¿Qué está sucediendo en la mente de los niños y jóvenes? ¿Por qué tanta agresión en centros escolares? ¿falta de atención en casa?
La agresividad se va extendiendo por todas partes y la noticia se propaga con una rapidez extraordinaria. Y cómo no, si las redes sociales dan cuenta de ello al instante.
No acabamos de conocer una noticia donde un alumno agredió a su maestra en su salón de clases, cuando ya tenemos otra nota igual en un país diferente.
La rebeldía de los jóvenes no es distintiva de cierto nivel cultural o económico; puede darse en cualquier nivel social.
Recuerdo hace ya algunos años, una persona conocida mía, me platicó lo sucedido en un negocio de su familia fue asaltado y la rápida intervención de la Policía logró detener a los ladrones con el botín. Se trataba de unos jóvenes de prestigiada colonia de Monterrey. Cuando llegaron los “papis” de los delincuentes la pregunta fue ¿cuál es el problema? ¿de cuánto es la multa?
¿Multa? Habían cometido un delito, un robo y los atraparon. ¡Pobres padres! Dignos de lástima. Tenían prisa por arreglar el asunto porque quizás tenían cosas más importantes que atender; más importantes que sus propios hijos.
¿Dónde empieza el problema? En el hogar ¡por supuesto!
La delincuencia fue creciendo por leyes permisivas, que fueron protegiendo a los menores. “Son unos niños” decían. Niños, sí, pero en no pocos casos, enviados por adultos a robar a las casas. Así iniciaron su carrera delictiva quienes pronto se convirtieron en el azote de su colonia o ciudad.
Al no poner un “alto” a tiempo, el problema creció y ¡de qué manera! para convertirse en una agresión frontal a la sociedad que se vio rebasada, atemorizada ante el peligro y el riesgo que implicaba quejarse.
Así, desde temprana edad se ha observado la incursión de niños, jovencitos en las bandas criminales, sin que haya habido autoridad alguna que pusiera un freno a la ola de delitos cometidos y que han perturbado la tranquilidad y la seguridad de los ciudadanos.
Aunque hay que decirlo, no es tarea sólo de las autoridades, lo es principalmente de los padres y también de la sociedad en general.
Desafortunadamente hay padres que parecen haber olvidado la responsabilidad que tienen al traer un hijo al mundo.
Se conocen casos de menores de edad, expertos ya en el manejo de armas cuando apenas hicieron a un lado los juguetes. ¿Los padres? Parecería que nunca se dieron cuenta de la conducta de sus hijos.
No se trata del factor económico solamente, sino de un elemento más valioso aún, el cual se ha descuidado peligrosamente: El aspecto moral.
Una sociedad se rige por instituciones que deben ser respetadas y por leyes que deben ser aplicadas. Quien debe poner el ejemplo es quien gobierna.
Al ver a menores de edad “trabajando” en la informalidad para ayudar a sus padres, nos debe preocupar y ocupar. Esos niños están en riesgo, pero aún son rescatables. Es una buena señal de que no todo está perdido y debe aprovecharse ese potencial humano proporcionándoles estudios y ayudarles a salir adelante.
El ser humano, y más viviendo en cierto medio social, está expuesto a tentaciones. Quizás se considere que no tienen muchas oportunidades de salir y triunfar. Sin embargo, es cuando más se deben crear las condiciones para rescatar a la niñez de posibles riesgos. Vale la pena intentarlo.
No todo está perdido, así lo siento. En lugar de que los políticos estén pensando en continuar en el poder a costa de lo que sea; destruyendo las instituciones que han funcionado y de paso difamando al adversario, deberían preocuparse seriamente en los pequeñitos y jóvenes para evitar que el peligro los alcance.
Les aseguro, que un niño que logre triunfar en sus estudios para ser alguien en la vida, será un mexicano que en un futuro recuerde lo que hicieron por él y hará posible que otra personita sea rescatada de la miseria o la violencia.
Bien valdría la pena empezar a trabajar en un gran proyecto: el de la familia y desde el hogar empezar a formar seres con buenos principios, con sensibilidad, con valores, comprometidos con ellos mismos, con su país, con sus semejantes, sin olvidar a Dios. Urge una sociedad sin violencia.
Enseñarles que en la vida nada es fácil, pero no por eso se debe tomar la decisión que se considere más cómoda y sencilla. Hacerles ver que todos tenemos que luchar para alcanzar nuestros sueños. Hay que motivarlos, diciéndoles que cuando logren avanzar, continúen, no desmayen; y si tienen tropiezos, no se preocupen; que lo intenten de nuevo. Y si caen, pues ¡a levantarse!
¡Ya basta de violencia! México merece mucho más que discursos ofensivos; más que políticos mentirosos y traidores. Merece que se trabaje por sus niños y jóvenes.
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