“Quien se levanta es aún más grande que quien no ha caído.”
El pasado jueves 5 de octubre acudí al auditorio de la escuela de Trabajo Social de mi alma mater; la Universidad Autónoma de Coahuila. Me acerqué otra vez de manera directa a esa cumbre de memoria donde las jóvenes ahí reunidas me invitaron a ser parte de su alegría.
Instaladas en ella escuchamos la historia de vida de Kenya Cuevas, quien desde los nueve años, al intentar huir de la violencia machista inició un recorrido de casi 40 años de violencia patriarcal, explotación, consumo de drogas, cárcel y transfeminicidios. Una lucha por sobrevivir a través de arduos procesos.
Su vinculación con el trabajo sexual sigue la linea sostenida por Axel Honneth en el sentido que las personas trans son expulsadas tempranamente de su hogar y del sistema educativo casi de manera exclusiva por su identidad.
Sin embargo, también encuentro el carácter económico que explica la división sexual del trabajo a partir de la bidimensión distributiva que restringe a las personas trans.
Hoy, el acto de rebelarse como transgénero es el mejor ejemplo de la transversalidad, ya qué no es una elección sino la lucha de la identidad propia en contra de la impuesta por la cultura patriarcal y en ese mismo momento se da el nacimiento de la conciencia porque se permite analizar de manera crítica los otros principios impuestos por la sociedad como es el capitalismo.
Si algo tan esencial como el género equivocado se impone, ¿no será que toda la sociedad está basada en una cosmovisión impuesta y opresora?
Kenya relata el encuentro de identidad como uno de los momentos más felices de su vida al verse en un espejo desgarradoramente igual a otros que se repiten como eco en esas niñas violentadas por relaciones sociales de producción que nos exigen una reestructuración de la división del trabajo y no sólo la restitución de un reconocimiento de identidad.
La injusticia de la división en el trabajo que discrimina por género permite comprender la bidimensión económica que afecta a las personas trans por la cual se las relega al trabajo precario que les impide el acceso a otros espacios laborales.
La otra expresión de la transversalidad se da también en la lucha por la asistencia sanitaria universal, ya que, como la mayoría de la gente, las personas trans sufren la falta de atención básica de salud, fundamental para combatir los procesos depresivos que se dan por no tener la posibilidad de acceder a los medicamentos necesarios para llevar a cabo la transición de género.
Más allá de la expresión individual qué pretende explicarse desde el descontento inspirador, el relato de la vida de Kenya y las decisiones que tomo nos pone frente a la lucha social del acrónimo del colectivo más discriminado que a través de la militancia en La Casa de Muñecas se ha convertido en voz de denuncia y mecanismo de organización que propone una democratización sexual a la que Kenya ha dado su testimonio de dolor pero también su enorme alegría que más que sobrevivir nos hará a todas, todos y todes vengarnos siendo felices.
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