Federico Sáenz Negrete atribuye el desarrollo de Saltillo y el rezago de Torreón al comportamiento de sus respectivas élites. «Los saltillenses son muy duchos en el quehacer político. Tuvimos un Gobernador lagunero, sí, pero vivía y cobraba en Saltillo. Miguel Riquelme hizo un Gobierno decente, con las fallas típicas de cualquier gobernante, pues nadie se va limpio. Le agradecemos a él y Rubén Moreira por devolver la seguridad al estado. El Gobierno de Manolo (Jiménez) va ser igual de ordenado. No va a irnos mal con él, espero; sin embargo, es un saltillense de cepa, con la estructura mental de un saltillense para quien más allá de Saltillo nada existe. Nada nuevo».
El sentimiento de que la capital ha crecido a costa de Torreón no es de balde. En una de sus desmesuras, Humberto Moreira llegó a equiparar a Saltillo con Nueva York después de su Gobierno. Sin embargo, no se le recuerda por la obra realizada, sino por haber hipotecado al estado. Con datos de una fuente de primera mano, Sánez explica el origen de la «mega-megadeuda» del Gobierno con los laguneros. «La Comarca Lagunera representó durante 50 años el 75% de los recursos fiscales del estado. Incluso “en un sistema ratero” deberían habernos regresado el 35% (lo correcto era el 60%), pero solo recibimos el 12%. La diferencia son 350 mil millones de pesos, cinco veces más que la megadeuda».
Candidato a diputado federal por Movimiento Ciudadano en 2015, Sáenz reprocha a sus paisanos. «¿Qué hacemos tan apaciguados?». El tema del estado 33, reconoce, es demasiado complejo. Además, «la guerra por el Estado de La Laguna la peleamos puro capitán segundo. Los grandes generales son omisos, están encantados con el poder en Saltillo y no atienden a su tierra. Se los reclamo en su cara cada vez que los veo, pues son amigos míos». Para desarrollar todo su potencial, la comarca debe administrarse como estado, insiste.
En una carta dirigida a Rubén Moreira poco antes de terminar su periodo, Sáenz puntualiza: «Todo el mundo acepta que Coahuila y Durango resultarían afectados si La Laguna se escindiera, pero también es verdad que los beneficios para la República Mexicana serían mayores. Entonces, le pregunto, si continúa vigente el apotegma de Vicente Guerrero según el cual “la patria es primero” ¿O ya no?». Para reforzar su argumento, el activista cita el caso del País Vasco. «Ellos no cobran impuestos federales como en México, todos son locales. Tienen la facultad del Estado español para diseñar y cobrar impuestos, y los aplican con honestidad e ingenio. Tienen el 4% de la población y le entregan al Estado el 6% de su presupuesto. El acuerdo ha sido muy bueno para ambas partes. Aquí debería explorarse algo parecido. La autonomía es indispensable para una zona progresista y de trabajo como es La Laguna, ya no hablo de soberanía».
Los gobernadores utilizan todos los recursos a su alcance para disuadir iniciativas como la del Estado de La Laguna. Ninguno desea ceder poder ni presupuesto. Regiones del país como la Huasteca y Tierra Caliente también desean separarse de sus respectivas capitales. Para lograrlo, necesitan el voto de las dos terceras partes de las cámaras de Diputados y de Senadores y de la mayoría de las legislaturas locales, de acuerdo con el artículo 73 de la Constitución. Mientras el PRI y el PAN ocuparon la Presidencia de la República y controlaron juntos el Congreso, fue un tema tabú, mas no así para el presidente López Obrador. Si Claudia Sheinbaum le sucede, La Laguna podría convertirse en el estado 33.
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