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Los profesores tienen miedo

Por Juan Latapí

Hace 3 años

En estas épocas electoreras la incontinencia verbal de los candidatos se desborda en todo tipo de promesas que difícilmente se cumplirán porque más que promesas solo son buenos deseos que pretenden convencer de que al elegirlos se garantiza la entrada al paraíso terrenal.

Aun así uno de los temas que menos se aborda en ese océano de buenas intenciones es el de la educación -que va de mal en peor- mientras que los profesores son usados en la cargada electoral dependiendo de los colores de sus líderes en turno y obligándolos a participar en las campañas con las promesas de siempre en pos de algún hueso. Inexplicablemente no se aborda el tema de la educación de manera seria a pesar que es la causa principal de la sociedad fallida de estos días que se refleja en el alto índice de suicidios, aumento en los embarazos entre adolescentes, violencia familiar desbordada, abuso del consumo de estupefacientes altamente tóxicos y la pérdida de valores, tan solo por mencionar algunos ejemplos de este sistema que prefiere buscar culpables en vez de encontrar soluciones.

Hace años que el actual sistema educativo perdió la brújula con las consecuencias que estamos viviendo. Culpar a los maestros de ello es injusto, sin embargo nadie menciona la responsabilidad de los padres de familia en este problema. Erróneamente los papás creen que en la escuela se educará a sus hijos pero se les olvida que ahí van a adquirir conocimientos. Es en el hogar donde se debe aprender a saludar, a dar las gracias, a ser limpio, honesto, puntual, correcto, hablar bien, no decir groserías, respetar a los semejantes, ser solidarios, comer con la boca cerrada, no robar, no mentir, respetar la propiedad ajena, ser responsables y un largo etcétera.

Es en la escuela donde se aprenden matemáticas, gramática, inglés, y ciencias naturales, entre otras muchas materias. Es también ahí donde se refuerzan los valores que supuestamente los padres y madres han inculcado a sus hijos en el hogar. Desafortunadamente la gran mayoría de los maestros -principalmente de preescolar y primaria- tienen miedo. Miedo a perder la chamba, pánico a ser balconeados en las redes sociales, temor a que los padres de familia les echen montón y tomen la escuela, miedo a reprender a los que no cumplen.

Los maestros tienen miedo de decirle a los padres de familia que a sus hijos les faltan más límites en casa. Tienen miedo de decirles que en su casa no hay suficiente diálogo, que bastarían solo 15 minutos para hacer una gran diferencia. Temen los profesores decirle a los padres que no dejen tanto tiempo a sus hijos viendo TV o tonteando con sus celulares.

Los maestros tiene miedo de decirle a los papás que los trabajos que les encargan de tarea a sus alumnos les quedan muy bonitos, pero quienes deben hacerlos son sus hijos. Tienen miedo los maestros de decirle a los papás que no se quejen por las tareas y trabajos que les encargan a sus hijos. Si no aprenden a estudiar ahora ¿cuándo lo harán?

A los profesores les da temor decirle a los papás que anteriormente, cuando un muchacho hacía algo mal se le cuestionaba de frente y no se ponían a criticar o culpar al maestro. Los maestros tienen miedo de cuestionar a los padres que si aman a sus hijos les den más cariño en la familia. Los profesores hoy en día no se atreven a decirle a los papás que aunque su hijo parezca grande, todavía los necesita, que los papás son los primeros educadores y no pueden ni deben delegar esa responsabilidad a terceros.

La gran mayoría de los padres de familia envía a sus hijos a la escuela para que algún día puedan tener la oportunidad de alcanzar un futuro digno, aunque algunos padres realizan un gran esfuerzo para enviar a sus hijos a escuelas particulares, donde asisten alumnos de clases acomodadas, para que éstos se vayan relacionando desde pequeños, sin importarles el nivel académico. Así mismo, por la necesidad de trabajar ambos padres, los envían a la escuela más cercana, sin importarles si el nivel académico y la disciplina son los adecuados.

En la escuela que sea, algunos alumnos tendrán la suerte de tener como profesor o profesora una persona preparada, capaz, con vocación y pasión por enseñar; alguien que sepa inculcar el gusto por el conocimiento, que sea un verdadero guía, que no tenga miedo. Desafortunadamente este tipo de maestros se están extinguiendo.

Afortunadamente aún quedan maestros que no solo han tenido la capacidad de superar sus temores, sino que han sabido incorporar a los padres de familia en el proceso de enseñanza y formación de sus hijos. Hoy más que nunca hacen falta maestros valientes.

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