México, en términos reales, siempre ha estado mal en matemáticas.
Muchos maestros usaban las matemáticas para imponerse a los estudiantes y muy pocos transmitían lo valioso del tema.
El propósito de la matemática es pensar en forma ordenada más que resolver problemas en los exámenes.
Las macros y algoritmos usados en la computadora, son un ejemplo de lo útil que puede ser pensar en forma ordenada.
Las dos disciplinas donde notamos más esa deficiencia son la economía y la meteorología.
Un economista valioso existe, no para declamar las doctrinas, sino para elaborar análisis que sirvan a quienes toman decisiones, pero desgraciadamente, en México son tremendamente escasos.
Entre los sexenios de López Portillo y Zedillo, vimos un desfile de economistas, muchos con postgrados en el exterior, que no le atinaban ni al suelo. Los modelos matemáticos que mencionaban, eran elaborados por la banca mundial o alguna agencia extranjera.
Los economistas solo servían para repartir presupuestos, labor más indicada para contadores.
Y el problema siempre fue un dominio pobre de la matemática.
La otra disciplina, la meteorología, tiene esa limitante porque el clima es un proceso termodinámico multifactorial, que es afectado por la radiación solar, la inclinación armónica del eje terráqueo, la temperatura de las corrientes marítimas, los vientos y hasta la ionosfera.
Los modelos de predicción meteorológica que se usan en México, son modelos extranjeros. Hubo numerosos becados al extranjero, que tuvieron que cambiar el tema de su postgrado porque no pudieron con el nivel de matemática del original.
Por eso, es importante que se impartan sólidos y abundantes conocimientos matemáticos, para evitar depender en todo, del exterior.
Más sobre esta sección Más en Opinión