“Cuando llegues al Mictlán, háblales de mí; diles que siempre te amé y que fuimos amigos inseparables; diles que para mí no sólo eras un perro, sino también mi eterno compañero”. 1.Abrego
El pasado 27 de octubre iniciaron los festejos del Día de Muertos que concluirán el próximo 2 de noviembre, se festejan porque en México la muerte no representa una ausencia sino una presencia viva y cada uno de esos días tiene que ver con un difunto nuestro que regresa a visitarnos.
El 28 quienes han muerto en un accidente, el 29 quienes se ahogaron, el 30 quienes no tienen familia, el 31 los nonatos, el 1 los niños y niñas; y el día 2 a los adultos. Aparté el 27 porque es cuando regresan los seres sintientes que nos acompañaron.
Este año de pérdidas, se fue Stark. Por la diferente longevidad de las especies supe desde que llegó que partiría antes que yo, él con su alegría anunciaba su funeral donde junto a sus cenizas bailarían los pétalos de las orquídeas de mi recuerdo.
Cuando se apagó de un golpe de estrellas y lo cubrieron dibujando su nombre entre memoria y lágrimas me faltaron palabras y caricias para estirarle las orejas y la trompa.
Este año se cumplen 20 desde que los festejos del Día de Muertos de México fueron declarados patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco.
En la cosmovisión prehispánica que ahora recuperamos, el 27 de octubre honramos a los animales fallecidos que eran parte de nuestra familia que continúa en el Mictlán a donde iremos todos.
Un día me tocará a mí volver por encima del tiempo y sé bien que Stark irá guiando mi alma durante el viaje al mundo de los vivos, ambos cruzando el puente en un sendero de pétalos de flor de cempasúchil mientras lo escucho y veo convertido en alebrije caminar frente a mí, como eterno guardián espiritual alzar sus patitas y menear con la cola todas las alegrías y amor del Universo.
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