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Comeos los unos a los otros

Por Juan Latapí

Hace 3 años

Existe en alemán una palabra que significa “alegría por el mal ajeno”, esa palabra, “schadenfreude”, no existe en español y es una lástima porque expresa una costumbre muy arraigada y querida entre nosotros: el placer por comer prójimo.

Ese placer está presente desde el hogar hasta los más altos círculos del poder, pasando por todos los niveles, pero sobre todo en las redes sociales donde todo mundo es juez despiadado que condena con el hígado en la mano mediante la descalificación y el insulto, inventando culpables, sin importar la verdad y buscando protagonismo, es el canibalismo social.

A diario lo vemos, AMLO mete la pata y sus rivales se le van a la yugular; Xóchitl la riega y sus contrincantes se la comen viva, y así, unos comiéndose a otros y los otros comiéndose a los unos, como si fuera un concurso en el que entre más prójimos se coman se es mejor.

Comer prójimo aniquilándolo sin conocimiento de causa es una práctica muy arraigada en este país, es una tradición muy añeja, donde el linchamiento social predomina sobre la razón, encima de la verdad y la justicia. Cuando el otro tropieza es despedazado, exhibido y acusado de lo primero que se le ocurra al victimario mediante descalificaciones, mentiras y principalmente odio.

Producto de este linchamiento también son los veredictos populares que acusan como culpables a cualquiera aunque no se les compruebe falta alguna y donde la razón brilla por su ausencia. Si a estas actitudes depredadoras se le añaden el gusto y afición por el rumor y por el chisme, dan por resultado la telaraña perfecta para atrapar y desmembrar a quien sea con canibalismo puro.

La ignorancia que predomina por todos lados, auspiciada por las redes sociales y la TV, principalmente, facilita descalificar todo aquello que no se entiende y se desconoce. La ley del mínimo esfuerzo, aderezada con la seudo información que inunda las redes, impiden el razonamiento y la capacidad para cuestionar los hechos que conforman la realidad que agobia al país.

Por ello la capacidad de crítica lamentablemente se limita al mundo de los rumores, sin criterio propio, para engendrar voraces caníbales sociales, algunas veces como comensales y otras tantas como parte del menú, como objetos desechables en la gran cadena alimenticia de la vida nacional.

Este canibalismo avanza sin freno alguno. Lo podemos constatar entre los partidos políticos -unos más, otros menos- donde todos se dan con todo, donde la principal preocupación es conseguir y conservar el poder con los beneficios que ello implica y para conseguirlo el canibalismo funciona de maravilla.

Canibalismo que también está presente entre los trabajadores de AHMSA en que unos grupos a otros se descalifican y agreden sin percatarse que restando en vez de sumar, dividiendo en lugar de multiplicar, solo benefician los intereses económicos de los dueños en perjuicio de los trabajadores, sus familias y la región.

El canibalismo también se puede ver entre los comerciantes de Monclova y la región. Por ejemplo, si a uno se le quema su negocio, la competencia –además de hacer escarnio- se congratula de que ahora tendrán un competidor menos; la alegría por el mal ajeno. Por el contrario, los regios y saltilleros a pesar de su soberbia característica, ante la tragedia de un competidor, se solidarizan ofreciéndole apoyo mientras se recupera; una vez alivianado continuará la competencia, tal vez dura, pero meramente comercial. Esta actitud solidaria de grupo explica en parte su nivel socioeconómico superior al de Monclova.

En el trabajo es práctica común ver cuando algún compañero obtiene un ascenso, la envidia y los rumores surgen para empañar el mérito, acusándole de lambiscón, torpe e inmerecido para ocupar el nuevo cargo. Peor tantito si se trata de una mujer, porque la envidia se transforma en burdas ofensas y calumnias tachándola de las peores prácticas.

El canibalismo mediante las mentiras y los rumores es producto de la envidia que busca hacer daño y causar un mal a una persona para así alimentar el placer por el daño al prójimo. Mientras prevalezca la ignorancia, comiendo prójimo y sin preocuparse por recuperar la capacidad de cuestionar y aportar,

se estará condenado a tropezar con la misma piedra una y otra vez para seguir repitiendo la historia.

A final de cuentas el canibalismo es producto de una educación deficiente que impide abrir la mente a diferentes razonamientos e ideas, por ello llama la atención que a estas alturas existan personas y agrupaciones con posturas retrógradas que buscan a toda costa evitar que las nuevas generaciones se eduquen abriendo la mente hacia nuevos horizontes, que pretenden preservar prácticas que han demostrado ser ineficaces y causantes de la situación actual. Esas personas son quienes se benefician al fomentar el deporte nacional del canibalismo bajo el lema “comeos los unos a los otros”.

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