Carbonífera

Publicado el lunes, 30 de octubre del 2023 a las 04:00
Nueva Rosita, Coah.-
“ No sabes el valor que tiene tu vida hasta que la ves colgando de un hilo, por un momento pensé que iba a morir y no podría ni siquiera despedirme de mi familia”, relata Citlali Elizabeth Renovato Martínez, alumna de la Escuela Superior de Ingeniería que vivió en carne propia el huracán “Otis” en la ciudad de Acapulco, Guerrero.
Visiblemente traumada por lo sucedido, la estudiante de séptimo semestre en la Ingeniería de Recursos Minerales y Energéticos, abrió las puertas de su hogar a Zócalo y comentó a detalle su primera experiencia lejos de casa.
Citlali conocería el mar por primera vez, su mamá y hermanos hicieron todo lo posible para que llevara dinero y costeará sus gastos; como toda jovencita de 20 años, iba con la ilusión de disfrutar de la playa, el sol y nuevas amistades.
Arribó junto a 12 compañeros de escuela y tres maestros el domingo 22 de octubre al paradisíaco lugar; el lunes inició el Congreso Nacional en el que participarían y tendrían la oportunidad de conocer diferentes empresas que pudieran ofertar vacantes y el martes se tuvo una entrega de premios y reconocimientos entre los participantes.
“ Desde que llegamos nos dijeron que había pronóstico de una tormenta, pero jamás de un huracán de dicha magnitud, el martes cuando terminó el evento íbamos a ir a cenar, nuestro hotel estaba a dos horas de donde se desarrolló todo el programa y como a las 9 de la noche empezó a sentirse el aire muy fuerte y la lluvia, nos pidieron que nos resguardáramos de inmediato en nuestros cuartos”, señala.
La desesperación de la gente se acentuó a partir de las 11 de la noche, los vidrios de las ventanas y puertas se quebraron totalmente y los techos se venían abajo en segundos, mientras las grandes olas rompían fuerte sobre la orilla de la alberca del hotel.
De un paraíso a película de terror, yo pensé que iba a morir…
“ Cuando llegamos todos estábamos emocionados, yo más porque era la primera vez que conocería el mar, Acapulco es muy bonito, pero la fuerza de la naturaleza arrasó con todo y al amanecer parecía una película de terror, la gente corría con heridas graves por todas partes, desesperada buscando comida, con los vidrios incrustados en la cara pedían auxilio, los niños descalzos llorando buscando a sus padres, lo que se ve en la tele y redes sociales no es ni el 10 por ciento de lo que realmente pasó”, asegura mientras las lágrimas caían por su rostro.
Desconociendo totalmente qué hacer ante un fenómeno de esta índole porque en Coahuila jamas se registran, repite una vez más que sentía como su vida dependía de un hilo,
“ sonó la alarma y acá en el norte no tenemos noción de eso, nos asustamos mucho, entramos en pánico y entre la gente de las demás universidades y los empleados del hotel trataban de resguardarnos, nos bajaron hasta el sótano, pero duramos muy poquito allí, empezó a subir la marea y el agua ingresó, lo que representaba un total peligro por lo que volvimos a los cuartos”.
“ Es una experiencia muy fea, viendo a todas esas personas desde niños sin saber qué hacer, mientras que los que tomaban las riendas se esforzaban, yo sólo pensaba ya no voy a salir de esto porque en segundos todo lo bonito que vimos se desmoronó”, dijo.
Tuvieron que saquear…
Con cierto remordimiento de conciencia, y no al tener otra opción, fueron parte del saqueo para obtener algunos alimentos y agua embotellada en lo que llegaban a su destino, consientes que de aunque quisieran ser solidarios tenían que pelear por su vida.
“ Traía mi dinero como los demás, estábamos en un hotel y jamás pensamos que teníamos que tener un plan de supervivencia, fuimos a una tienda y no había nadie cobrando, la gente sólo agarraba todo lo que podía para comer, sobre todo gente de Acapulco que sabía que esta catástrofe iba a durar varios días o meses, todavía siento la culpa de que no quería hacerlo, pero no tenía opción si quería sobrevivir porque no sabía cuantos días estaríamos varados”, señala
Canalizados a terapia..
Considerado como evento traumático, tanto para alumnos como padres de familia, la escuela asignó de inmediato la terapia para ambas partes.
“ No sabes el valor que tiene tu vida hasta que te pasa algo así, no sabes lo mucho que le importas a las personas y quien realmente te quiere hasta que no te ves tan afectada, aprendí a no quejarme porque no sabes en qué momento la vida y parte del mundo todo va cambiar, tengo 20 años y esta experiencia cambió totalmente mi forma de pensar y ver las cosas, estoy muy agradecida con Dios, con la vida y con mi mamá de estar otra vez en mi casa, tuve la dicha porque a todo lo que yo vi se qué hay muchas personas que ya no tendrán esa oportunidad”, finalizó Citlali.

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