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Coahuila

El Verde, ésa rémora de la partidocracia, lo hace de nuevo

Por Luis Carlos Plata

Hace 3 años

A cinco días de concluir la campaña electoral en Coahuila, la dirigencia del Partido Verde Ecologista de México decidió, unilateralmente y desde la Ciudad de México, abandonar la campaña de su candidato a Gobernador, Evaristo Lenin Pérez, y respaldar a Morena.

La celada sin embargo no tiene ningún efecto jurídico, pues los votos que reciba el Partido Verde para la Gubernatura no serán trasvasados automáticamente a Guadiana Tijerina, en este caso el hipotético beneficiario, sino que se contarán como nulos en el supuesto de que notifiquen al Instituto Electoral de Coahuila su decisión de anular el convenio de coalición existente con UDC. Cosa que, hasta el momento de redactar esta columna, no han hecho. De no romper el convenio, en cambio, un sufragio por el Verde seguirá contando a favor de Lenin.

Entonces el valor de la suma es simbólico, por no decir inexistente. Pero también significa en el fondo un acto de sometimiento al poder central. Simple cálculo político de cara a las elecciones presidenciales de 2024, y un mensaje para iniciados e involucrados en el tema.

Por el contrario, en el ámbito local, que es donde se desarrolla la contienda, Lenin reiteró ayer por enésima ocasión su rechazo a la declinación mediante un video comunicado: “Aquí no se juega ni se negocia (…) Por más circo, maroma y teatro que hagan”. Para dimensionar el despropósito: como titular de la candidatura en controversia, ni siquiera fue convocado a la negociación cupular entre Verde y Morena, ya no se diga consultado.

Nada se definió, por ejemplo, con la elección concurrente de diputados locales, salvo un mensaje del dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, a los candidatos del Verde para que cada uno en su distrito decline también si así lo desean. El asunto es tan surrealista que, pese al discurso, en los hechos no van juntos en ninguna boleta. El divorcio se mantiene.

El trasfondo es simple: la hora de las definiciones llegó antes de tiempo. El ansia proveniente de Palacio Nacional es tal que no esperaron a que concluyesen las dinámicas propias de los procesos electorales en Coahuila y Estado de México para iniciar los actos preparatorios de la sucesión presidencial adelantada, y en ese sentido se interpreta la jugada -o jugarreta, según se vea- como una ofrenda del Verde para Marcelo Ebrard, a fin de que pueda éste presumirla como artífice. Una medallita personal que otros aspirantes presidenciales de Morena (Adán Augusto, concretamente) en su momento no pudieron lograr (suponiendo sin conceder que realmente hayan tenido la intención de conseguirla).

El canciller, cabe señalar, apenas el miércoles había estado en la Convención Nacional del Partido Verde, y el sábado visitó Saltillo para participar en actos proselitistas de Morena. Es decir, no llegó con las manos vacías.

Por otro lado, con una Gubernatura para su emblema (San Luis Potosí) y dos más de facto (Quintana Roo y Chiapas) aunque nominalmente figure Morena como titular en ellas, el Partido Verde aspira en 2024 a negociar ser cabeza de ratón en Veracruz, el tercer padrón electoral más amplio del país. Coahuila no importa. Representa para su causa sólo un botón en ésa mercadería.

Y luego está la incongruencia. La mezcla de agua y aceite.

El 3 de mayo, al ser cuestionado sobre la inexistencia de una coalición en el plano local con el Partido Verde durante una presentación en la Universidad Iberoamericana de Torreón, el candidato de Morena, Armando Guadiana, afirmó: “El Partido Verde aquí en Coahuila es un apéndice del PRI, y ahora no es la excepción, están haciéndole el favor al PRI”.

Nada nuevo si consideramos que los giros de 180 grados en su opinión han sido la constante de la campaña. Apenas el miércoles, a propósito del Partido del Trabajo, manifestó su deseo de hablar con Alberto Anaya (dueño del partido), de quien dijo ser un buen amigo y conocerlo muy bien, para unirse. No obstante 24 horas después y un rechazo de por medio, despotricó contra el mismo Alberto Anaya, a quien llamó dictador y cuestionó sea dirigente vitalicio del PT, perpetuándose como Porfirio Díaz o los presidentes de Nicaragua o Cuba en el poder.

Por lo demás, hasta ayer el Partido Verde tenía una opinión negativa de Guadiana: antianimalista y anti ambientalista. Un impresentable, por definición. Todo lo contrario a lo que defiende (en el papel, de dientes para afuera, pues en la práctica no representa minorías, sino a una élite de amigos y familiares).

“¿Cómo nos veríamos al llevar el día de hoy a un empresario taurino, a un líder de la industria del carbón?”, preguntó retóricamente Karen Castrejón, presidenta nacional del Verde, días atrás.

Así se ven hoy: ridículos y patéticos.

Cortita y al pie

Acaba de publicarse “La Mafia Verde”, de Paula Sofía Vásquez y Juan Jesús Garza Onofre, libro con un subtítulo como apellido que desde ahí lo dice todo acerca de su contenido: “Traición, política y escándalos del Partido Verde Ecologista”.

Luego de un repaso por su trayectoria vergonzante de 1994 a la fecha, cuyo denominador común ha sido la ilegalidad, corrupción y cinismo, la conclusión no tiene desperdicio: “El Verde es el repositorio de todas las perversiones que pueden caber en una democracia disfuncional como la nuestra. Sus pares, los partidos, no alzan la voz ante los múltiples abusos, atropellos e irregularidades porque han sido, o fueron sus aliados”.

La última y nos vamos

Ya sucedió en 2017. En aquél año 10 días antes de la jornada electoral el entonces candidato del PT a la Gubernatura de Coahuila, José Ángel Pérez Hernández, declinó a favor de Guadiana, a la sazón candidato de Morena, ya con las boletas impresas con su nombre y sin la posibilidad legal de que sumaran sus votos.

Ningún efecto tuvo la maniobra sobre el resultado final. Tal y como ahora con el Partido Verde, sólo que ocho días antes de la cita con las urnas. Hace seis años Morena quedó tercero. Hoy todos los esfuerzos desesperados de último minuto apuntan, no a ganar, sino a evitar repetir esa posición.

@luiscarlosplata

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