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Coahuila

Es tiempo de ser feliz

Por Irene Spigno

Hace 3 años

Si pudieras escoger un poder mágico, ¿cuál escogerías? Estoy segura de que muchas personas, a esta pregunta, contestarían: una máquina del tiempo. Quizás, algunos tendrían la curiosidad de viajar en el tiempo para conocer otras épocas históricas. ¿A quién no le gustaría viajar al resplandeciente imperio romano o a las cortes italianas del renacimiento? Pero la gran mayoría de las personas pensarían en regresar el tiempo de sus propias vidas, para regresar a algún momento en que fuimos más felices, a aquellos tiempos en los que nuestras únicas preocupaciones eran escoger el juego con el que entretenernos todo el día. O quizás regresar para recibir, una vez más, el abrazo de una persona querida, quizás una abuela o un abuelo, una madre o un padre, que ya no están con nosotros.

O simplemente para tomar decisiones distintas.

En mi caso, siendo yo muy curiosa, sí me gustaría poder viajar por distintos momentos históricos para vivir y conocer lo que solamente estudiamos en los libros de historia. Pero también quisiera una vez más el abrazo de mis abuelos y de otras personas muy queridas que ya se fueron. Y quizás también aprovecharía la oportunidad para vivir más y sobrevivir menos.

Yo no me arrepiento de ninguna elección que he tomado en la vida. Reflexionando me he dado cuenta de que hoy estoy exactamente en el punto donde hace 10 años pensé que quería estar. Todo lo que quería se ha cumplido. ¿Pero a qué costo? Aunque sea cierto que no tomaría decisiones distintas, sí trataría de vivir la vida de manera diferente. Trataría de vivirla más y de sobrevivir menos.

¿Qué significa esto? Hay un dicho que dice: “vive cada día como si fuera tu último día. Algún día acertarás”. Claramente no podemos vivir todos los días con la angustia que ese día será el último, pero sí tenemos que aprender a darle más valor al tiempo.

El tiempo es la única cosa que, al menos en esta dimensión, no se puede regresar. El dinero va y viene. La belleza también. La salud la tenemos que cuidar para que no se vaya. Pero el tiempo no. El tiempo corre, sin parar. Y parece que no nos damos cuenta.

Nos quedamos en muchas situaciones que no nos gustan por el miedo a movernos y así pasa el tiempo. Inexorablemente. Quizás muchas personas trabajan años o hasta décadas en trabajos que no les apasionan porque creen que no tienen otras oportunidades. Muchos se quedan en trabajos agotadores, trabajando muchas horas por día para ganar más dinero y tener más poder. Y no se dan cuenta que no están haciendo algo que les haga feliz y tampoco están presentes para las personas que aman.

Otras personas se quedan en relaciones que no les dan lo que quieren por miedo a estar solas.

Otras no se atreven a hacer ese viaje, a decir un “te quiero”, a emprender una nueva aventura profesional o personal por el miedo al fracaso.

Muchas personas ni siquiera tienen tiempo para autocuidarse o consentirse cada día. Parece absurdo, pero no tenemos tiempo para nosotros mismos, tan ocupados que estamos a correr detrás de algo que sólo sirve para mantenernos ocupados (que sea el trabajo o cualquier otro tipo de compromiso) y así no tener que enfrentarnos a una vida que muchas veces no es la vida que queremos.

Y mientras tanto las manecillas del reloj giran y giran. Así como no tenemos tiempo para nosotros, tampoco lo tenemos para las personas que amamos. O tenemos cosas más importantes que hacer que prestar atención a las personas que están a nuestro lado, que a lo mejor nos necesitan para compartirnos algo que las están haciendo sufrir o simplemente nos quieren compartir algo que les salió muy bien. Y no, estamos demasiado ocupados para ello, estamos con la cabeza en el celular, pensando en otras cosas y no estamos ni en el aquí ni en el ahora. Y así descuidamos a las personas que amamos y nos damos cuenta solo cuando ya no están. Así descuidamos las cosas más importantes de la vida: las personas que amamos y que nos aman.

¿Es esta la vida que queremos? ¿Es esta la vida que nos hace feliz? Yo creo que no, y admitirlo nos cuesta porque significa admitir que estamos fracasando. Pero necesitamos fracasar para volver a empezar. Necesitamos destruirnos para reconstruirnos.

Muchas personas, cuando ya llegan al final de sus vidas, voltean atrás y se arrepienten del tiempo que perdieron siendo infelices. Yo, cuando mi vida llegue a su final, quiero voltear atrás y ver una vida llena de amor hacia mis seres queridos y mis sueños. Porque ninguna cantidad de dinero podrá nunca regresarte el tiempo en que fuiste infeliz.

 

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