El Día de la Madre, o Día de las Madres en México, se celebra el 10 de mayo desde hace más de 100 años, y se trata de uno de los países –al igual que algunos árabes y centroamericanos– en los que la conmemoración se lleva a cabo en fecha única.
El origen de la tradición se remonta al antiguo Egipto, donde la diosa Isis era venerada como la “Gran Madre”, o madre de todos los Dioses. En cada uno de los cultos se le presenta como “Diosa protectora”, defensora de los suyos, hasta de la muerte.
Isis devolvió la vida a Osiris, después de que Seth –el dios del caos– lo asesinara ahogándolo para usurpar su trono. El traidor colocó el cuerpo en un sarcófago que navegó por el Nilo, hasta encallar en Biblos. Isis, tras una angustiante y larga búsqueda, lo encuentra, y antes del regreso a Egipto con su esposo, lo esconde.
Seth encuentra el paradero del sarcófago escondido y tratando de asegurar no se volviera a encontrar rastro de su hermano, corta el cuerpo de Osiris en 14 pedazos, por lo que Isis, motivada por el amor, emprende una nueva búsqueda y con mayores dificultades.
Ayudada por su hermana Neftis –diosa de la oscuridad–, así como de su sobrino Anubis –Dios de la muerte–, recupera cada uno de los fragmentos de su marido, uniéndolos amorosamente con un vendaje de lino (de ahí la tradición de la momificación), devolviéndole a través de sus poderes el aliento que lo regresó a la vida. Y en esa primera noche juntos conciben a Horus.
Los poderes de Isis le habían sido conferidos por el dios Ra –dios del Sol y del origen de la vida–, quien tras la mordedura de una serpiente creada por él y con la finalidad de que lo salvara, al transferirle sus dones a Isis la convierte en la hechicera más poderosa de Egipto.
De esta manera, Horus también se vio favorecido por las virtudes de su madre. Se cuenta que durante su infancia fue atacado por Seth en forma de alacrán, por lo que su protectora tuvo que recurrir a un conjuro para salvarlo; se menciona también que lo defiende de distintos peligros y finalmente lo adiestra para recuperar el trono de Egipto.
En la antigua Grecia, por su parte, se honraba a Rea, madre de los Dioses del Olimpo; Zeus, Poseidón, Hades y Hera. En el Imperio Romano, en el Día de la Madre se rendía culto a Cibeles y, más tarde, con el catolicismo, se inicia la tradición de honrar a la Virgen María, madre de Jesús, y aunque ahora ya no representa una fiesta religiosa, en México aún se le llevan a María serenata y flores.
El arquetipo de la diosa madre se repite en muchas de las culturas desde el neolítico, el sincretismo y esta cualidad adaptativa, es una de las características de las diosas madres de la antigüedad, ya que existe un hilo conductor en la que se observan elementos comunes entre ellas, como la sumeria (Nammu), la babilónica (Ishtar), la cananea y fenicia (Astarté), y hasta la misma Isis, ligadas con la fertilidad, la abundancia, la cosecha, las diosas de dioses, siempre con poderes protectores o virtudes para librar a sus hijos del mal.
Según se señala, la influencia cristiana determinó se eligiera el 10 de mayo como día para celebrar a las madres, ya que, en esa época, se pagaba por decenas, no por quincenas, lo que era conveniente, para que el festejo cayera en día de paga y en el mes de la virgen.
Hasta que el 13 de abril de 1922, José Vasconcelos y el fundador del periódico Excélsior, Rafael Alucín, tiene la iniciativa de celebrar en México este día. Aunque Rosa María de la Torre Torres y Brenda Yesenia Olalde, en su libro El Papel de las Mujeres en el Constituyente de 1916 y la Apertura de la Participación Política, detallan las razones políticas e ideológicas por la que surge la idea de reforzar la idea del rol de la mujer mexicana.
Pero al margen de ello, hoy sabemos que se acerca el 10 de mayo. La mitología, la religión y la espiritualidad, nos dicen, que la madre –generalmente–, es un amor verdadero, que es un amor que no conoce límites –como el de Isis–, y que independientemente de los motivos que dieron causa a que en nuestro país se celebrara en unos cuantos días, a ella debemos, estar hoy aquí. ¡Amémosla, festejémosla y honrémosla!
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