El periodista, el ser humano
Nos llegó de La Laguna de Durango un espigado y vivaz joven de carácter despierto y alegre. Él inicia su carrera periodística en la ciudad de Torreón. Durante su labor de comunicador se enfrentó a muchos problemas, su juventud, su propio ímpetu no le permitía medir el terreno peligroso, pero logró salir airoso. Fue uno de los artífices que siguieron paso por paso la caída de un gobernante acusado de enriquecimiento inexplicable.
Pero esa es otra historia, hoy quiero ocuparme del ser humano, del Eduardo Sarabia Meza, que se convirtió en saltillenses por voluntad propia y sus amigos lo adoptamos como tal.
Cuenta que apenas llegó a la ciudad y pensó salir corriendo de inmediato. “Hoy aquí quiero morir en la tierra de mi esposa, en la tierra de mis hijos”.
Nació en un pueblo minero denominado Velardeña, Durango, de donde también es el cantante regional Lorenzo de Monteclaro.
Fue su madre doña María de Jesús quien lo alentó para seguir la carrera de reportero en la ciudad de Torreón, a donde se trasladó siendo un jovencito de unos 17 años, a pesar del miedo que la madre sentía por que le fuera a pasar algo al novel periodista. Su padre trabajó arduamente para sacar adelante a los siete hermanos Sarabia Meza. Él sabía que la pobreza duele más que cualquier cosa y por eso nunca dejó de trabajar, hasta que pudo.
Sarabia Meza llegó a Saltillo en plena primavera, cuando todavía el calentamiento global no aparecía con nosotros. Los meses de abril y mayo con sus lluvias puntuales y abundantes que impresionaron aquel que sería después brillante periodista. Se enamoró rápido de la ciudad y de su gente. Veía pasar por todos rumbos estudiantes de otros estados, bellas muchachas, “hermosas como nunca, así es que decidí quedarme en Saltillo para siempre”.
Sarabia Meza siempre se muestra agradecido de mucha gente que lo cobijó con su amistad. Aquí recibió muchos premios, una mujer que le dio tres hijos saltillense que son su adoración, unos suegros que se convirtieron en sus segundos padres, “cosa que no muchos pueden presumir”.
“Dios me regaló la oportunidad ser testigo de la historia moderna de este pueblo que se levanta cada día con el esfuerzo de todos los que habitamos el valle”.
Sarabia es muy firme en su hablar, afirma que aquí le dieron la oportunidad de servir, honestamente no sabe si cumplió o falló, pero agradece a quienes le dieron esa coyuntura y le brindaron su amistad, su estimación, su cariño, su apoyo o su confianza, que son correspondidos de todo corazón.
Sarabia ya está jubilado de las lides informativas a las cuales sirvió ampliamente, tanto en periódicos como en televisoras y se dedica a recorrer el mundo. Al momento de escribir esta nota, Eduardo y su esposa se encuentran de paseo en Europa.
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