Dicen que educar a un mexicano cuesta 36 pesos ya que al cruzar la frontera con EU la conducta y actitud cambian radicalmente. Se respetan las leyes, las reglas de tránsito, nadie tira basura en la calle y otras actitudes que en México difícilmente suceden.
Es común preguntarse por qué allá sí se respetan la ley, el orden y la justicia, por qué allá hay más oportunidades y trabajos mejor remunerados, por qué allá el poder adquisitivo es superior al de aquí, por qué la calidad de vida es mejor, por qué allá las cosas funcionan mejor que aquí, entre otras diferencias más.
Al respecto no hay una respuesta simple pero lo que sí es una certeza es que esas diferencias no son cuestiones de raza, definitivamente no. Basta ver a cuántos conocidos o familiares que trabajan en el otro lado les va muy bien y son exitosos. Y no solo mexicanos sino personas de distintas nacionalidades que en sus lugares de origen difícilmente habrían triunfado. Esas diferencias básicamente son cuestión de actitud, mentalidad, de cultura y de la forma en que se percibe el mundo.
Uno de los factores que marcan esas diferencias tuvo su origen hace poco más de 500 años cuando un grupo de clérigos católicos –encabezados por Martín Lutero- protestaron y le pusieron un “hasta aquí” al poder absoluto, déspota y decadente del papa y su corte en Roma. A ese movimiento se le conoce como la Reforma, que desconoció al papa y se separó de la Iglesia Católica.
Mientras los países latinos de Europa –principalmente España- permanecieron sometidos al dominio de Roma, en los países anglosajones y nórdicos, además de Suiza y parcialmente Francia, inició un cambio en múltiples aspectos que dio inicio a la modernidad.
Lo primero que hicieron los reformistas fue traducir la Biblia a sus respectivos idiomas ya que en ese entonces sólo existía en latín. Aprovechando la aparición de la imprenta se imprimió la Biblia en diferentes idiomas lo que facilitó alfabetizar a toda la población y así dar pie para que se establecieran escuelas públicas hace 450 años. Mientras en España y sus colonias la educación estaba en manos de la iglesia y no fue sino hasta 300 años después que ahí aparecieron las escuelas públicas.
Al haber una alfabetización acelerada el conocimiento floreció dando pie a la innovación científica que refutaba la visión medieval del mundo que en España y sus colonias todavía duró varios siglos. Esta revolución científica se tradujo rápidamente en innovaciones tecnológicas que años después desembocarían en la revolución industrial.
Mientras los científicos reformistas, tales como Bacon, Kepler, y Servet, entre otros más, hacían grandes aportaciones, los científicos de países católicos fueron perseguidos por la Iglesia católica por medio de la Inquisición. Basta recordar el ejemplo de Galileo quien fue perseguido ferozmente, obligándolo a retractarse, lo que ocasionó que poca gente se dedicara a la ciencia por temor a la Inquisición.
La iglesia católica se oponía a los préstamos monetarios con interés por lo que al separarse los reformistas iniciaron una cultura crediticia que facilitó, la riqueza, el desarrollo y desde luego el impulso al comercio. Al generar riqueza surgieron los primeros bancos en el siglo XVI. En España y en México los primeros bancos aparecieron 300 años después.
Además de estas innovaciones los países reformistas establecieron la separación de poderes entre el clero y la monarquía sometiéndose ambos al imperio de la ley. Mientras en España y sus colonias la ley estaba sometida al rey y a la Iglesia, la falta de respeto a la propiedad privada y la manía de mentir fueron toleradas y a lo mucho consideradas como pecados veniales, es decir, faltas menores. Esa situación en los países reformistas no se toleró mediante la aplicación de la ley reduciendo notablemente la impunidad.
Con esa cultura reformista y una visión diferente del mundo llegaron los primeros colonizadores a Estados Unidos -70 por ciento de ellos alfabetizados- lo que hizo posible que, reconociendo las libertades del individuo como fuente del poder de una nación, dos siglos después surgiera ahí la primera constitución democrática del mundo. Hasta la fecha esa constitución –con algunas enmiendas- sigue vigente desde hace 236 años, mientras que en México, en 200 años, se han promulgado tres constituciones, todas ellas con un sinfín de remiendos y parches.
Paralelamente, los conquistadores y colonizadores españoles -95 por ciento analfabetos- llegaron sometiendo con gran crueldad a los nativos para, luego de evangelizados, extraer oro y plata que la corona española despilfarró en guerras santas y construcción de iglesias. Mientras los reformistas británicos y holandeses, con el oro robado por sus piratas a los galeones españoles, lo utilizaron para construir universidades y apoyar a la ciencia, entre otras cosas.
En resumidas cuentas son muchos los factores que marcan las diferencias entre México y Estados Unidos, sin embargo la Reforma de Lutero influyó notablemente al fomentar la libertad individual y el conocimiento, al contrario de una iglesia retrógrada, dominante y ávida de riquezas empecinada en someter a la gente.
Por supuesto que Estados Unidos dista mucho de ser el paraíso y tampoco México es el infierno. En ambas partes hay cosas buenas y otras no tanto, pero la diferencia sigue siendo grande. Nadie escoge su pasado pero sí puede decidir su futuro, lo que no se vale es permanecer apáticos e indiferentes. Cambiar sí se puede.
Más sobre esta sección Más en Uncategorized