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Coahuila

Niños con cáncer y sus héroes al rescate

Por Cholyn Garza

Hace 3 años

El número de pacientes con cáncer se ha incrementado en todo el mundo.  En México, constituye la primera causa por enfermedad en niños entre 5 a 14 años y la segunda causa por muerte infantil.

Preocupante de verdad si tomamos en consideración que un buen número de pequeñitos en nuestro país -durante y después de la pandemia- se quedaron sin recibir su tratamiento y sus medicamentos por pésimas decisiones gubernamentales tomadas de manera arbitraria.

Sin embargo, a pesar de todas las dificultades que el ser humano deba enfrentar en un momento determinado y algunos desde muy temprana edad, siempre habrá una mano amiga, un corazón generoso que decida ayudar a sobrellevar una carga por pesada que sea como lo es una enfermedad.

Tal es el caso del doctor Sergio Gallegos, un joven médico especialista en oncología, adscrito al Hospital Civil de Guadalajara, quien recibe a sus pequeños pacientes de una manera muy peculiar.

El doctor Gallegos, al iniciar la consulta, cambia su bata blanca por el traje de un personaje de ficción que los niños conocen y disfrutan.  De tal manera que un día puede ser que vean al capitán américa, al hombre araña o el “héroe” que el médico elija para llamar a revisión al pequeño paciente que le toque el turno.  Hay que mencionar que el doctor ha logrado reunir treinta y dos trajes diferentes de los personajes de ficción; que debe significar una buena erogación o inversión económica.

Sin embargo, observar el semblante de los pequeñitos iluminarse al ver al personaje que los recibe vale mucho más; debe ser algo único. Ese cambio de actitud en ellos facilita el trato médico-paciente ya que los niños se relajan ante la presencia de su doctor, convertido momentáneamente en personaje de ficción; lo que dure la consulta.

Como si fuera poco, cuando dio de alta a un paciente que logró vencer la enfermedad, el médico le organizó una despedida donde el personaje que escogió para esa ocasión especial fue el santo, el enmascarado de plata: y ahí, frente a los padres de familia y de los pequeños que continuarán su tratamiento, le hizo entrega de un cinturón de campeón al paciente que logró, después de un largo período, derrotar a tan terrible mal.  

El propio doctor Gallegos es sobreviviente del cáncer, enfermedad que le fue diagnosticada cuando niño. Su historia de vida quizás haya influido en su decisión de estudiar la noble y abnegada profesión de medicina y elegir la especialidad de oncología seguramente pediátrica, la que realiza no solo con profesionalismo sino con verdadero espíritu de servicio y amor al prójimo. 

Estamos conscientes que el cáncer es un problema real, problema que aqueja a la humanidad; una enfermedad que nadie sabe en qué momento se va a presentar en las personas.  Lo que sí se podría asegurar es que le cambia la vida al paciente y a su familia.  Conocer tantos casos es preocupante y duele porque está afectando de una manera cruel a la población infantil. Sin embargo, cuando una mano se extiende con amor y desinterés en la lucha por rescatarlos una luz se enciende; es la luz de la esperanza que ilumina a la humanidad. 

Nos damos cuenta de que, los seres humanos no estamos solos. Dios está siempre ahí donde hay bondad, generosidad que se comparte, iniciativa que se pone en práctica y se promueve solidaridad y empatía. 

Son infinidad de casos que existen que merecen ser mencionados; como por ejemplo el siguiente que les compartiré brevemente, ya que al conocerlo me causó  mucha ternura por la sencillez con que actuaron pequeños estudiantes de un centro escolar.

Resulta que uno de los alumnos de una escuela primaria al ser diagnosticado con cáncer tuvo que dejar las aulas temporalmente para ser internado y empezar a recibir su tratamiento. Al notar su ausencia en el salón sus amiguitos empezaron a preguntar por él.  La maestra trató de explicar la situación, sin profundizar en el problema.

Los días pasaban y los pequeños no olvidaban a su amiguito; diariamente antes de iniciar las clases, oraban por la salud del pequeño a quien empezaban a extrañar cada vez más. Uno de esos días, después de orar, uno de los alumnos mostró al resto de la clase una cartita que le había hecho a su amigo; eran palabras sencillas pero muy significativas.

Entusiasmados ante la idea y con el apoyo de la maestra, cada uno empezó a escribir sus buenos deseos.  Al finalizar la tarea y reunir el material había un montoncito de hojas de colores con bellos mensajes y dibujos para su compañero, las que fueron depositadas en una linda caja que le enviarían a su amiguito.

Cada semana se repetía la misma escena y los buenos deseos de los pequeños eran enviados a su compañerito a través de su mamá, quien les decía a los niños que su hijo los extrañaba y que quería regresar pronto a la escuela, para jugar con ellos.

Un buen día, la maestra de los niños les dio una magnífica noticia: su compañero de clases había sido dado de alta y regresaría a la escuela muy pronto. Sin embargo, había un pequeño problema; su amiguito había perdido cabello debido al tratamiento recibido y sentía pena y temor de que no lo aceptaran así.

El día esperado llegó y el pequeño estudiante se presentó en su salón donde era esperado por sus amigos y ¡Oh, sorpresa! al entrar vio a todos aplaudiendo, sonrientes ¡con sus cabecitas rapadas! en señal de solidaridad.  En su algarabía y felicidad al ver de nuevo a su compañero de clases, los pequeños estudiantes ni siquiera se fijaron en su delgadez, consecuencia de un tiempo transcurrido soportando la enfermedad.

¡Qué gran ejemplo! nos dan algunas personas cuando brindan su apoyo sincero a quien lo necesita. Y los niños realmente son auténticos en sus sentimientos.

Dicen que el amor hace milagros. Estoy segura de ello; como también estoy convencida del gran poder de la oración; esa plegaria que todos necesitamos, siempre.

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