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Coahuila

Estamos bien salados

Por Eduardo Pacheco

Hace 3 años

Uno de los elementos más importantes y que ha sido de gran ayuda en la vida del ser humano, desde su descubrimiento, uso y propiedades, sin duda alguna es: la sal.

En su definición la sal es una sustancia blanca, cristalina, altamente soluble en el agua, abunda en la naturaleza en forma de grandes masas sólidas y también disuelta en el agua del mar y en algunas lagunas y manantiales; la sal se emplea como condimento para preparar alimentos y mejorar su sabor, así como para la obtención del sodio y sus compuestos, que generalmente se presenta en polvo de cristales pequeños.

Debido a sus propiedades, la sal fue utilizada antiguamente para ayudar en la conservación de los alimentos, pues aún no existía la electricidad y la sal representó la solución ideal para prolongar por más tiempo el buen estado de los alimentos y evitar que se pudrieran rápidamente.

En un tiempo la sal llegó a ser utilizada como un instrumento o “moneda de cambio” para comprar y vender mercancías, así como para pagar el jornal diario de los trabajadores, entregándoles a cambio sacos de granos de sal, de ahí se derivó la palabra sal-ario, que actualmente es utilizada.

Hoy en día, cuando escuchamos decir que tal persona “está bien salada”, entendemos que se está haciendo referencia a alguien a quien todo le sale mal, aquella que siempre fracasa en sus proyectos o que frecuentemente les suceden las desgracias y las tragedias; coloquialmente hablando, una persona salada es aquella que tiene tan mala suerte que “se sienta en el pajar y se entierra la aguja”, (por aquel dicho que reza: “tal tarea… es más difícil que encontrar una aguja en un pajar”), pues ¿qué cree? aunque nadie la encuentra, el salado se la entierra.

Sin embargo, a la luz de las Escrituras, el Señor Jesucristo que siempre usó parábolas para que la gente comprendiera la verdad de las cosas, nos enseñó el verdadero significado de la sal. Desde el punto de vista espiritual Cristo hizo una analogía entre la sal física comparándola con el papel que tenemos los cristianos y que en el Libro de Mateo capítulo 5, verso 13, textualmente nos dice: “Ustedes son la sal de la tierra, pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo podría volver a ser salada? Ya no sirve para nada sino para ser tirada y pisada por la gente”.

De acuerdo con esta enseñanza los cristianos somos quienes tenemos la responsabilidad de ser la sal que conserve todo lo valioso de la tierra y que los seres humanos podemos tener: los principios, mandamientos, doctrina y fundamentos que Dios estableció para alcanzar una vida plenamente bendecida, somos quienes tenemos que tomar el reto de llevar el mensaje de salvación a toda criatura y hacer defensa de los fundamentos eternos como la verdad, la vida, la familia, el matrimonio y el temor de Dios.

Si como creyentes de Jesús dejamos de cumplir con nuestra encomienda, la palabra enseña que ya no servimos para nada, las doctrinas mentirosas confundirían cada día a más personas y el mundo se pudrirá y eso no puede suceder. La advertencia final del señor Jesús es muy seria, porque si esto llegara a ocurrir, correríamos el riesgo de ser tirados y pisoteados por la gente y eso es algo que bajo ninguna circunstancia podemos permitir.

Estimados amigos y hermanos en la fe, la maldad será derrotada en la medida de que cada uno de nosotros, como granos de sal pura, nos agrupemos y juntos formemos una placa fuerte y vigorosa que ayude a conservar todo lo valioso de este planeta que Dios creó para nosotros.

Que cada acción en nuestras vidas refleje a toda luz que los cristianos, hasta el día de hoy, seguimos estando bien salados.

Qué Dios bendiga a todas las familias de Saltillo, de Coahuila y de México.

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