos de campaña, fijado en 56 millones 540 mil.
Lo anterior podría implicar una dificultad real para justificar la procedencia legal del dinero utilizado en su campaña, además de levantar una ceja debido a la falta de transparencia con la que se ha conducido desde que irrumpió en el estado hace un año, periodo en que de forma kafkiana ninguna autoridad investigó el origen de los recursos para tapizar de propaganda personalizada el estado y cometer actos anticipados de proselitismo por espacio de nueve meses.
Y es relevante por una razón: en un mundo utópico las elecciones se ganan convenciendo a la gente de ser la mejor propuesta, luego de un ejercicio razonado y de contraste de la oferta política. En el mundo real, sin embargo, las elecciones se ganan con dinero. Lo que los alemanes llaman Realpolitik.
Berdeja es, para efectos prácticos, el tercero en discordia. En el proceso interno para designar candidato de Morena para Gobernador, concluido el 12 de diciembre de 2022, quedó en tercer lugar. En el actual proceso electoral, 15 encuestas lo señalan, también ocupa un sólido tercer lugar. Sí, con tendencia al alza, aunque todavía muy lejano del segundo y distanciado del puntero y el colero respectivamente.
Una virtud que ha tenido es saber leer la coyuntura política y aprovechar su posición para capitalizarla. A su vuelta en Coahuila, luego de 17 años ausente del territorio, encontró un porcentaje de la población indignado pero disperso, sin ningún agente que le aglutinara, y ocupó esa vacante. Desde entonces se convirtió en pegamento para indignados, aún y cuando su presencia es forzada y la mayoría de sus dichos no se puedan verificar por inexactos o falsos.
Y aquí cabe abrir un paréntesis: en todas las sociedades más o menos funcionales hay resentidos, outsiders, ciudadanos enojados y medianamente politizados que reivindican con o sin razón, y es normal y hasta sana su existencia para el funcionamiento colectivo.
Pues todos ellos, sí: dije todos, están con Sóstenes Berdeja en su papel de opositor recalcitrante. Y suman alrededor de 12% de preferencia electoral en un escenario con 60% de participación, lo cual traducido a votos encarna 170 mil entre un universo de 2 millones 356 mil 218 ciudadanos inscritos en la lista nominal (con fecha de corte al 14 de abril).
Ahora bien, la indignación de 2023 en Coahuila es muy distinta de la que había en 2017, y aún más lejana de la que existió en 2011 (por situar los últimos dos sexenios en su justo contexto). Ni son las mismas personas ni son las mismas causas, como se puede apreciar en la cifra mucho menor a la que significó en su día.
Más de un tercio de la campaña ya se consumió. A estas alturas ya todo está dicho, visto y oído. El que ya decidió su voto no lo cambiará ni aunque le enseñen videos de candidatos sacrificando perritos, y el indeciso probablemente no votará. Y para Mejía la masa ya leudó: creció con levadura, al punto de alcanzar su máximo. Es química: de ahora en adelante sólo queda que disminuya y se endurezca, perdiendo esponjosidad y, en el peor de los casos, se pase de tueste y termine por ser un producto que no se pueda digerir y acabe desinflado, carbonizado, en la basura.
Por eso al día de hoy está en el momento preciso para vender al mejor precio lo cocinado a lo largo de 12 meses. Ha llegado al cénit. Al clímax. No en vano Guadiana le ofreció una baraja de posibilidades a elegir a cambio de que se salga de la contienda, en el desarrollo del debate realizado el miércoles en Saltillo. Y no es casualidad que, en ese mismo evento, ninguno de los dos se haya atacado ferozmente como lo hicieron el domingo pasado, durante el fallido primer debate organizado por el Instituto Electoral de Coahuila.
Tampoco sería algo nuevo, pues en 2017 el entonces candidato del PT a Gobernador de Coahuila, José Ángel Pérez Hernández, declinó a favor del mismo Guadiana 10 días antes de la jornada electoral (quien a la postre terminó en un lejano tercer lugar), ya con las boletas impresas con su nombre y sin la posibilidad legal de que sumaran sus votos. Lo único distinto hoy sería que se borre la casilla del “Tigre” en la eventual papeleta, porque alianza de facto ya no podría existir.
Para otro momento queda la congruencia ideológica: o cómo Guadiana podría aceptar como colaborador a quien considera “traidor”, o cómo Mejía podría aceptar como jefe a quien considera “corrupto”.
Cortita y al pie
Por lo demás, Sóstenes no es el veto player de la historia, o sea quien, de acuerdo con la teoría política, es el jugador que, en un tablero de polarización social y disputa irreconciliable entre dos grandes fuerzas, destraba el empate con su porcentaje mínimo, e inclina la balanza, definiendo por consecuencia un ganador.
Ese contexto fue temporal y hace tiempo ya pasó. En este momento, a juzgar por los sondeos, ni sumadas las preferencias de la presunta oposición alcanzarían 50% más uno que se requiere para vencer, sin considerar que dicho fenómeno no se trata de una operación suma cero: no son canicas que se trasladan de un recipiente a otro. El elector no es ganado.
La última y nos vamos
¿Qué sigue para Berdeja? Fácil: darles ‘picones’. Coquetear con unos (a quienes favorece su presencia para dividir el voto) para venderse más caro con otros (a quienes favorece su ausencia para concentrar el voto), y viceversa. ¿Quién da más?
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