Coahuila
Hace 3 años
Estamos ubicados en el año de 1950 del siglo pasado, las noticias fluyen en aquellos románticos periodiquitos de apenas cinco páginas, El Heraldo de Saltillo y El Diario de Coahuila, que lo mismo publicaban una nota deportiva, policiaca o cultural en la primera plana relacionada con el movimiento de la pequeña y pacífica ciudad.
Estos son algunos trozos de aquella información en una panorámica informativa que guarda recuerdos gratos o ingratos para muchos de mi generación que fuimos parte de ambos matutinos.
Un grupo de maestros tuvo la bendita idea de crear una escuela preparatoria nocturna para trabajadores que no existía en Saltillo, de mediados del siglo pasado, y donde muchos de nosotros abrevamos buenos conocimientos. La idea inicial fue la gran maestra Julia Martínez, secundada por otros ilustres mentores, como el célebre doctor, músico y catedrático Mariano Narváez, nombre que lleva actualmente la institución.
El Banco de Coahuila construyó un nuevo edificio en la confluencia de las calles Ocampo y Allende.
El alcalde Evelio González recibió el reconocimiento del presidente Miguel Alemán y de la comunidad saltillense, por el buen número de escuelas rurales en el municipio.
Otro alcalde, Carlos Valdés, se llevó la repulsa de los saltillenses, pues mandó destruir los históricos portales de la Plaza de Armas, otro símbolo de la ciudad, escenario de batallas revolucionarias, ahí donde el general Francisco Coss, con lazo en mano, a bordo de su caballo, capturó un cañón de las fuerzas federales del dictador presidente Porfirio Díaz Mori para cubrirse de gloria, arma que había causado algunas bajas de los partidarios de Francisco I. Madero.
Casi 30 años después, los portales fueron reconstruidos por el gran gobernante que fue Óscar Flores Tapia, que tuvo un dramático mandato por su carácter, pero no obsta para reconocer su vasta obra. Que no contrajo deuda, al contrario, dejó 100 millones de pesos a su sucesor.
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