“Cuando apuntas con el dedo, recuerda que otros tres dedos te apuntan a ti”.
Proverbio inglés
Después de escuchar todos los señalamientos y descalificaciones a los ministros de la Corte, por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, al conocer la decisión que tomaron nueve de ellos de invalidar la primera parte del Plan B electoral, me queda claro lo que siempre he creído: que el presidente exige obediencia y no acepta un “no” por respuesta.
Olvida el inquilino de palacio que un gobernante debe respetar las instituciones; debe dirigirse con educación y respeto a funcionarios, respetar la autonomía de las instituciones.
Educación, sí. Porque la educación se trae desde la cuna, es decir se aprende en casa, en el ambiente familiar. En la escuela se adquieren los conocimientos que reforzarán nuestra vida, con el tiempo.
Al ver y escuchar a quien hoy gobierna desde un palacio, el nuestro, y la forma de dirigirse a los señores ministros, en especial a la ministra presidenta de la SCJN me convenzo más de cuánta preparación falta a la gente que lo rodea.
Verdaderamente dan vergüenza quienes creen, están seguros de que legislar es sinónimo de levantar la mano. Que legislar es aprobar todo lo que el presidente envía al Congreso o al Senado. Que no debe mover una sola coma porque así lo ordena el presidente.
Olvidan que son legisladores no están jugando a serlo. Que su dieta -sueldo que ellos se asignan y aprueban además de sus beneficios o extras- lo paga el contribuyente no a quien erróneamente le rinden obediencia y pleitesía.
Al ser un cargo de elección popular, quiere decir que son los electores quienes eligen a sus representantes, por si lo olvidaron. Se les recuerda porque al sentarse en una curul -después de andar tocando puertas para convencer al ciudadano de darle su voto- creen que todo se lo merecen, o que, deben obedecer a un partido o persona.
Y no es así.
Sí, falta mucha, muchísima preparación para ocupar cargos sobre todo para legislar; porque quienes hoy supuestamente representan a los ciudadanos, se comportan con una sumisión al que consideran su “patrón” y repiten las mismas torpezas que escuchan de él. Se convierten en “borregos” porque es más fácil seguir instrucciones, que tomarse el tiempo para leer y analizar lo que se les envía.
Reciben línea, obedecen y aprueban lo que se les ordena desde palacio, como quiere el presidente.
Afortunadamente -aunque sea en menor número- hay quienes defienden con argumentos; y lo hacen porque leyeron, estudiaron, analizaron. Es decir, hacen lo que deben hacer no lo que se les ordena que hagan. Esos legisladores de oposición merecen nuestro reconocimiento por defender nuestra Constitución y la división de poderes.
Lo he dicho y lo repito porque estoy convencida de mi opinión. Las instituciones y a las personas se les debe respetar. Es inaceptable que, empezando por el presidente de México, se violente nuestra Carta Magna y promueva el odio entre los mexicanos, olvidando que somos hermanos de raza.
La forma de expresarse el presidente de México de los señores ministros es muy lamentable. Como lamentable e inaceptable es pretender hacer un juicio político a quienes hicieron lo correcto.
Nueve ministros merecen nuestro reconocimiento. Dos, ya sabemos de qué lado están y por qué obedecen ciegamente al presidente.
Estoy segura de que la mayoría de los mexicanos queremos una Suprema Corte independiente no sometida a la voluntad absurda de un individuo, cuya locura de poder pretende tener a todos arrodillados, sumisos, idiotizados ante sus pretensiones.
No olvidemos que están en juego dos gubernaturas: el Estado de México y Coahuila.
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